Se trata del muchacho pecoso que trabaja en el palomar, que es arrastrado por un soldado para subirlo a una carreta que espera por él.
―¡Padre, prometo que me portare bien, por favor, no dejes que me lleven!
El muchacho llora implorando a sus padres que no lo dejen irse. Su madre con el rostro palidecido y lloroso sostiene sus manos sobre su pecho, y su padre con el mismo semblante le señala que debe marcharse.
El jovenzuelo logra liberarse y corre a los brazos de su madre que entre lloros le dice que todo estará bien.
―¿Qué sucede? ¿por qué se lo llevan?
Me acerco al soldado que tira de los brazos del muchacho para llevárselo a la fuerza. Pero no solo se trata de él, en la carreta ya lo esperan otro grupo de niños igual de asustados.
―¿A dónde los llevan? ―pregunto volviéndome a los soldados, mientras el llanto del jovencito se intensifica contagiando a otros. Al no obtener respuesta, mi tono de voz cambia demandando una respuesta del comandante.
―Será llevado a Gravez, un campo de adiestramiento.
―Pero son solo niños, ¿Cómo...? No lo entiendo...
―Se ofrece una compensación a los padres a cambio de dejarlos ir...
―¡Majestad, no deje que me lleven, por favor! ―lloriquea intentando soltarse otra vez de su captor, y logra hacerlo para correr a mi lado sujetándome del vestido implorando ser libre.
―¡Rafael, no hagas esto! ―exclama su padre alejándolo de mí y tomándolo por los hombros le explica que se convertirá en un gran soldado del reino, pero su voz se quiebra cuando se lo dice y le da un abrazo.
Un nudo se forma en mi garganta.
¿Cómo pueden reclutarlo, es solo un niño?
―¡Déjenlo ir, déjenlos ir a todos! ―ordeno a Zeyad, que me observa indignado.
―¡Él no puede hacer eso! ―reitera Daria―. ¡Son órdenes de nuestro rey, usted no puede cambiar eso por más que sea la reina, se trata de un edicto real: los más jóvenes tienen el deber de enlistarse para servir al reino!
Niego con la cabeza.
―¡Yo no veo soldados, solo niños asustados! ―exclamo volviéndome a ella―. ¡Míralos, la mayoría de ellos no podrían sostener una espada mucho menos una armadura, es una tontería!
―¡Yo veo futuros guerreros, letales para nuestros enemigos!, ¡que servirán a su rey! ¡Es obligación de todos los territorios bajo la soberanía de Zoria enviar nuevos reclutas! ―acentúa sus últimas palabras alzando su rostro con presunción.
¡Eso significa que reclutan niños de los tres reinos!
―No... no está bien... ―Un peso oprime mi pecho―. ¡Déjenlos ir, es una orden!
Le grito al soldado que sujeta al joven de las pecas... al comandante, pero se niegan a consentirlo.
―Perdóneme majestad, pero en eso no podemos complacerla, se trata de una orden directa del rey, no podemos ir en contra de sus designios ―aclara el comandante bajando el rostro para disculparse.
Entonces solo hay una forma de arreglar esto.
―¿Y el rey?
―¿Mi señora?
―¿Dónde se encuentra ahora?
―En el salón del trono.
No espero la aprobación de nadie para dejar ese lugar y dirigirme en su búsqueda, dispuesta a todo para anular esa proclamación, aunque eso signifique enfrentarme a él.
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El rey de hierro
Historical FictionEloise está por casarse con el príncipe de Asteria, pero su boda se ve interrumpida cuando el cruel rey Kirian ataca al reino. Por amor a su pueblo Eloise se verá obligada a casarse con el nuevo monarca, descubrir los secretos que oculta y conocer e...
