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Luna apoyaba la frente contra el vidrio helado del tren, observando el paisaje que se desdibujaba en manchas borrosas mientras Hogwarts se alejaba. La vibración del tren se sentía en su cuerpo, acompasando el latido irregular de su corazón. Su aliento chocaba contra el cristal, creando una fina capa de vapor que se desvanecía casi de inmediato.

El gesto de Draco la había dejado... desorientada. Quería ser fuerte, mantener la distancia y seguir adelante, pero en el fondo, sabía que estaba fingiendo. Se había prometido no ceder, disfrutar de ese súbito control que tenía sobre la situación, pero todo se había salido de sus manos.

Había pensado dejarlo atrás. Había querido hacerlo.

Pero su insistencia... su disculpa...

No solo se había disculpado frente a Harry y Ginny. También lo había hecho frente a Blaise Zabini, alguien que representaba el mundo en el que Draco se movía con arrogancia y orgullo. Eso significaba que tal vez hablaba en serio.

Sus mejillas se calentaron de golpe. Quiso convencerse de que no era gran cosa, que no debería afectarle tanto. Pero el leve temblor en sus manos y el peso en su pecho la contradecían.

Soltó un suspiro y la brisa helada del invierno lo transformó en una nubecilla blanca.

King's Cross

Cuando el tren se detuvo en la estación de King's Cross, Luna tomó su baúl y se despidió con una sonrisa de sus amigos. Harry y los demás se marcharon hacia la Madriguera después de insistir en que los acompañara, pero ella tenía que esperar a su padre, quien estaba llegando tarde.

Buscó un banco cercano para sentarse, pero antes de llegar a él, su mirada captó algo.

O mejor dicho, alguien.

A lo lejos, de pie y solo, Draco Malfoy miraba su reloj. Sus dedos tamborileaban contra la esfera con aparente impaciencia, pero su postura decía otra cosa. No tenía prisa.

Luna lo supo al instante. No era la impaciencia altiva de quien espera algo importante. Era la inquietud de quien no sabe qué hacer consigo mismo. Como si estuviera buscando un propósito en medio del andén.

El tren ya se había vaciado casi por completo.

Luna sintió el impulso de seguir caminando, de no detenerse. Pero sus pies no se movieron.

Él estaba solo.

Tan solo como ella misma se había sentido en incontables ocasiones.

Apretó los labios y deslizó la mano dentro de su bolsillo, sintiendo la textura áspera del pergamino doblado. Lo había escrito sin pensar demasiado, sin siquiera decidir si se lo daría o no. Pero ahora estaba allí, sosteniéndolo entre los dedos mientras observaba a Draco Malfoy en una faceta que pocos veían.

Se acercó con pasos ligeros. Draco no la notó hasta que estuvo casi a su lado.

—Draco.

Él se giró bruscamente, como si la voz de ella hubiera sido un hechizo que lo arrancaba de sus pensamientos. Su expresión pasó de la sorpresa a una neutralidad estudiada en cuestión de segundos, pero Luna vio el destello inicial en sus ojos.

—Lovegood.. yo —murmuró.

Luna inclinó la cabeza.

—Tienes demasiadas arrugas en la frente. Puede que se te queden así.

Él parpadeó.

—¿Qué?

—Eso decía mi madre.

Draco la miró como si se debatiera entre la incredulidad y la sorpresa. Después de tanto tiempo ignorándolo, lo primero que ella le decía era eso. Pero entonces, algo en sus labios tembló, un amago de sonrisa a punto de escaparse.

"Destino Perfumado"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora