¿Debí haber dicho algo? ¿Qué podía decir cuando escuche aquello, que lo sentía, que fue horrible lo que le hicieron a su padre?
Nunca lo sabre, porque no lo hice. Solo seguí al rey hasta este lugar donde a todos parece no importarles el último evento pues el hidromiel ha hecho su trabajo y todos parecen demasiado felices, o al menos, lo aparentan entre bailes, risas y murmullos. Pero yo no puedo ignorar lo que el rey ha dicho, causando que nuevos acertijos emerjan por mi mente, imposibles de resolver por mí misma: ¿Es la razón de su carácter la cruel muerte de su padre? Según lord Baltus, el rey solo era un niño cuando su padre murió, y él fue exiliado a las montañas, si así fue, ¿Cómo llego aquí? ¿Cómo se convirtió en rey de Zoria?
Grandes fogatas se han encendido por el prado resplandeciendo sobre los rostros de los pobladores y de los nobles, que ya a la par de la bebida, se han olvidado de sus títulos. Durante el festejo se ha colmado de atenciones a los caballeros que han rendido las justas, en especial al ganador, que se ha vuelto el motivo de discordia de muchas mujeres.
Faris le insiste a Lilia que bailen junto a las otras mujeres que se mueven en torno al fuego, desplegando listones y haciéndolos girar por el aire. La música aviva a los embriagados hombres que han empezado a cantar, recitando versos a los combatientes, y otros, a las damas que complacidas aplauden y se ríen con timidez.
Un soldado aparece llevándose a lord Tomas aparte, dejándonos solos en aquella mesa preparada para nosotros. Este es mi momento de decir algo, pero antes de que pueda hacerlo, el consejero vuelve, su semblante ha cambiado, parece turbado. Le pide a Kirian hablar a solas y ahora ambos han desaparecido.
Bastian también se ha ausentado.
Las danzas avanzan con el mismo ritmo con que los barriles se vacían, pero ni el consejero ni el rey se ven por ningún lado, y eso me inquieta más. Entonces, un soldado se acerca trayéndome un mensaje escrito en un pedazo de papel, que a la luz de la vela que esta sobre la mesa me permite leer: el rey me pide o más bien, ordena que permanezca en el festejo y cuando termine siga al soldado que me ha traído el mensaje para que me guíe de vuelta al castillo y lo espere en su habitación.
¡Aquello resulta todavía más inquietante, algo ha sucedido, algo serio para que el rey deba irse!, pero el soldado no me lo dice cuando le pregunto, argumentando que no lo sabe.
Intento pensar en otra cosa, pero mi asiento empieza a incomodarme. No me apetece escuchar la música ni las pláticas, así que me levanto. Detengo al guardia que intenta seguirme, diciéndole que necesito un momento a solas.
La misma frase ronda mi cabeza, mientras me abro paso "¡Algo ha sucedido!".
Me encamino en busca de algún lugar apartado, pero la multitud se agolpa. Entre las sombras y la luz que desprenden las fogatas algunos me reconocen y reverencian, pero otros pasan de largo. Me quito la corona y la oculto en mi vestido apresurándome a salir de este lugar. En un momento, me encuentro entre las carpas que aún siguen dispersas cerca del recinto.
Un grupo de soldados se acerca, así que corro a esconderme tras una tienda, no necesito regresar ahora.
Exhalo con tranquilidad cuando los veo perderse. Entonces escucho un ruido que me alerta. Ha provenido de dentro de la carpa. Quizá no ha sido nada, pero... aquel ruido vuelve a aparecer, es un quejido.
Mi curiosidad me lleva a asomarme por una abertura. Dentro hay un candil que permite ver el interior y a quien se encuentra ahí. Se trata de un rostro conocido, Jacob, que está junto una mujer desnuda como él. La mujer tiene las manos extendidas sobre el lecho, y las piernas abiertas de espaldas al hombre, este embiste sus posaderas provocando que ella gima.
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El rey de hierro
Historische FictieEloise está por casarse con el príncipe de Asteria, pero su boda se ve interrumpida cuando el cruel rey Kirian ataca al reino. Por amor a su pueblo Eloise se verá obligada a casarse con el nuevo monarca, descubrir los secretos que oculta y conocer e...
