Umeko abre la puerta y entramos en la habitación de hotel en la que nos alojaremos los próximos veinte días. No puedo evitar dejar salir un grito de emoción y sorpresa al contemplar la enorme estancia que tengo enfrente. Más que una habitación, asemeja una amplía cabaña de madera. Observo unos techos con altas vigas y cortinas transparentes que permiten ver el mar de arena blanca y tonos turquesas que se vislumbra a pocos metros. Es realmente precioso. Un silbido de admiración sale de los labios de mi hermano a la vez que lanza la maleta al suelo y, al igual que un niño pequeño, sale corriendo para ver el resto de la estancia.
—¡Ahora sé que ha valido la pena cada céntimo de lo que he pagado! —exclama feliz, yo río ante su comentario y le sigo con rapidez—. ¡Viejumi! —me llama—. ¡Ven a ver esto! —exige sin darme tiempo a llegar a su posición.
—¡Oh dios mío! —grito con la boca abierta al contemplar el enorme jacuzzi situado en la terraza de la habitación.
—¡Es más grande que mi baño! —grita mi hermano riendo— ¡Y mira! —dice señalando unas escaleras que bajan desde la terraza—. ¡Llevan directas a la playa!
Ambos bajamos apresurados las escaleras empujándonos y riéndonos como cuando éramos niños para ver quién de los dos es capaz de llegar primero a la playa. Umeko es más rápido, pero yo siempre he sido más ágil y salgo del camino para avanzar en línea recta entre el frondoso follaje y las grandes raíces que nacen del suelo volcánico. El camino de Umeko tiene varios giros y avanzar en línea recta me dará ventaja.
—¡Voy a llegar primera! —me burlo.
Corro con rapidez dando saltos a raíces, ramas caídas y rocas. Mi hombro herido se está recuperando de manera asombrosa y me siento en forma además de muy feliz al poder desconectar de la situación en Tokyo y pasar unos cuantos días con mi hermano.
Las últimas semanas han resultado bastante agobiantes y difíciles. Tras la ruptura con Takura, tuve que permanecer una semana más en el hospital. Los primeros días los pasé durmiendo y recuperándome, pero una vez me sentí mejor, mi estancia se volvió tan aburrida y soporífera que no sabía qué hacer para matar el tiempo. Por suerte, Ren cumplió su promesa y me llamó todos los días, excepto un par de ellos en los que quién realizó la llamada fue Randy ya que él estaba fuera de la ciudad. Takura también intentó contactar conmigo en varias ocasiones, pero tras ignorarle, no volvió a insistir.
Sigo corriendo y miro con interés en dirección a mi hermano, Umeko ha perdido un poco de terreno, pero sigue pisándome los talones. Acelero levemente mi marcha mientras recuerdo la última semana que pasé en Tokyo: Los preparativos del viaje me tuvieron un poco distraída, pero las constantes redadas y los ataques de Takura contra Kendo, me tenían inquieta y preocupada. El tema de mantener nuestro destino en secreto también suponía un problema, pues mis padres no sabían que yo estaba en peligro y no entendían la razón de tanto misterio. Finalmente, tras numerosas conversaciones con ellos, accedieron a no hacer más preguntas. Ren también insistió en no conocer nuestro destino, diciendo que, si necesitaba encontrarme, sabría cómo hacerlo. También le tranquilizó y aplaudió la decisión de no viajar sola y hacerlo con Umeko.
Mi rápida carrera por el espeso bosque se ve interrumpida cuando me topo con un árbol centenario con un tronco tan amplio que me es imposible rodear manteniendo la velocidad que llevo. Un grito de triunfo se oye cuando Umeko pasa por mi lado y le veo llegar a la playa de arena blanca que, aún sin palabras, hemos señalado como la meta. Mi hermano salta y grita emocionado como si hubiera ganado una medalla olímpica y yo niego riendo mientras avanzo hasta situarme a su lado. Poso mi mano en su hombro y sonrío.
—El que llegaba primero pagaba la comida, ¿no? —cuestiono para hacerlo enfadar, Umeko me mira con seriedad, y me enseña el dedo anular mientras prorrumpe en una sonora carcajada y yo lo hago con él.
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El pecado de amar a tu enemigo
RomanceUna detective integra e incorruptible. Un alto mando criminal decidido a conseguir la hegemonía de la ciudad. Un trato capaz de unirles. Una atracción desmedida. Un amor prohibido. ¿Será ella capaz de cambiar sus convicciones? ¿Puede alguien condena...