Capítulo #30

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KLARA:

Escupí.

Escupí una y otra vez sin parar hasta que sentí que no quedaba más ningún pequeño trozo de vidrio en mi boca.

El dolor que sentía era desgarrador y mi lengua cada que se movía se sentía como puñaladas en mi interior.

La sangre cubría todo mi rostro y no podía siquiera imaginar en qué estado quedarían mis labios.

Mi captor se llevó la mano a un bolsillo trasero del ancho pantalón negro que vestía y caminó hacia mí.

—Te secaré un poco esos preciosos labios Klara — con lentos toques que me dolían en la vida comenzó a limpiarme la sangre y quién lo viera creería que se preocupaba por mí — no quería excederme pero es que me molestas muy fácil.

Dijo luego de depositar el pañuelo sobre la mesa de metal.

Caminó hacia la silla giratoria y se sentó ante mí.

—Procura hacer silencio Klara, y escuchar muy bien, porque si haces un mínimo gesto, si haces lo más mínimo que pueda molestarme te juro que te mato justo antes de que termines de saber el final de la historia. ¿Lo entiendes?

Era una advertencia

Clara y precisa.

Así que solo asentí.

—Buena chica.

El hombre se dejó recostar la espalda en la silla y mi curiosidad hizo que por un instante olvidara el dolor.

—Había una vez un niño Klara, era apenas un bebé ¿sabes? tenía solo días de nacido cuando su mamá lo regaló, se lo dió a los abuelos para que lo desaparecieran porque ella no lo quería, claro, su madre era apenas una cría de 15 años cuando lo tuvo y no podía reconocer a su propio hijo ¿Puedes creer que exista gente así Klara? — silencio, no entendía que tenía que ver esa historia conmigo — pues la hay, gente que no quieren a sus hijos, que en cuanto nacen los ven como un estorbo en sus vidas y se deshacen de ellos, y eso fue lo que hicieron con ese niño cuando nació. El pequeño fue a parar a un orfanato — el hombre que me tenía secuestrada se paró de la silla y comenzó a caminar por la habitación con lentos pasos y en círculos hasta que por fin se detuvo frente a la vieja ventana repleta de polvo — a una mierda de orfanato dónde vivió hasta los 3 años, pobre crío Klara, todos esos años los vivió junto a un montón de niños enfermizos y llorones a los que la mayoría sus padres se le habían muerto pero a él no, su historia era mucho peor.

El captor caminó hacia mí y se situó de pie frente a mis ojos.

—Un buen día vino una pareja que no podía concebir hijos a adoptarlo, y bueno, el crío sin saber solo se sentía felíz, ¿pero a qué no adivinas qué pasó después? — el encapuchado hizo una pausa — Responde Klara, ¿Qué crees que pasó después?

—Yo... yo no lo sé.

—Claro, qué vas a saber tú Klara Janner. — dijo mientras se sentaba en la silla frente a mí — resultó que la pareja sí pudo tener hijos, a los 9 años del pequeño nació otro hermano que robó toda su atención, un hermano muy lindo con piel suave y que sí se parecía a la familia, al que querían mucho hasta el punto de que solo lo querían para ellos pero esa es una historia que ahora mismo no me apetece contarte — el captor dió dos giros en la silla y nuevamente se detuvo para seguir hablando — el niño del orfanato solo era un estorbo para el hijo biológico y a su vez el niño biológico lo era para el otro, una buena discordia ¿cierto? Y así transcurrieron los años hasta que el pequeño hijo mayor cumplió 19 años y una idea comenzó a circular y circular en su cabeza, el pequeño quería sangre Klara, quería muerte... supongo que tal vez a veces no se piensa en sí se hace daño, sino en eso, en que solo se quiere matar, es... digamos... una necesidad. — hizo una corta pausa y levantó el rostro enmascarado hasta quedar frente con frente a mí — tú conoces muy bien esa necesidad. ¿Cierto Klara?

Devoción a CiegasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora