Dos semanas atrás.
El portal que atravesó no lo llevó directo a su casa.
Arataka aterrizó a mitad de un frío arroyo. Al caer, el shock lo inmovilizó por escasos segundos que le parecieron horas; se obligó a sí mismo a nadar a la superficie si no deseaba morir ahogado.
Cuando logró salir lo primero que hizo fue tomar una gran bocanada de aire igual o incluso más fría que el agua. La repentina ráfaga penetró tan fuerte sus fosas nasales hasta su cerebro que se sintió mareado por breves momentos.
“Muévete”, ordenó el mago. Arataka aunque no estaba de humor para sus mandatos, no tenía más opción que obedecer ya que la temperatura de su cuerpo descendía tan rápido que incluso no sentía los dedos de los pies.
“¿Dónde estamos?”, no tenía la fuerza para expresar sus dudas en voz alta.
“No lo sé, tú nos enviaste aquí”, dijo con desdén, Arataka rodó los ojos, “No uses tus poderes en un estado de ánimo inestable”.
“Perdón por no tomarme a bien el papel de reemplazo”, se disculpó con sarcasmo, el mago refunfuño.
“No es momento de discutir, sigue avanzando o moriremos aquí”.
“Más bien, yo moriré. A ti no te pasará nada”.
El mago tampoco estaba de humor de discutir, por lo que guardó silencio y sin el permiso del chico, tomó control de su cuerpo y empezó a nadar con fluidez hacia la orilla, forzando a los músculos tensos a moverse de una forma para la que un humano común no estaría preparado en estas condiciones.
“Oye, yo también podía hacer eso”, reclamó el muchacho, el mago no refuto y continuó nadando hasta que llegaron a tierra firme en la orilla del arroyo, donde fueron recibidos por piedras, tierra mojada y vegetación descuidada que superaba los treinta centímetros de altura.
“Podrían esconder un cuerpo aquí”, pensó con lo poco que le quedaba de humor, el mago miró alrededor alarmado. “No sugerí que encontraríamos un cuerpo”.
“Pero tienes razón, podríamos encontrar a alguien muerto”.
Arataka finalmente sonrió, cansado pero divertido.
–Eres pésimo para captar las bromas –mencionó en voz alta, su voz perdiéndose en el sonido del calmado arroyo. Se recostó boca arriba y respiro profundo, sintiendo el frío aire pasar sin filtros de nueva cuenta por sus fosas nasales, causando una punzada de dolor en su cabeza que no perduró por mucho tiempo. Sintió el cuerpo pesado y a pesar de lo ocurrido hace poco, no percibió el frío en su cuerpo, solo las elegantes prendas calentarse a la par de su piel.
“No deberías quedarte aquí por mucho tiempo, te vas a enfermar”, sugirió el mago, el muchacho asintió pero no se movió ni un solo centímetro. “¿Qué haces?”
–Siento el cuerpo pesado, ¿Podrías hacerte cargo?
–Eres un niño mimado –respondió el mago usando el cuerpo del chico, sin esperar más a ponerse de pie y estirar el cuerpo. Convocó con un movimiento de mano su báculo sorprendiendo a Arataka.
“¿Cómo hiciste eso?”
–¿De qué hablas? Lo hago todo el tiempo.
“Nunca me enseñaste a hacer eso”.
–¿No? Bueno, ya sabes como hacerlo.
Arataka sentía el rostro arder de furia, mas no dijo nada ya que sabía que eso solo complacería al mago. Se limitó a memorizar el movimiento en su mente para no volver a cargar con esa cosa por todos lados, mientras que el mago creaba un torbellino insignificante a su alrededor, que simplemente sirvió para secar su cuerpo en un instante.
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Seré yo (Mobrei)
FanfictionCuando el mundo cambie y todos también lo hagan Cuando yo cambie y tú también lo hagas No dudes que contigo, siempre seré yo Age swap AU Etiquetas añadidas con el paso de los capítulos
