Cap. 78

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JIMIN:


El tiempo era imparable, lamentablemente, así que siguió su curso sin inmutarse y arrastrándome con él.

Los primeros dos días después de la partida de Jungkook pasaron en blanco.

No recordaba mucho sobre ellos, tan inmerso en mi aturdimiento que me costaba trabajo ser consciente de las cosas que hacía.

La mayor parte estuve en cama, con la herida aún muy abierta y punzante.

Mamá dormía conmigo para evitar dejarme solo, aunque en realidad ninguno de los dos podía dormir.

Los sueños eran crueles.

Me despertaba gritando casi siempre, con las sensaciones de sueños vívidos a flor de piel, anclados a mi mente e impresos en mi memoria.

Won-Ho estaba siempre en ellos, acechándome.

Baek lo acompañaba también.

Jong-Suk solía no aparecerse.

Tuvieron que sedarme para conciliar el sueño al tercer día.

Taehyung se presentó ese mismo día, acompañado de Hoseok.

Mi amigo me abrazó por lo que pareció una eternidad, hecho un mar de lágrimas y pidiendo un montón de disculpas por no haberme hecho compañía en el viaje de regreso de su casa de descanso.

Le dije que no tenía nada de qué disculparse, porque en realidad no era su culpa, ni de Seok-Jin.

Era algo que sucedería estuviera él conmigo o no, no había forma de evitarlo.

Agradecí su compañía.

No hablaron de Jungkook, sólo de lo aburrida que era la universidad sin mí y en general, de las estupideces de Nam y de la reintegración de Jin en la vida normal luego de salir del hospital.

Nayeon también regresó de su viaje luego de enterarse de mi recuperación.

Habló, habló y habló hasta que me aturdió, pero agradecí el entusiasmo, porque al menos me distraía lo suficiente para no pensar en él.



















***





















El cuarto día fue el más extraño de todos.

Eunwoo se apareció en la puerta de la habitación con un ramo de tulipanes y una expresión rara en la cara.

—Hola, Jimin—saludó con seguridad, aunque el aire seguía cargado de un aura rara, incómoda. Extendió el ramo para que lo tomara cuando llegó hasta mí.— Sé que son tus favoritas.

Las tomé con vacilación, dedicándole una mirada cautelosa.

—¿A qué has venido? ¿A echarme en cara que me lo advertiste?

Pareció dolido con el comentario, pero no desistí de mi defensiva postura, porque lo último que necesitaba en ese momento era que alguien me recordara lo estúpido que había sido por creer que tendría mi final feliz con Jungkook Jeon.

Se mantuvo en silencio hasta que reparó en la silla que había junto a mi cama.

—¿Puedo sentarme?

No respondí, demasiado ocupado en perforarlo con mis orbes, furioso.

Me ignoró y acercó el mobiliario para sentarse.

—¿Y bien?—insistí, impaciente, quizás con más desdén del que se merecía.

Se cruzó de brazos y me escudriñó en silencio, como si estuviera ocupado aprendiéndose las nuevas facciones en mi cara.

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