👑
¿Si lo hubiera herido en el corazón? ¿Y si su herida se infecta? ¿Y si el rey muere a causa mía? ¿Por qué me preocupa tanto? ¡Podrían colgarme o cortar mi cabeza!
Todas estas cuestiones me agobian, y no me dejaron dormir. No le he contado a mis damas sobre lo ocurrido, me da pavor solo pensarlo. No me atrevo a preguntar sobre él, aunque si algo hubiera pasado ya lo sabría.
Esta mañana, he intentado dar un paseo después del desayuno, pero no he probado bocado ni tenido aliento para visitar ningún sitio. Por lo que, le he dicho a mis doncellas que prefiero volver a mis aposentos pues no me siento bien.
Cruzamos el recibidor, cuando lo veo aparecer. ¡Es el, Kirian! Seguido por un grupo de nobles y soldados, se aproximan a nuestro encuentro. Por un momento, pienso que viene a aprehenderme, a apresar a la reina quien lo ha herido.
Su contorno parece habitual sin mostrar signos de dolor, igual de rígido y férreo. En un instante, nuestras miradas se cruzan, y mi corazón se detiene cuando estamos frente a frente.
―Rey... ―musito, aunque no sé qué más decirle.
Todos a su alrededor parecen verme, pero no él, pues pasa de largo fingiendo que no existo, ignorándome por completo. Entonces las voces y los rostros a mi rededor se vuelven humo, contornos y sonidos que no logro distinguir, aquello me marea un poco.
Faris se acerca y me habla, no puedo entenderle, hasta que el sonido vuelve.
―¿Está bien, majestad?
Me extiende un pañuelo cuando el grupo se aleja.
―Si... ¿para qué me das esto?
Mi doncella se toca discretamente las mejillas sugiriéndome que haga lo mismo. He llorado sin darme cuenta.
👑
Debería sentir alivio de que mi acción no haya tenido mayores consecuencias, pero la vergüenza no desaparece, al igual que el enfado por lo que él dijo. ¿Por qué me dice que soy parte de su familia cuando solo me considera un adorno, un objeto que no tiene derecho a opinar?
Además, ha sido él quien ha provocado el incidente, con su falta de tacto al querer cometer su acto de esa forma tan inaceptable. ¡Yo solo estaba defendiéndome! ¡No importa, si va a ignorarme, entonces que lo haga para siempre, eso espero!
No deseo pasar más tiempo acostada y aplastada por el peso de mis recuerdos. No puedo volver a contar piedras, así que una manzana me sirve como método de distracción en un improvisado juego de malabarismos, lanzándola al aire y tratando de atraparla, mientras le doy vueltas a mi estancia.
Me he enterado de que el rey se ha marchado junto con sus soldados, claro que a mí no me ha informado a donde, ¿Por qué me lo diría? La verdad es que no me importa a donde haya ido, ¿Por qué me importaría? ¡Que se vaya y no regrese jamás!
En uno de mis malabarismos golpeo la mesilla y una botella de vino cae al suelo. Los pedazos de vidrio se riegan hasta mis pies descalzos. Maldigo cuando trato de esquivar el cristal para no cortarme.
Busco en mi armario algo que pueda ayudarme, un pedazo de tela para recoger los restos. Remuevo los vestidos y otras prendas en este mueble grande, hasta que alcanzo el fondo y entonces algo se atora entre mis dedos, un pedazo de madera o fierro.
Me asomo para revisar y me encuentro con una pequeña palanquilla de madera apostada en una esquina, quizás no es nada. Cuando intento levantarla, no puedo, pues se mueve, pero no lo suficiente para salir. Tiro de ella con fuerza y escucho un crac, repentinamente una parte del respaldo se abre para dejar al descubierto una serie de escalones detrás.
ESTÁS LEYENDO
El rey de hierro
Fiksi SejarahEloise está por casarse con el príncipe de Asteria, pero su boda se ve interrumpida cuando el cruel rey Kirian ataca al reino. Por amor a su pueblo Eloise se verá obligada a casarse con el nuevo monarca, descubrir los secretos que oculta y conocer e...
