Ilusiones y recuerdos

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Un arañazo en su brazo fue suficiente para despertar.

Miro alrededor en su habitación a oscuras, conocía bien al causante de aquella herida y no estaba conforme con eso, tenía que reclamar o si quiera castigar al malhechor.

A pesar del aturdimiento por su abrupto despertar, pudo encontrar con facilidad al minino negro, mirándola desde la esquina más lejana como si el mismo se preguntará que había ocurrido.

-Ruru... -susurro en son de regaño, más cansada que sorprendida por su acción tan rebelde, el mínimo maullo y salió corriendo de la habitación. Eso sí que era inusual, casi siempre se quedaba a jugar un rato con ella.

Un estornudo la tomó por sorpresa, luego el picor en su nariz no le dio más opción que llevar la mano a ella. Al poco rato notó que el aire tenía un aroma inusual.

-¿De verdad ya es esa fecha de nuevo? -preguntó a la nada, no esperaba que nadie le respondiera.

Salió del fondo de la enorme y casi vacía casa, un lugar lleno de habitaciones demasiado amplias y frías como para ser habitadas por una simple familia nuclear. No le gustaba habitar en esa casa, tan antigua que seguía respetando habitaciones para los abuelos, varios de sus hijos y los nietos venideros. Con el paso del tiempo las familias fueron disminuyendo de número, las casas como la suya se habían modernizado pero ese claramente no era su caso.

Sus abuelos hace tiempo murieron, solo tuvieron un par de hijos y uno de ellos decidió irse al extranjero, el otro hijo era su padre que se esmeraba en perseverar esta vivienda hasta el último de sus días; ella no estaba segura de poder hacer lo mismo.

La falta de habitantes en el lugar no solo colaba el frío y la humedad por todas partes, sino también de manera contradictoria, dispersaban los aromas a la perfección sin la necesidad de ventilar ni un poco. Como esa era la menor de las molestias en el lugar, no le importaba mucho que de vez en cuando su madre prendiera un par de varitas de incienso, incluso si era en su cumpleaños.

A sus recién cumplidos dieciséis años no era un secreto la razón del porque se tenía tan peculiar costumbre familiar, pero a sus cinco años eso la confundía demasiado. Atravesando los pasillos se encontró con una mancha café que se aferraba obstinada a la alfombra. La llevaron a la lavandería y lo mejor que pudieron hacer fue que la macha, una vez negra, se volviera café pálido.

"-La tinta no es fácil de remover", dijo su madre con el rostro plácido, a pesar de la gravedad de su acto al dejar caer el frasco entero de tinta en una reliquia familiar por un simple berrinche, ella no la regaño. En realidad rara vez lo hacía.

"-Después de todo, eres un desastre por dos."

Al principio no lo entendía, nadie se detuvo a explicarle. Pero con el paso de los años, no fue difícil unir todas las piezas.

Se acercó a la puerta de la habitación de sus padres. Su padre hace rato había salido al trabajo y su madre, distinguida e impecable como siempre, estaba de cuclillas y rezaba en silencio mientras el humo se alzaba sin guía alguna del viento.

Imitando sus acciones, se acercó en silencio y unió las manos, rezando por alguien que ninguna de las dos ni nadie más en este mundo llegó a conocer. Se preguntó en secreto si sus oraciones llegaban a los oídos de aquel difunto.

Pensó que si las cosas hubiesen sido diferentes, seguro estaría peleando una y otra vez con su mellizo, discutiendo de temas sin sentido y compitiendo por ver quien es el mejor de los dos. Casi se le escapa una sonrisa ante el panorama imaginario, pero en cambio sólo una profunda pena se le instaló en el pecho.

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⏰ Última actualización: 5 days ago ⏰

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Seré yo (Mobrei)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora