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𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 27: 𝐔𝐧𝐚 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐚𝐜𝐢ó𝐧, 𝐦á𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐞𝐫𝐭𝐞𝐳𝐚.

El aire del after party estaba cargado de una energía que no lograba entender del todo. Risas, copas que se cruzaban, y esa música de fondo que parecía marcar el pulso de la noche. Me apoyé contra una de las paredes, observando cómo todo parecía girar en cámara lenta a mi alrededor.

No llevaba más de diez minutos ahí cuando una voz familiar rompió mi burbuja.

—¿Manu? ¿Sos vos?

Me giré rápidamente y ahí estaba Lara, con una copa en la mano y una sonrisa incrédula. El tiempo no le había hecho más que justicia. Su pelo —ahora rubio— caía sobre sus hombros, y sus ojos brillaban como siempre lo habían hecho.

—¡Lara! —exclamé, sorprendida y genuinamente feliz de verla.

Nos abrazamos con fuerza, como si los años no hubieran pasado. Era curioso cómo algunas amistades podían sobrevivir a todo, incluso a la distancia y las diferencias.

—¡No puedo creerlo! ¿Qué hacés acá? —preguntó, dando un trago a su copa.

—Lo mismo que vos, supongo. ¿Hacer acto de presencia? —respondí con una sonrisa.

Lara soltó una carcajada.

—Claro, la estrella del Cosquín. ¿Cómo no te iba a cruzar acá? Los Estelares la rompieron.

Sonreí, algo incómoda con el halago, pero agradecida.

—¿Y vos, siguiendo en lo tuyo?

—Sí, bueno… Lo intento. Tengo un programa de radio en una FM bastante conocida y hago algo de prensa para bandas, pero nada tan grande como lo tuyo.

—Dejate de joder. Siempre tuviste talento para esto —respondí, sincera.

Nos pusimos al día entre risas y recuerdos, y por un momento, todo lo demás se desvaneció. Lara siempre había sido un cable a tierra para mí, alguien con quien podía hablar de cualquier cosa sin filtros.

Sin embargo, la conversación tomó otro rumbo cuando ella me miró con un gesto más serio.

—Manu, ¿sabés que están los de Airbag por acá?

Sentí cómo mi corazón daba un pequeño salto, pero mantuve la compostura.

—Me enteré —respondí, haciendo un esfuerzo por sonar casual.

—Vi a Guido hace un rato. —Lara bajó la voz, como si dijera algo que no debería. Y como no hacerlo.

No respondí de inmediato. En su lugar, tomé un sorbo de mi copa y desvié la mirada hacia la multitud.

—¿Y? —pregunté, finalmente.

—Nada, solo… Pensé que era un tema del que no te gustaba hablar.

La miré con una media sonrisa.

—Lara, han pasado años. No voy a sentirme mal por verlo.

Ella asintió, pero su expresión dejaba claro que no me creía del todo.

Nos despedimos con otro abrazo, y me quedé sola, dejándome llevar por el murmullo de la gente. Mientras las horas avanzaban, perdí la noción del tiempo entre copas y charlas.

El after party empezaba a morir lentamente. El ambiente se sentía más cálido, las luces más bajas, y la música se tornó más melancólica. Fue entonces cuando sonaron los primeros acordes de "Trátame suavemente".

No sé si fue el alcohol o simplemente la canción en sí, pero sentí un tirón en el pecho. Cerré los ojos por un momento, dejando que la melodía me envolviera.

—"Alguien me a dicho que la soledadse esconde tras tus ojos, y que tu blusa atora sentimientos que respiras..."

Sin pensarlo demasiado, dejé mi copa sobre una mesa cercana y me moví al compás de la música. Mis pies apenas rozaban el suelo mientras mi cuerpo se balanceaba lento, casi como si estuviera soñando despierta.

No importaba que el lugar estuviera lleno de gente; en ese instante, todo lo demás dejó de existir.

Pero cuando abrí los ojos, noté algo. Una sensación, más que una certeza.

Había alguien observándome.

Intenté buscar entre las sombras, entre las figuras que se perdían en el espacio. Pero la neblina del alcohol y la tenue luz no me dejaron distinguir del todo quién era. Solo una silueta, quieta, separada del bullicio.

Sacudí la cabeza y volví a cerrar los ojos, volviendo a dejarme llevar por la música. Lo último que necesitaba esa noche era hacerme ideas.

"Quiero que me trates suavemente.."

La canción terminó, dejando un eco que parecía resonar directamente en mi pecho.

Cuando volví a abrir los ojos, la figura ya no estaba.

𝐄𝐋𝐋𝐀 𝐃𝐈𝐉𝐎  | 𝐺𝑈𝐼𝐷𝑂 𝑆𝐴𝑅𝐷𝐸𝐿𝐿𝐼Donde viven las historias. Descúbrelo ahora