Cap. 66

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JIMIN:

Nana llevaba el bolso en el hombro cuando abrió la puerta, justo antes de que yo llamara.

—¡Jimin!—me dedicó una brillante sonrisa y me dio dos cortos besos en las mejillas antes de tomarme de las manos.— Ya comenzaba a preocuparme, ¿por qué no te habías aparecido por aquí?

Le correspondí apenas.

—Lo siento, había estado muy ocupado con algunos asuntos familiares y...

—Menos mal. Estaba a punto de preguntar por ti, no quería llevarme la sorpresa de que aquel idiota hubiese hecho una estupidez.

Reí.

—Aquí estoy, no te preocupes. Puedes irte tranquila.

—Está en su habitación terminando algo de la universidad—hizo un gesto para restarle importancia, respondiendo la pregunta que me moría por hacerle.—¿Tienes hambre? Puedo prepararte algo de comer antes de irme si quieres.

—No, no—negué con las manos—, ya comí.

Estrechó los ojos, suspicaz.

—¿Seguro? Estás muy delgado, lindo.

—Sí, no te preocupes.

—De acuerdo—palmeó mi mano entre las suyas con afecto—, te veo después en ese caso. Cuídalo bien por favor—me guiñó un ojo y salió sonriendo.

JK estaba inmerso trazando un plano cuando entré en su habitación. Los rayos del sol se colaban por su ventana, iluminando un costado de su cara, justo como aquella vez en el porche de la casa de Min-Ho.

Mi corazón se comprimió con la mera visión, haciéndome flaquear, pero me mantuve firme.

Me tomó un momento salir de mi estupor y registrar que estaba observándome desde su cama.

—¿Dónde estuviste?—preguntó dejando su cuaderno de lado e incorporándose para ir hasta mí.

—Con Yeonjun.

—¿Por qué no te quedaste conmigo?

—Es complicado.

—¿Por qué no respondiste mis llamadas? Estaba a punto de enviarte señales de humo.

Por su tono, sabía que estaba esperando que contestara para continuar haciéndome preguntas.

Era obvio que se preocuparía considerando que no había acudido a la universidad, ni había respondido sus llamadas.

Sin embargo, no tenía el valor de responder.

Alcé la vista hacia él, y reparé en cosas que no quería reparar porque volvían todo más difícil, como la línea de su mandíbula, la forma de su boca, la pronunciada nariz y el intenso color de sus ojos.

—Vine a entregarte esto—le tendí la bolsa de papel en la que había metido todas las camisetas que le había robado a lo largo de nuestra estrepitosa relación.

Me miró curioso cuando la abrió y comprobó su contenido.

—¿Y esa?—señaló la que llevaba puesta y esbocé una pequeña sonrisa.

—También vengo a devolvértela, a cambio de que me regreses mi camisa.

Inclinó la cabeza a un lado, considerándolo; sus ojos titilando con travesura.

—Algo podemos arreglar para regresártela.

—Estoy seguro de que sí—bromeé también.

—¿Cómo está tu hermano?—preguntó dejando la bolsa a un lado.

MI PERFECT☯ ERR☯RHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora