Cap. 40

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JIMIN: 



Percibí algo cómodo y firme, subiendo y bajando apacible.

Abrí los ojos cuando los rayos del sol chocaron contra mis párpados y me encontré de cara con una habitación que me resultó familiar.

Había dormido con JK, otra vez. No era nada nuevo, pero a juzgar por la luz que se colaba por las cortinas, era bastante tarde. Él no me había dejado ir; dos veces traté de incorporarme y dos veces haló de mí hasta hacerme desistir.

Su pecho se sentía cálido y suave contra mi mejilla, y podía percibir el latir de su corazón, fuerte y estable cerca de mi oreja.

Asumí que seguía durmiendo, considerando su lento pulso y la mano que permanecía enredada en torno a mi cintura con posesividad, como si tuviera miedo de que huyera en su estado de inconsciencia.

Alcé la cabeza para comprobar mi teoría, y para contemplarlo en su sueño. No obstante, mis planes se frustraron cuando lo encontré totalmente despierto, sus ojos mirando el techo, como si sus pensamientos estuvieran en un lugar muy lejos de ahí.

—¿Qué soñabas?—su voz clara, sin rastros del letargo y supe que llevaba mucho tiempo despierto.

—No lo sé. ¿Estaba soñando?

Encogió un hombro.

—Estaba tratando de adivinar si estabas teniendo una discusión en un sueño o si eres igual de malhumorado incluso cuando duermes.

Sonreí arrastrando el brazo que mantenía estirado sobre su torso para apoyar mi barbilla sobre él y tener un mejor ángulo de su cara.

—¿Malhumorado?

—Tu ceño—susurró fijando su vista en esa parte—. Lo arrugabas constantemente.

—No lo sé, no es como si supiera qué hábitos tengo mientras estoy inconsciente.

Me contempló fijamente, como si considerase decirme algo.

—También te sonrojas cuando te digo cosas sucias al oído mientras duermes—confesó esbozando una sonrisa perversa.

—¡Claro que no!—dije alarmado, pero ya podía sentir el ardor en mis mejillas.

No iba a aceptarlo, aunque seguramente era verdad porque sus ojos se iluminaron y soltó una risotada que en efecto, hizo sentir a mi cara más caliente. Me dedicó esa sonrisa que hacía a mi corazón dar un salto dentro de mi pecho y decidí dejárselo pasar esa vez.

Solo esa.

Volví a apoyar mi rostro sobre su pecho, justo sobre la mitad del Ying-yang que nos habíamos tatuado en Las Vegas.

Permanecer abrazado a él después del sexo era mil veces mejor que quemarme la cabeza planeando un escape.

Enterré mi nariz en su piel, esperando que mis pulmones me alcanzaran para aspirar todo su aroma, impregnarme de su esencia.

Era extraño, irónico incluso, la manera en que parecía que todo aquello estaba mal, que yo parecía quererlo en todas las formas equivocadas pero que se sentía jodidamente correcto el hacerlo, como si no hubiera otro lugar para mí, solo ahí, con él.

Había aprendido que las respuestas de preguntas imposibles se nos daban a través de muchas cosas, a veces simples, a veces casi imperceptibles, a veces a través de una maldita epifanía, y mientras permanecía con mi oído presionado sobre el pecho de JK percibiendo los latidos de un corazón que dotaba de vida a un entramado de tejidos, órganos, huesos y venas, caí en cuenta de que nosotros también éramos un entramado igual de complicado e igual de extraordinario.

MI PERFECT☯ ERR☯RHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora