El gran salón ya lucía su imponente árbol de Navidad, colocado en el centro por Hagrid, mientras el frío decoraba el paisaje con copos de nieve que caían con suave constancia. Luna había disfrutado esos días con una alegría inusual, casi despreocupada. Almorzaba en la mesa de Gryffindor casi como si fuese parte del ritual diario, sentándose junto a Hermione, Harry y Ron. Ginny también solía estar allí, aunque a veces parecía más distante; desde aquella conversación que habían tenido, percibía que algo había cambiado, como si sus palabras hubiesen calado más hondo en Ginny que en ella.
En los momentos libres, o incluso en medio de los ocupados, Luna se encontraba con Draco. La relación había cambiado, se había vuelto más... profunda. A veces cenaban en la torre de astronomía, mientras otras tardes las pasaban en el Bosque Prohibido, alimentando criaturas mágicas, bueno, más bien Luna lo hacia, mientras Draco se limitaba a observar con una mezcla de escepticismo y curiosidad. Había momentos en los que él se atrevía a tomarla de la mano o incluso a besarla con una valentía inusitada. Luna lo aceptaba con naturalidad, Estar con Draco se había convertido en su parte favorita del día. No podía enumerar todas las cosas que le gustaban de él, porque simplemente era todo. Y cada vez que la besaba, ese todo se sentía completo, como si en ese pequeño instante el mundo se alineara perfectamente.
Sin embargo, una sombra de incertidumbre se colaba en su mente cada vez que lo veía en los pasillos. Ahí, bajo la luz fría de los candelabros y el rumor lejano de los estudiantes, todo aquello parecía desvanecerse como un sueño: las conversaciones, los besos, los gestos compartidos. Draco se le antojaba tan distante, incluso más que antes de conocerlo, y esa sensación de irrealidad le provocaba un leve dolor en el estómago, como un nudo que no lograba desatarse.
El día del partido llegó, y la mañana se llenó de emoción en el estadio de Quidditch. El aire estaba helado, pero la energía de los estudiantes lo hacía vibrar con cada grito y salto desde las gradas. Gryffindor y Slytherin se disputaban el triunfo con ferocidad; las escobas cortaban el aire y las Bludgers se lanzaban como proyectiles furiosos en todas direcciones.
Harry, con la determinación de un cazador, atrapó la Snitch dorada justo antes de que Draco pudiera rozarla con los dedos. El estadio estalló en vítores cuando Gryffindor se consagró ganador, y Harry casi gritó de felicidad, levantando el puño en el aire con la pequeña esfera dorada brillando en su mano. Los miembros de Slytherin, por su parte, mostraban rostros tensos y frustrados, pero Draco permanecía inexpresivo, su mandíbula apretada.
Sin embargo, casi como si el mundo hubiera decidido romper sus propias reglas, Draco no protestó, no lanzó una sola palabra mordaz hacia Harry ni buscó iniciar una pelea. En lugar de eso, le dedicó una fría mirada de desprecio y luego se alejó del campo. Mientras caminaba, sus ojos se dirigieron instintivamente hacia las gradas, y allí la vio: Luna, siempre tan única.
Llevaba en la cabeza un enorme sombrero con forma de león que rugía cada cierto tiempo, pero en su rostro estaban pintados los colores verde y plateado de Slytherin. En una mano sostenía una bandera con la serpiente plateada ondeando suavemente al viento. Draco soltó una breve risa al notar aquel detalle. Por supuesto, ella no se pondría en contra de sus amigos por él, pero tampoco se quedaría sin mostrarle su apoyo. Era tan típicamente Luna, fiel a su manera impredecible, como si la victoria o la derrota fueran insignificantes mientras ella estuviera allí.
Sus miradas se encontraron a pesar de la distancia. Sintió el peso de aquellos ojos plateados posándose sobre él. En su expresión, Luna parecía reflejar una ligera inquietud por la derrota, pero él simplemente le dedicó una pequeña mueca que insinuaba una sonrisa, una casi invisible curvatura en sus labios. Para su propia sorpresa, no se sentía desanimado. Había perdido el partido, sí, pero la sensación de fracaso no lo invadía del todo. Porque sabía que, al final, había algo más importante. Luna estaría allí para él, como siempre lo estaba, y eso le daba una inesperada paz en medio del bullicio del estadio.
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"Destino Perfumado"
FanfictionLuna Lovegood siente una extraña y atrayente sensación cuando está cerca de Draco Malfoy, un misterio que no descansará hasta desentrañar. Decidida a descubrir por qué tiene ese efecto sobre ella..☪️🐍
