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 Luna se removía en su asiento, mientras jugueteaba con una cuchara sin realmente prestar atención a la comida frente a ella. La conversación fluía animadamente entre Hermione y Ginny, pero su mente vagaba por rincones más confusos. Desde que había decidido que sería amiga de Draco Malfoy, algo no cuadraba. El lago, ese beso breve que había compartido con él. Draco lo había mencionado solo de pasada, restándole importancia, como si hubiera sido tan solo un beso más. Pero para Luna, no lo era.

Cada vez que cerraba los ojos, el momento volvía a ella: el roce inesperado de sus labios con los de draco, el leve temblor en sus manos cuando el contacto se rompió. A pesar de la confusión, había algo innegable en ese breve instante. No solo la sorpresa o el nerviosismo, sino la chispa que encendió algo en su interior. Desde entonces, su mente no había dejado de girar en torno a ese momento, tratando de entender lo que realmente había sentido.

El frío del metal de la cuchara contra sus dedos era una distracción bienvenida del remolino de pensamientos en su cabeza. Todo se entremezclaba con el murmullo de la conversación a su alrededor.

—... así que simplemente me acerqué a él y le di un beso. —Ginny estaba contando algo que Luna apenas había seguido.

Luna parpadeó, sacudiendo su cabeza para concentrarse en la conversación. Hermione, que había estado metida en su sopa, levantó la vista con una expresión de sorpresa.

—¿A Dean? —preguntó Hermione, interesada, mientras Ginny asentía con una sonrisa orgullosa.

—Sí, exactamente. Sabía que si seguía esperando, nunca pasaría nada. Él es dulce, pero tímido, así que decidí ser yo quien tomara la iniciativa.

Luna, que hasta ese momento había estado en su propio mundo, de repente se sintió intrigada. Se inclinó hacia adelante, sus ojos grisáceos brillando con curiosidad.

—¿Así que lo besaste tú primero? —preguntó, como si fuera un concepto absolutamente revolucionario.

Ginny se encogió de hombros, quitándole importancia.

—Sí, no fue gran cosa. Solo me acerqué y... ya sabes, lo hice.

Luna fijó la mirada en Ginny, su mente volviendo al lago, al beso. Había sido inesperado, sí, pero... ¿y si no lo había sido del todo? ¿Podría un beso, aunque restado de importancia, significar algo más? Luna no entendía del todo cómo funcionaban esas cosas.

—¿Y cómo lo supiste? —preguntó, su tono ligeramente más serio.

Ginny frunció el ceño, confundida.

—¿Cómo supe qué?

—¿Cómo supiste que debías besarle? ¿Lo oliste primero? Como en la Amortentia. ¿O fue algo que viste en sus orejas?

Hermione casi escupió su sopa.

—¿Qué...? Luna, no... no olí nada. Solo... lo sentí. Sabía que me gustaba, y pensé que él también sentía lo mismo, así que... bueno, simplemente pasó.

Luna asintió con una seriedad que contrastaba con lo absurda de su pregunta anterior.

—¿Y no pensaste que podría convertirlo en un Gusarajo si lo besabas sin estar segura? —preguntó, genuinamente preocupada por las posibles consecuencias de besar a alguien sin confirmarlo primero.

Ginny y Hermione se miraron, confundidas y, al mismo tiempo, divertidas.

—¿Un... qué? —repitió Ginny, tratando de no reír.

—Un Gusarajo, ya sabes, criaturas pequeñas y... viscosas. —Luna lo explicó como si fuera lo más obvio del mundo.

Ginny y Hermione se quedaron mirándola, como si esperaran que estuviera bromeando, pero cuando vieron la seriedad en su rostro, intercambiaron una mirada de incredulidad. Hermione fue la primera en hablar, entre risas nerviosas.

—Bueno, Luna, creo que... los besos no suelen tener ese tipo de efectos secundarios.

Luna asintió lentamente, pero una ligera arruga apareció en su frente, señalando la confusión que todavía la rondaba. Aunque sus amigas continuaban riéndose, ajenas a su distracción, ella presionó los labios, perdida en sus pensamientos.

Recuerdos del beso, breve y efímero, pero impregnado de una intensidad que no podía ignorar, volvían a ocupar su mente. Sintió el frío de sus labios al principio, pero luego, algo cálido emergió, una sensación inesperada que no pudo procesar del todo en ese momento. Había algo más en él. Sus ojos, tan llenos de algo roto, de una soledad que de algún modo resonaba con la de ella.

Era consciente de que Draco no era como los demás. Estaba tan atrapado en su propia fachada que pocas personas lo veían como era realmente. Y, de alguna manera, ella lo había visto, aunque solo fuera por un momento. Recordaba cómo sus rostros se habían quedado a centímetros de distancia tras el beso, cómo ambos habían contenido la respiración, sorprendidos por lo que acababa de ocurrir.

Pero no había esperado nada más. Luna no creía en finales perfectos, ni siquiera creía que Draco la mirara de otra forma. Pero le gustaba su amistad, por extraña que pareciera. Disfrutaba de esa extraña y sutil complicidad que compartían, sin expectativas ni promesas.

Sin embargo, había algo, algo roto que resonaba con su propia soledad. Y en ese entendimiento silencioso, se encontraba a gusto. No necesitaban más que eso: el espacio para estar juntos, incluso en el silencio, como amigos. Porque, al final del día, la amistad con Draco, tan improbable como parecía, le traía una paz que no esperaba encontrar en alguien como él. Pero la duda persistía. ¿Podría un beso cambiar lo que compartían?.

Luna dejó escapar un suspiro suave, apartando momentáneamente el recuerdo. Sin embargo, mientras seguía recordando ese momento, se dio cuenta de que, a pesar de la chispa que encendía en ella, no esperaba nada más. Aunque... una pequeña parte de ella se preguntaba: ¿él también sintió algo?.




(Pequeña escena que tenía guardada. Antes de olvidarla, mejor la publico.  n.n)

"Destino Perfumado"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora