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𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 16: 𝐓𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐛𝐮𝐞𝐧𝐚 𝐯𝐨𝐳.

“¿Te animás?” me preguntó, señalando el escenario con la cabeza.

“¿Animarme a qué?” respondí, haciéndome la distraída, aunque sabía exactamente a lo que se refería.

“¿A cantar algo conmigo?”

“No sé, Guido, yo soy más de coros...”

“Mentira. Vos escribís canciones. Sabés que tenés buena voz. Dale, no seas cobarde.”

Rodé los ojos, pero en el fondo, la idea me tentaba. Antes de que pudiera decidir, Guido ya estaba caminando hacia el piano, dejándome sola en la mesa.

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Cuando llegué al escenario, él ya estaba sentado frente al piano, tocando las primeras notas de algo que reconocí al instante: Trátame suavemente.

“¿En serio? ¿Esto?” pregunté, subiéndome al escenario.

“Sí, ¿por qué no? Es perfecta.”

La referencia no me pasó desapercibida. Esa canción era casi un himno para los corazones confundidos, y en ese momento, se sentía como si las palabras de Cerati fueran nuestras.

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Una conexión que iba más allá de las palabras

Guido comenzó a cantar la primera estrofa, su voz grave llenando el pequeño espacio:

"Alguien me ha dicho que la soledad..."

Cuando llegó el turno del estribillo, lo miré. Él asintió con la cabeza, animándome a seguir. Cerré los ojos y dejé que mi voz se uniera a la suya:

"Trátame suavemente..."

Por unos minutos, el resto del mundo desapareció. Solo estábamos nosotros, compartiendo algo más que una canción. Cuando terminamos, el bar estalló en aplausos tímidos pero sinceros. Me reí nerviosa, mientras Guido sonreía como si supiera algo que yo no.

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Una conversación entre líneas

Volvimos a nuestra mesa, todavía un poco emocionados por lo que acababa de pasar.

“¿Ves? Te dije que tenías buena voz,” dijo él, tomando un sorbo de su café.

“Fue porque me seguiste bien. Si no, hubiera sido un desastre,” respondí, tratando de quitarle importancia.

“Siempre minimizás todo lo que hacés. Eso es lo que más me jode de vos.”

“¿En serio?” Lo miré, sorprendida por su sinceridad.

“Sí. Tenés mucho talento, Manuela. Lo sabés, pero te da miedo admitirlo. No sé por qué, pero me gustaría entenderlo.”

Me quedé en silencio. Había algo en la manera en que me miraba, como si realmente quisiera ver más allá de las palabras, y eso me asustaba un poco.

“Tal vez algún día te lo cuente,” respondí finalmente.

“Tal vez,” dijo él, sonriendo.

𝐄𝐋𝐋𝐀 𝐃𝐈𝐉𝐎  | 𝐺𝑈𝐼𝐷𝑂 𝑆𝐴𝑅𝐷𝐸𝐿𝐿𝐼Donde viven las historias. Descúbrelo ahora