Cap. 8

4.2K 433 100
                                        


Jungkook



Martes.


Habían transcurrido diecisiete días desde que me había follado a Jimin.

Aunque había mantenido una prudente distancia por la salud mental de ambos, mi paciencia ya estaba colmándose y el tiempo que me habían concedido para entregar el dinero agotándose.

Él continuaba partiendo el mar de estudiantes, igual que Moisés cuando caminaba por los pasillos, seguía pavoneándose como el niño creído y apretado que era, riendo con su círculo de amigos y mostrándose afectuoso con Eunwoo, como si nada hubiera pasado entre nosotros.

Como si nunca hubiésemos follado.

Como si no estuviéramos casados. El que Jimin esté con Eunwoo, se podría considerar

 ¿Adulterio?

Pero Jimin solo estaba ignorándome, como si con eso lograría desaparecer el problema que amenazaba con aplastarnos a ambos.

Había intentado interceptarlo un par de veces desde que regresamos, pero era un maldito enano escurridizo. Cada vez que nuestros ojos conectaban y caminaba hacia él para hablar, salía huyendo, como si fuera la peor de sus pesadillas, persiguiéndolo.

Siempre que estaba a punto de atraparlo, giraba en una esquina para desaparecer; cuando por fin lográbamos coincidir, nunca estaba solo y no podía solo llegar y pedir hablar sobre nuestro matrimonio, porque, conociéndolo, me ahorcaría allí mismo.

Era verdad, sí, necesitábamos solucionar el problema de nuestra indeseable unión lo más pronto posible, pero para mí, era más urgente resolver el problema de Jae-Myung, y para ello, necesitaba de Jimin.

Si tan solo pudiera encontrarlo a solas un momento...

Salí de mis cavilaciones cuando alguien dio un golpe en la parte trasera de mi cabeza y alcé la mirada para observar al idiota que me había golpeado.

— ¡Deja ya de pensar en tantos culos!—gritó Hoseok alejándose de mi lugar y saliendo del aula— ¡Se te requiere en el pasillo de salchichonería, guapo!

Sonreí mordaz y le hice una grosería con el dedo, que él correspondió lanzándome un beso.

Me levanté a regañadientes para ir hasta los vestidores—léase pasillo de salchichonería según Nam— y prepararme para el entrenamiento. En definitiva, no estaba de humor para ningún juego, pero sabía que los chicos me colgarían de los huevos desde lo más alto del asta de la bandera si decidía no asistir a este juego, incluso si no representaba más que eso, un entrenamiento.

Ese año todos estábamos muy determinados en ganar, y el entrenador más que nadie, a juzgar por las miradas matadoras que nos dedicaba siempre que fallábamos los lanzamientos.

Lo seguí hasta los vestidores y me resigné a pasar las próximas dos horas bajo el sol abrasador del campus.





***






—Bonito tatuaje—mencionó Eunwoo una vez estuvimos de vuelta en los vestidores y me tensé de inmediato.

MI PERFECT☯ ERR☯RHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora