Sentir no te hace olvidar

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La puerta de la oficina se abrió con un gran estruendo, impresionado al propietario quien dirigió su completa atención al que decidió entrar de aquella manera.

–Lo siento mucho maestro –La molestia que invadía el pecho del azabache los últimos días desapareció en cuanto escuchó la voz siempre alegre de Arataka. El muchacho tenía un aspecto renovado, como si se la hubiera pasado bien los últimos días y aunque para Shigeo no fue así, el entusiasmo del rubio era contagioso–. Vine aquí en cuanto se terminaron las clases, mi madre me dio tu recado de ayer así que decidí llegar corriendo, pero… creo no lo pensé bien y me estrelle con la puerta.

Shigeo no pudo evitar contener la sonrisa ante la presencia enérgica de Arataka y su imprudente emoción.

–Descuida –dijo dirigiendo una mirada enternecida a su discípulo, pero se detuvo en cuanto reparó en el cambio que hizo con su cabello notando que ahora estaba peinado hacia atrás, dándole un aspecto rebelde. No tuvo que hacer pregunta alguna pues Arataka captó rápidamente las preguntas de su maestro.

–Oh… decidí hacerme un cambio de aspecto.

–Entiendo –mencionó con tono pensativo, antes de medir sus palabras continuó–. Pero creo que te veías mas lindo con tu corte anterior.

Shigeo se congeló por sus propias palabras al igual que Arataka, quien lo miró sorprendido por la afirmación aunque no parecía sentirse agredido. Un tenue rubor escarlata coloreó las mejillas del muchacho deleitando a Shigeo, quien casi no se arrepiente de su desliz.

–Aah, está bien pero pienso que si necesitaba un cambio.

Notablemente avergonzado, el chico rubio evitó su mirada y se dirigió a su lugar. Shigeo sonrió al ver sus orejas teñidas de rojo así como se sintió tentado de provocar nuevamente una reacción similar, sin embargo Arataka pareció recomponerse rápido y preguntó.

–Entonces maestro, ¿Para que me necesitaba?

Shigeo salió de golpe de sus pensamientos que se tornaron en algo más inapropiado y comenzó a asignarle tareas pendientes; él debía salir por lo que era inevitable dejar a Arataka solo lidiando con clientes que necesitaban un masaje. El chico le sonrió y aceptó gustoso.

–Bien, en ese caso debo irme ahora –anunció Shigeo levantándose de su asiento y llevándose su maletín, aunque volvería después necesitaba algunos documentos de sus clientes.

Abrió la puerta pero no avanzó más en cuanto sintió la calidez de la mano de Arataka envolver su palma; se volteó confundido a mirarlo y notó nuevamente la vergüenza en su rostro, era tan tierno pero no menos confuso encontrarse con esa expresión del muchacho. Parecía que le costaba mucho explicar su actuar, pero Shigeo guardó silencio y lo observó, esperando pacientemente que pudiera decir algo.

–Y-Yo…

Shigeo sintió su pulso acelerarse, Arataka tenía el rostro rojo y parecía muy nervioso. Intentó parecer lo más neutral posible pero sus manos cosquilleaban, la que tenía libre se movió unos cuantos centímetros con la intención de atraerlo a su cuerpo, darle un cálido abrazo y poder decir finalmente lo que hace tiempo había contenido en su mente y corazón. ¿Sería capaz de hacerlo ahora? Si Arataka sentía lo mismo, tal vez podría armarse de valor para confesar no solo lo que siente por él, sino todo lo que ocurrió hace tanto.

–T-Tengo novio.

La emoción que sintió hace breves segundos se desvaneció como una pintura recién elaborada expuesta a la intensidad de las gotas de una tormenta. El cuerpo se le entumecio y escucho a Reigen atento, reservando su decepción para sí mismo.

Seré yo (Mobrei)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora