Cap. 32

2.7K 322 91
                                        

JUNGKOOK:



El resto de la semana podía definirla con dos palabras: Una. Mierda.

No había podido dormir desde mi reunión con Jae-Myung, y entre el constante estrés que representaba el estar a la espera de alguna llamada suya aunado con el cansancio acumulado de los entrenamientos, no sabía qué me mataría primero.

Por si fuera poco, papá no dejaba de insistir con que me mudara a Inglaterra luego de concluir la universidad para hacer un posgrado en alguno de los recintos de su elección.

Y no olvidemos a mi madre, que desde el jueves había estado insistiendo como loca en que la visitara en casa el fin de semana.

Era un hombre jodidamente persistente cuando se empeñaba en ello.

Así que me toqué el puente de la nariz y cerré los ojos esperando que la migraña que comenzaba a percibir no terminara por matarme mientras subía las escaleras de piedra, porque entre mantener a Jae-Myung lejos de mi espalda y cumplir con mis deberes de hijo perfecto me estaba volviendo loco.

—Joven Jeon —me recibió el mayordomo e hizo una seña con la mano para permitirme la entrada—. Su madre lo espera en la sala de estar.

—Gracias.

Caminé a paso seguro por el amplio salón que antecedía a las pulidas puertas de madera, mismas que no tardé en abrir para entrar en la estancia. Esa sala de estar tenía el estilo de mi madre por todas partes: minimalista pero atractiva.

Mamá me sonrió desde el sillón de cuero blanco.

Parecía un poco agitada y respiraba con pesadez.

—Cariño—se incorporó para besarme en la mejilla—. Me alegra que hayas venido.

—¿Por qué tanta insistencia?

—Verás—se alejó un par de pasos sin perder una sonrisa pícara—, tengo una sorpresa para ti.

‹‹Por favor, no más sorpresas›› casi hacía una rabieta por la noticia.

¿Qué me esperaba ahora? ¿Qué mi madre tenía alguna enfermedad terminal? ¿Qué mi abuelo había muerto? ¿Qué yo ya había perdido la cabeza?

Enarqué las cejas.

—¿Qué sorpresa? Mamá, no estoy de humor para sorpresas, no...

Un torbellino de rojo y gris arremetió contra mí, impactando contra mi cuerpo incluso antes de que pudiera terminar la frase y privando a mis pulmones de todo oxígeno.

Chilló y me tomó con más fuerza del cuello, tanto que pensé que me lo rompería. Estaba tan mareado y confundido por el movimiento brusco que no fui capaz de reaccionar o enfocar hasta que se separó de mí.

Entonces la contemplé frente a mí.

Lisa Manoban.

Me sonrió con esa calidez suya tan característica, con sus orbes brillando de la emoción.

Lisa.

Le rocé la mejilla solo para cerciorarme que era ella, que era real.

—¿Qué? ¿No vas a decir nada? ¿Te he dejado más idiota con el golpe?—se quejó—. Por favor, pensé que estarías más feliz de ver...

Fue todo lo que necesité para rodearla con mis brazos, levantarla del suelo y estrecharla contra mí hasta estar seguro de que le había roto al menos un hueso, hasta estar seguro de que me había impregnado con su aroma que tanto me mareaba, pero que siempre extrañaba.

—No puedo creer que estés aquí—dije con felicidad, sin atreverme a soltarla, incluso cuando sus carcajadas se convirtieron en protestas por lo fuerte que estaba tomándola.

MI PERFECT☯ ERR☯RHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora