Cap. 74

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JUNGKOOK:

Me masajeé las sienes por enésima vez.

Mis párpados se sentían hinchados y pesados, con una jaqueca positivamente demoledora acercándose.

Observé el reloj que había un par de metros más allá y calculé que tenía al menos dos horas sentado en el mismo lugar.

Cerré los ojos y apoyé mi nuca en la pared para intentar contener el dolor de cabeza, que aumentaba con las blanquecinas luces del hospital.

La sala de espera estaba dispuesta en la habitación que era de Jimin; el problema era que no estaba allí, sino en el quirófano: el lugar donde había estado las últimas dos horas, en una operación de emergencia.

Querían evitar que perdiera el pulmón.

Bajé la vista hasta mis manos y froté mis dedos en un patético intento por desaparecer la sangre que las manchaba.

Su sangre.

Estaba por todos lados, en realidad: en mis manos, mis brazos, mi camiseta, mi pantalón e incluso podía saborearla en mi boca.

Gran parte de la sangre en mi brazo izquierdo no era suya, sino mía.

Lo inspeccioné rápidamente y contemplé la herida en él. No me dolía tanto como antes, ciertamente no desde que todo había pasado a un segundo plano, a excepción de Jimin.

No había señales de Sang-Woo o Yeonjun.

No tenía idea de a dónde habían ido, ni tampoco sabía si Min-Ho seguía vivo o ya era demasiado tarde.

Go-Eun se perdió entre los pasillos del hospital tan rápido como llegó, y no volví a saber de ella.

Me sentía físicamente drenado, y mi cuerpo había reaccionado a todos los eventos estrepitosos de antes entumeciéndose por la falta de descanso que se había acumulado hasta ese punto, tercamente negándose a apagarse hasta estar seguro de que Jimin estaba bien.

No iba a creerlo hasta verlo yo mismo.

No quería pensar en las posibles consecuencias de una intervención tardía, pero la mente siempre viajaba a los extremos más negativos de nuestra humanidad, más cuando solo había horas vacías por delante.

Gruñí contra mis palmas al tiempo que el dolor de cabeza punzaba en mi cráneo.

—Pensé que estarías aquí—alcé la vista para contemplar a Go-Eun frente a mí. Llevaba su uniforme y parecía tan alterada como yo, aunque lo disimulaba mejor.— Acompáñame.

Me puse en pie de inmediato, dividido entre el optimismo y la negatividad.

—¿A dónde vamos? ¿Él está bien?

No me respondió.

En cambio, siguió caminando hacia un pasillo con más habitaciones que parecían consultorios, en lugar de ir hacia el quirófano.

La tomé del brazo con más rudeza de la deseada, pero mi angustia por saber era más grande que mis modales en ese momento.

—Responde.

—No lo sabemos aún.

—¿Qué? ¿Cómo que no sabes?

—Y tú tampoco lo sabrás si sigues desangrándote—señaló mi brazo con un gesto de su cabeza, e intenté ocultar la herida de su vista, pero el simple movimiento me hizo rechinar los dientes.— Necesitas que te revise, y posiblemente tenga que suturarte. Te ves pálido.

—Estoy preocupado.

—Lo sé, pero ese color no es por la preocupación, es por la pérdida de sangre—abrió una puerta e hizo una señal con su mano para que entrara, cerrándola tras de sí y yendo directo a colocarse guantes.— Siéntate. Quítate la camiseta.

MI PERFECT☯ ERR☯RHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora