Capítulo #26

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KLARA:

Fermín había quedado destrozado, tenía los pómulos hinchados y los ojos apenas podía abrirlos, restos de sangre cubrían su ropa y su mirada parecía absorbida por un profundo dolor producto a los golpes.

—¿Supongo que debes sentirte bien al verme así?

El cinismo en su voz no lo había perdido pero debía reconocer que tenía razón.

—Cuando estés a más de 10 metros bajo tierra es que me voy a sentirme verdaderamente bien.

Una sonrisa de medio lado lo hizo toser y escupió un poco de sangre hasta la punta de mis zapatillas negras.

—No tendrías el valor de matar a tu padre.

Una fuerte carcajada salió de mis labios y no pude evitar hacerla evidente para que se le borrara de una vez esa expresión de tenerlo todo bajo control.

—Pobre papá, — dije en un susurro con una voz que me salió más seria de la que creía podía tener — no tienes idea de a quién tenías viviendo bajo tú techo.

—A una pobre mojigata incapaz de cuidarse por si misma.

Soné mi le gusta contra el cielo de mi boca en señal de negación mientras caminaba lentamente hacia él.

—Estás muy equivocado.

Silencio, dejé que la intriga se lo comiera vivo y noté como cambió su expresión a una de gran curiosidad que sabía lo estaba matando.

—Jim Mckenzie estuvo involucrado en encubrirte la noche que murió mamá cuando saliste y no volviste hasta el otro día, — hice una corta pausa y tomé una de las sillas que había al lado para sentarme frente a él — Jaime Loguan fue quien te ayudó a meterme en el Hospital de Luz, Robert Lincon fue quien dejó que me hicieras esas maravillosas visitas al psiquiátrico y Cristóbal Smith encubrió cada una de las veces que le causabas golpes a mamá. ¿No te dice nada eso?

Noté como dudó, como bajó la mirada confuso sin entender muy bien de qué le estaba hablando y yo estaba disfrutando tener el control.

—¿Debería?

—Ay Fermín, Fermín, Fermín. Los cuatros fueron muertos igual que mamá, deshuesados, desmembrados.

—¿Qué tiene que ver eso?

Y a mí me divertía que no viera lo evidente.

—Fue asqueroso hacerlo pero debo admitir que se sintió bien la venganza.

Admití.

—¿De qué hablas Klara?

Hice una corta pausa antes de responderle.

—Hablo, de que fui yo quien los mató.

Fermín humedeció sus labios con su asquerosa lengua y pequeñas gotas de sudor comenzaban a brillar en su frente.

—Por supuesto que no.

—Fui yo Fermín, siempre he sido yo, lo hice para acabar con cada una de las personas que nos hicieron daño a mamá y a mí, y con una segunda intención también debo admitir — y esta parte de mi plan era la más difícil de lograr — que llegara a oídos del asesino de mamá que alguien estaba utilizando sus métodos para acabar con varias vidas, para que ese maldito infeliz me buscara y de una vez por todas acabar con él.

—No creo nada de lo que estás diciendo Klara.

Pero sí me creía, lo notaba en su mirada, en como desviaba la vista, en cómo dudaba y por primera vez en mis años de vida lo ví bajar la mirada ante mí.

Devoción a CiegasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora