Mala jugada

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Reigen se dio cuenta que no era la policía.

Porque en caso de serlo, la policía iría sobre él para esposarlo y llevárselo en cuestión de segundos. Lo cual no ocurrió por más tiempo que su cuerpo quedó atrapado entre el espacio de la silla volcada y su escritorio. Seguro se veía tan patético por lo que no le extrañó en absoluto escuchar una risa mal disimulada de parte de la persona que entró a su habitación.

–¿Estás bien?

–Seguro –respondió sarcástico, moviendo las manos como si recién terminase un espectáculo de lo más impresionante–. ¿Sabes? No es necesario que corras a ayudarme, me conformo con que camines.

–Oh, claro.

Sin esperar otra respuesta sarcástica, Serizawa se acercó a auxiliar a Reigen. Con un simple jalón de brazos el chico logró ser libre de la incómoda posición que lo apresaba.

–¿Qué pasa contigo? ¿No sabes entrar en la habitación de los demás después de llamar a la puerta o que?

Era evidente que Reigen se encontraba molesto, Serizawa no lo podía culpar aunque consideraba que sus razones para sentirse de aquella manera eran buenas.

–Lo siento mucho Reigen –dijo con una pena tan falsa que intrigó al de cabellos rubios, quien se limitó a alzar una ceja pero guardó silencio–. Es que tenía que verte.

La forma en que la falsedad de Serizawa se torno con rapidez en profunda seriedad, le erizó los pelos de la nuca a Reigen quien no podía dejar de escuchar a su amigo.

–¿Qué ocurre? Cuéntamelo ya –pidió un poco más paciente. Mil situaciones distintas cruzaban por su cabeza una tras otra, quizás alguien llamó y le pidió a Serizawa que lo buscara después de lo que pasó en la fiesta, o tal vez ocurrió un accidente provocado por sus desmedidas palabras a su maestro. ¿Y si empezó a conducir en un estado alterado y chocó? Pudo hacerse daño o a alguien más, eso sin contar sus descontrolados poderes. Aún era incapaz de olvidar aquella vez que fue a su casa en ese extraño estado, sin rostro y con una mirada que parecía capaz de absorber toda la luz en ella.

En absoluto el silencio que guardó Serizawa en los siguientes segundos ayudó a apaciguar su pánico, ¿Y si él sabía que lo trataban como un reemplazo? ¿Venía a convencerlo de volver a asumir un papel que fue escrito pensando en alguien más? Mentalizado a negarse a una absurda petición como aquella, frunció el ceño y se mordió ligeramente los labios, solo para soltar el agarre de sus dientes en ellos y empezar a disputar hacia la quietud de su amigo. Viéndose rápidamente detenido por el.

–¡C-Creo que embaracé a mi novia!

–¡¡¿Qu-Qué?!!

No era la noticia que esperaba, pero aun así fue capaz de helar la sangre del rubio en un instante. ¿Serizawa sería papá? Pero si aún no ha terminado ni la preparatoria. ¿Qué podría ofrecer él como padre? No conocía a su familia así que no sabía si sus padres eran del tipo que lo echarían de la casa por cometer un acto como ese o si lo acogerían con su inesperada nuera y un nieto por venir.

¿Acaso no noto los condones que le dejó en la fiesta del otro día? ¡¿Cómo fue capaz de cometer tal imprudencia?! Esperaba que no tuviera una ITS o una ETS, las chicas no se embarazan precisamente por usar una buena protección durante las relaciones.

Serizawa debió ver algo en su rostro o en su lenguaje corporal, ya que de inmediato se acercó a él para tranquilizarlo.

–To-Todavía no estoy seguro de nada.

Seré yo (Mobrei)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora