034

259 21 0
                                        

Capítulo 34: Entre notas que van y vienen.

Luego de la exhausta noche que tuve junto a Lara, las risas y las anécdotas contadas, me dirigí hacia el estudio.

La fría mañana me calaba los huesos, sentimiento  que se intensificó más al ver a cierto rubio. El, como siempre, tenia esa energia tan segura y relajada. Pero hoy algo estaba distinto, algo se sentía distinto. Al revisar mi lugar en el estudio, me percaté con una nota:
"A veces, el camino se abre solo."

Cuando la termine de leer, no pude evitar en sentir un escalofrío, en el peor de los sentidos. No me hace gracia este jueguito de creerse Aristoteles.

En cuestión de segundos giré mi cabeza para poder encontrar alguna mirada que delatara algo, un autor, pero no encontré nada. Todos estaban en la suya, afinando voces, guitarras, sin prestar la suficiente atención.

Y en ese momento, me di cuenta que había alguien más.

No hay posibilidades de que que sea Guido, no recuerdo su letra así, y mucho menos lo diría por una nota.

El vendría y me lo diría de frente.. o por lo menos, yo me quedé con esa versión de él.

Sin darle demasiada importancia al acontecimiento, hice la misma rutina de siempre con los instrumentos, afinando y armonizando voces.

—Bueno chicos, hoy tenemos un ensayo más exhaustivo. —anuncio Fabricio, el productor.— Sabemos que estamos cortos de tiempo, y que cada banda tiene su propia movida, pero esto nesecita compromiso. Por eso, hoy mismo, tenemos a Ricardo Mollo, también va a formar parte. Sin más preámbulos, continúen con la jornada.

Me perdí en la mirada de Fede, que acababa de llegar, sin antes prestarle atención al —insoportable— del productor. Había algo en la mirada de ese fotógrafo que me costaba muchísimo decifrar, pero que, por otra extraña razón, me traía familiaridad a otros ojos cafés.

Y como si fuera apropósito, el productor indicó que continuemos con Nada De Esto Fue Un Error.

Aveces me pregunto que karma tendré que estar pasando para que estas extrañas razones resurjan de la nada y tomen el control de mis pensamientos, ignorando completamente la razón por la que los guardo profundamente en mi corazón.

Noviembre 11. 2016

El sonido de la multitud vibraba en mis huesos. El estadio entero parecía respirar al mismo ritmo, esperando. Y yo… yo solo podía pensar en él.

Sostuve el micrófono con ambas manos, intentando calmar el temblor de mis dedos. No era miedo escénico—nunca lo había sido—pero algo en esta noche la hacía diferente.

A mi lado, Guido.

Con su poncho tan característico, su guitarra colgando con esa facilidad arrogante que siempre lo hacía ver tan él. Lo conocía tanto que podía notar cada detalle, incluso los que los demás ignoraban. Cómo se pasaba las manos por su cabello antes de empezar una canción. La facilidad con la que tamboliaba sus anillos entre sus dedos. Cómo, cuando me miraba, parecía que el mundo se achicaba a ese instante.

Y ahora me estaba mirando.

—Vamos, linda.

La sonrisa me salió natural, como siempre con él. Asentí, sintiendo la calidez de su voz envolverme.

Habíamos cantado juntos tantas veces que ya no necesitábamos ensayos para esto. Era instinto. Química pura. Cuando cantábamos, cuando nuestras voces se encontraban en una melodía, todo lo demás desaparecía.

No necesitaba que dijera nada más. No necesitaba promesas, ni explicaciones.

Guido era música, y cuando estaba con él, yo también lo era.

---

Nuevamente, recuperándome de torpes recuerdos, puse mi mente en pie.

Ya no era una adolescente, una niña.

Ahora soy una adulta, con responsabilidades, y sobretodo, profesionalismo. Por eso, deslice las cuerdas sobre mí guitarra para interpretar esa iconica canción.

𝐄𝐋𝐋𝐀 𝐃𝐈𝐉𝐎  | 𝐺𝑈𝐼𝐷𝑂 𝑆𝐴𝑅𝐷𝐸𝐿𝐿𝐼Donde viven las historias. Descúbrelo ahora