¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
GO-EUN PARK
Jimin estaba solo comiendo en la barra de la cocina cuando regresé del hospital.
Mi esposo había convertido la casa en una fortaleza y había dado órdenes expresas de que no lo dejaran asomar la nariz fuera del portón.
Aunque intenté hacerlo entender que su medida era extremista y opresiva, me ignoró por completo y se encargó de adiestrar a quienes custodiaban las puertas de casa para que no me hicieran el menor caso.
Una parte de mí creía que se había vuelto loco por la noticia.
Mis pies dolían por todo el trabajo que había en el hospital.
Eran días festivos y una práctica común en esta víspera era delegar las funciones en alguien más con un periodo vacacional distinto, pero no era muy afín a esa opción; prefería dar seguimiento a mis casos personalmente y en todo momento.
Además, había un montón de papeleo burocrático que no iba a resolverse solo.
Dejé mi bata sobre una de las sillas del comedor y me centré en mi hijo.
—Hola cariño.
—Hola. —me respondió.
—¿Por qué esa cara?
Dejó de revolver la comida que tenía en el plato y alzó la cabeza luciendo exhausto.
—He discutido con papá.
—¿Otra vez?
—Otra vez.
—Parece que tu padre, encontró una nueva afición en discutir.
Jimin iba a contestar cuando apareció el menor de mis retoños.
—¿Qué haces aquí todavía?—me giré al mismo tiempo que mi hijo para observar a Sunoo entrar en la cocina.
Rodeó la barra y tomó un galón de helado de la nevera.
—¿De qué hablas?
Sus ojos brillaron con malicia.
—Ya estás casado, ¿no deberías irte a vivir con tu marido?
—¡Cállate insecto!—le lanzó con un resto de comida de su plato que él esquivó sin problema y soltó una risita mientras se llevaba una cucharada de helado a la boca.
—Sunoo, deja de molestar a tu hermano—lo reprendí con dureza.
—No lo estoy molestando, es la verdad. Ya es hora de que se vaya para que me herede su habitación.
—Pero tú tienes tu propia habitación—se quejó él, hastiado.
—No la quiero para dormir, tonto. La convertiré en mi cuarto de videojuegos en cuanto te vayas—explicó despreocupado.