𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 20: 𝐓𝐞 𝐧𝐞𝐬𝐞𝐜𝐢𝐭𝐨
El sol del mediodía entraba a raudales por la ventana del living. Mi mamá estaba sentada con una taza de té, hojeando revistas de decoración en francés. Como siempre, parecía demasiado ocupada para notar que yo estaba de pie en la puerta, nerviosa pero decidida.
“¿Podemos hablar?” pregunté finalmente.
“¿Qué pasa, Manuela?” respondió sin levantar la vista.
Tomé aire, intentando que mi voz no temblara. “No voy a irme a Europa con vos.”
Eso sí logró que levantara la cabeza. Sus ojos claros se clavaron en mí, con esa mezcla de sorpresa y desdén que solo ella sabía manejar.
“¿Cómo que no vas a venir? Ya lo decidimos.”
“No, mamá. Vos lo decidiste. Yo nunca dije que quería ir.”
“Manuela, no seas ridícula. Esto es una oportunidad para vos, para tu futuro. París no es algo que puedas rechazar.”
“¿Futuro? ¿Qué futuro? El tuyo, no el mío,” dije, sintiendo cómo la rabia empezaba a crecer en mi pecho. “Tengo mi banda, tengo mi música, tengo algo que me hace feliz. ¿Por qué no podés entender eso?”
Su expresión cambió de sorpresa a frialdad en cuestión de segundos. “La música no es un futuro, es un capricho. Y esto es lo mejor para vos, aunque no lo entiendas ahora.”
“Puede que no lo entienda, pero tampoco voy a dejar que vos decidas por mí. No voy a ir, mamá.”
Se levantó de su silla y caminó hacia mí, cruzándose de brazos. “¿Y qué pensás hacer? ¿Quedarte acá, metida en bares y tocando para un par de borrachos? ¿Eso es lo que querés?”
“No me importa lo que vos pienses de mi música. Es mi vida, mamá, y voy a vivirla como yo quiera.”
Sin esperar una respuesta, di media vuelta y salí del living, dejando su mirada incrédula clavada en mi espalda.
---
El bar estaba más lleno de lo habitual. El ruido de risas, charlas y copas chocando llenaba el lugar. Caminé directo a la barra, donde Matías ya me había visto llegar.
“¿Otra vez escapándote de casa?” preguntó con una sonrisa mientras me servía una cerveza sin que se lo pidiera.
“Como siempre,” respondí, dejándome caer en uno de los taburetes.
Matías era uno de esos amigos que se hacen sin buscarlo, alguien que simplemente estaba ahí, escuchando mis quejas y compartiendo silencios cómodos.
“¿Y hoy qué pasó?”
“Le dije a mi mamá que no voy a irme con ella a Europa.”
“¿Te echó de casa?”
“Todavía no,” dije, riendo un poco.
Matías negó con la cabeza mientras limpiaba un vaso. “Tenés más coraje que muchos, Manu.”
---
Más tarde, alguien del público —no supe quién— se me acercó por detras mio para hablarme, para luego desaparecer sigilosamente: “¡Eh, vos Manu, la de Estelares, subite a cantar algo!”
Intenté negarme, pero el resto del bar empezó a corear mi nombre. Matías me dio un empujón suave hacia el pequeño escenario.
“Dales el gusto,” dijo, sonriendo.
Subí, sintiéndome un poco nerviosa pero emocionada. El guitarrista de la banda que tocaba esa noche me prestó su instrumento, y me acerqué al micrófono.
“Esto se llama El corazón sobre todo,” anuncié, y los aplausos llenaron el lugar.
Empecé a tocar los primeros acordes, y de inmediato, el bar se sumió en un silencio expectante. Mi voz salió suave al principio, pero fue ganando fuerza con cada verso, con cada palabra que parecía salir directamente de mi corazón.
Cuando terminé, el silencio se rompió con un estallido de aplausos y vítores. Algunas personas se acercaron a felicitarme, y Matías me ofreció otra cerveza como premio.
“Lo hiciste increíble,” dijo, dándome un abrazo breve pero sincero.
“Gracias,” respondí, todavía un poco abrumada por la emoción.
Justo en ese momento pude divisar a mi grupo de amigos; Fran, Cielo y Lara. Ya me puedo imaginar quienes fueron los que alentaron para que pase a cantar..
---
Cuando llegué a casa esa noche, el departamento estaba en silencio. Mi mamá se había encerrado en su cuarto, y no había señales de mi hermano ni de mi papá, como de constumbre. Dejé la mochila en el piso y encendí la computadora para distraerme un rato.
Ahí estaba: un nuevo mensaje en mi bandeja de entrada.
De: Guido Sardelli
guido.airbag@gmail.com
Para: Manuela Santillán manu.pr@gmail.com
Asunto: Hoy
Manu,
¿Puedo pasar por tu casa? O, si preferís, vení a la mía. Te necesito.
Sentí cómo mi corazón empezaba a latir más rápido. Guido y su manera de decir tanto con tan pocas palabras. Cerré los ojos un momento, intentando decidir qué hacer.
Finalmente, escribí una respuesta rápida.
De: Manuela Santillán manu.pr@gmail.com
Para: Guido Sardelli
guido.airbag@gmail.com
Asunto: Re: Hoy
Guido,
Voy para allá.
Tomé mi mochila otra vez y salí sin pensarlo dos veces.
ESTÁS LEYENDO
𝐄𝐋𝐋𝐀 𝐃𝐈𝐉𝐎 | 𝐺𝑈𝐼𝐷𝑂 𝑆𝐴𝑅𝐷𝐸𝐿𝐿𝐼
ФанфикшнE𝑛 𝑒𝑙 𝑓𝑟𝑒𝑛𝑒𝑡𝑖𝑐𝑜 𝑚𝑢𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑟𝑜𝑐𝑘 𝑛𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙, 𝑀𝑎𝑛𝑢𝑒𝑙𝑎, 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑝𝑒𝑛𝑎𝑠 18 𝑎𝑛̃𝑜𝑠, 𝑒𝑚𝑝𝑖𝑒𝑧𝑎 𝑎 𝑖𝑛𝑣𝑜𝑙𝑢𝑐𝑟𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑛𝑜𝑐ℎ𝑒𝑠 𝑣𝑎𝑐𝑖𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 2010. 𝐴𝑛̃𝑜𝑠 𝑚𝑎𝑠 𝑡𝑎𝑟𝑑𝑒, 𝑦𝑎...
