La habitación de Slytherin.
La habitación de Slytherin estaba sumida en una penumbra constante, apenas iluminada por las suaves luces verdes que emanaban de las lámparas de cobre oscuro. Las paredes de piedra húmeda parecían absorber la escasa luz, y el leve murmullo del agua del lago negro filtrándose a través de las ventanas reforzaba la sensación de encierro.
Cinco camas con dosel verde oscuro y cortinas de terciopelo negro ocupaban el espacio, cada una con baúles semiabiertos y ropas desperdigadas por el suelo. El aire tenía una mezcla peculiar a cuero y colonia masculina, casi sofocante.
Crabbe y Goyle se reían con su característico sonido tosco y poco refinado. Goyle, con una sonrisa torpe y burlona, señaló a Draco, que estaba sentado en el borde de su cama con una expresión ceñuda y ojeras marcadas bajo sus ojos grises.
—¿Qué pasa, Draco? —bufó Crabbe entre risas—. ¿Te miraste al espejo? Parece que un dementor te robó un beso.
Goyle resopló, su risa más un gruñido que otra cosa.
—O tal vez se le fue el buen humor por el desagüe —añadió, dándole un codazo con Crabbe.
Draco los fulminó con la mirada, sus labios tensos en una línea severa. Su piel pálida parecía aún más translúcida bajo la luz esmeralda, y los músculos de su mandíbula se contrajeron, conteniendo una respuesta mordaz. Un tic involuntario agitó su ceja izquierda.
Blaise Zabini, apoyado con elegancia contra uno de los postes de su cama, observaba la escena con una mezcla de indiferencia y curiosidad. Su mirada oscura y calculadora estudiaba cada expresión de Draco sin emitir juicio.
—Vámonos, estos no están para jugar —murmuró Theodore Nott, acomodándose una bufanda de Slytherin alrededor del cuello. Su tono tenía un filo de desprecio dirigido a Draco.
Los demás recogieron sus escobas con movimientos bruscos, y con una última mirada desdeñosa, salieron de la habitación, dejando un silencio incómodo.
Draco se dejó caer de espaldas en su cama, clavando los ojos en el dosel. Sus dedos se cerraron alrededor de una arruga en las sábanas. Un suspiro escapó de sus labios, cargado de frustración.
—¿Te vas a quedar ahí mucho tiempo, Zabini? —soltó con aspereza, sin molestarse en mirar hacia él—. ¿O necesitas que te dé una función más patética para tu entretenimiento?
Blaise no respondió enseguida. Se quedó quieto, observándolo con una seriedad inusual, como si estuviera calibrando cada palabra antes de soltarla. Finalmente, se acercó un poco más, metiendo las manos en los bolsillos de su túnica.
—No estoy aquí para burlarme —dijo. —Aunque si quieres convertirte en una tragedia andante, adelante. Pero lo que realmente me preocupa es que no estés durmiendo, ni siquiera viviendo. Estás hecho un desastre, Malfoy.
Draco apretó los párpados con fuerza, como si quisiera bloquear la verdad que le devolvían esas palabras. Un calor incómodo le subió al pecho, una mezcla de rabia y algo más profundo que no podía admitir.
—¿Y qué más da? —murmuró, casi para sí mismo—. Todo es una mierda.
Hubo un silencio pesado. Blaise entrecerró los ojos, evaluando el peso de esa confesión.
—¿Tiene algo que ver con... L.L.? —preguntó finalmente, su tono suave pero directo.
Draco abrió los ojos y giró la cabeza hacia su amigo. Su mirada era una tormenta contenida, llena de dudas.
—¿Y tú qué puedes saber, Zabini?.
Blaise desvió la mirada y apretó los labios antes de volver a hablar.
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"Destino Perfumado"
FanfictionLuna Lovegood siente una extraña y atrayente sensación cuando está cerca de Draco Malfoy, un misterio que no descansará hasta desentrañar. Decidida a descubrir por qué tiene ese efecto sobre ella..☪️🐍
