Han pasado tres días y no he vuelto a ver al monarca, pero me he enterado de que sigue frecuentando las mazmorras. Mi confinamiento sigue, al menos mis doncellas vienen y permanecen conmigo, esto ha permitido que conozca más de sus vidas, pues las he atosigado con mis preguntas, aunque ellas igual han preguntado el motivo de mi herida y he tenido que explicarles en resumen que ha sido un accidente.
Faris parece más dispuesta a conversar conmigo para hablarme de ella. Es la hija de un baronet proveniente de Warlo, la provincia gobernada por el conde Gerón, mientras Lilia proviene de una familia de sastres recién llegada a este lugar, la Ciudad de Zoria, que lleva el mismo nombre que todo el reino. Ambas fueron seleccionadas por el consejero real, de entre un grupo de más de veinte mujeres de diferentes rangos, cuando los mensajeros del rey informaron que iba a casarse.
La noticia causó revuelo en la corte y en toda Zoria, pues después de cuantiosos enfrentamientos que habían desestabilizado al reino, por fin había una festividad.
He tratado de indagar sobre la vida del rey. Sé que antes de él, gobernaba Gadriel, un hombre ya mayor sin hijos, que tenía como general de su ejército a Kirian. Según ha explicado Faris, una mañana el entonces soberano apareció muerto con un cuchillo clavado en el corazón, lo que inició una serie de revueltas al interior del castillo y por todo el reino.
Faris tartamudea, cuando le cuestiono si cree que fue Kirian quien asesinó a Gadriel, excusándose en que "tales palabras podrían considerarse una conspiración contra el rey". Y cuando trato de averiguar sobre cómo Kirian llego a Zoria, ninguna me dice mucho, argumentan que Kirian era un guerrero al servicio del soberano, pero cuando ellas oyeron hablar de él, ya portaba la máscara. Supongo que tendré que buscar otra manera si quiero descubrir su origen.
Recién me han traído la comida cuando escucho que la puerta se abre, es el rey que ordena antes de cerrar, que nadie nos moleste.
―Sabe a lo que vengo.
―Pero es de día.
―¿Cree que solo de noche puedo llegarme a mi mujer? ―exclama en tono de burla―. Lo hare cuando yo quiera.
―Debería esperar hasta que cicatrice su herida...
―No quiero excusas.
Con rapidez corro a mi cama, y sin pensarlo más, tomo el objeto que escondía bajo mi almohada para asirlo contra el rey cuando lo veo aproximarse. La noche que cure su herida me guarde una de las navajas del instrumental de la mesa, intuyendo que después podría necesitarla.
―¡No se acerque, se lo advierto!
El hombre no parece retirarse, sino al contrario, él mismo acerca a su cuello la punta del objeto.
―¡Si tiene el valor para amenazar espero que lo tenga para actuar! ―me increpa sosteniendo mi temblorosa mano, que termina cediendo.
El rey regresa el cuchillo a la mesa. Resuelto se aproxima a mí.
¡Ya sé lo que hará ahora, por lo que ha venido!
―¡Hagamos esto de una vez! ―ordena tomándome de los hombros.
―¡Espere! Tengo una petición... antes de que hagamos esto.
¿Qué acabo de decir?
El hombre se detiene presto a escucharme.
―Quiero conocerlo...
―No me quitaré la máscara si eso pretende ―prorrumpe con voz arisca y un tanto presurosa.
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El rey de hierro
Historical FictionEloise está por casarse con el príncipe de Asteria, pero su boda se ve interrumpida cuando el cruel rey Kirian ataca al reino. Por amor a su pueblo Eloise se verá obligada a casarse con el nuevo monarca, descubrir los secretos que oculta y conocer e...
