La semana había sido agitada y, a la vez, tan lenta como las clases de Historia de la Magia. Draco Malfoy estaba tumbado en el sillón de la sala de estar de Slytherin, derrotado, observando el techo mientras los segundos pasaban. Hoy era el día... tenían que irse por un buen tiempo de vacaciones de Navidad, cada uno a su hogar, estaba esperando que blaise terminara de hacer sus maletas para dirigirse a la estación de Hogsmeade y partir.
La mayoría estaban felices por eso. Pansy parloteaba emocionada sobre sus planes en la mansión Parkinson, Theodore comentaba algo sobre un viaje con su familia, y Blaise... bueno, Blaise simplemente disfrutaba de la idea de unas vacaciones sin la presión académica. Pero él... él no.
Porque irse significaba dejar de ver a Luna. Y lo peor no era eso. Lo peor era irse sabiendo que ella no solo lo odiaba, sino que ni siquiera le apetecía verlo.
Una parte de él quería hacer lo de siempre: convencerse de que no le importaba, de que Lovegood no era más que una rareza pasajera en su vida, algo que podía olvidar con la misma facilidad con la que desechaba a los demás. Fingir que no cometió ningún error y borrarla de su mente. Lo había hecho antes, con muchas personas. Pero esta vez... esta vez no podía.
Porque ella no era como las demás.
Exhaló con fastidio y cerró los ojos, pero su mente lo traicionó con los recuerdos de la semana anterior.
[Días antes...]
Había tratado de hablar con ella en más de una ocasión, y cada intento había sido peor que el anterior.
La primera vez fue en el pasillo después del almuerzo, cuando la vio caminar sola con su habitual andar despreocupado. Pensó que era su mejor oportunidad, pero justo cuando estaba por llamarla, Peeves apareció de la nada y le lanzó un puñado de lo que parecía ser polvo de tiza encantado. Terminó estornudando, cubierto de blanco, mientras Luna lo miraba con diversión antes de seguir su camino sin siquiera detenerse.
La segunda vez fue en el invernadero, un sitio que ella últimamente solía frecuentar. La encontró observando atentamente una planta carnívora como si le estuviera susurrando secretos. Se aclaró la garganta, dispuesto a hablar, pero antes de que pudiera hacerlo, la planta saltó en su dirección con un gruñido y Draco, en un acto nada digno, se echó hacia atrás con los ojos abiertos como platos. Luna, con toda tranquilidad, solo murmuró: "No le gustan las malas vibras." Y volvió a lo suyo.
La tercera fue en el Gran Comedor. Dejó una nota en su plato con un mensaje simple: "Podemos hablar. Por favor." La observó desde la mesa de Slytherin mientras ella la tomaba, la leía... y luego la doblaba cuidadosamente para usarla como soporte para su taza de jugo de calabaza.
Blaise, que había visto la escena, se rió entre dientes y murmuró: "Creo que le dio mejor uso a esa servilleta que tu."
Draco quiso estrangularlo.
Ayer:
La frustración lo estaba consumiendo. Necesitaba un respiro.
Decidió que lo mejor sería ir a un lugar tranquilo, lejos de Pansy y Blaise, quienes estaban más insoportables que nunca. Blaise con sus consejos inútiles sobre cómo reconquistar a una chica, y Pansy insistiendo en que le explicara qué había sido eso de "ayudar a escapar del caos a la lunática". No respondía nada. Esquivar preguntas era más fácil que enfrentar la humillación de admitir lo que realmente estaba sintiendo.
Terminó en la biblioteca, y por primera vez en todo el día, sintió un mínimo de alivio. Era silencioso, poco concurrido... un buen sitio para estar solo.
Pero entonces la vio.
Luna estaba allí, sentada con un enorme libro abierto sobre la mesa, sus dedos pasando las páginas con una delicadeza casi hipnótica. Parecía completamente absorta en su lectura.
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"Destino Perfumado"
FanfictionLuna Lovegood siente una extraña y atrayente sensación cuando está cerca de Draco Malfoy, un misterio que no descansará hasta desentrañar. Decidida a descubrir por qué tiene ese efecto sobre ella..☪️🐍
