Capítulo 32: Aveces cuando hay noches vacías, me acuerdo de vos.
El ensayo continuó con normalidad, o al menos eso aparentábamos todos. Yo seguí cantando y tocando con la misma entrega de siempre, como si la reacción de Guido no hubiera significado nada. Pero la verdad era otra.
Había algo en su mirada cuando me escuchó cantar que me desconcertaba. No era el Guido que solía verme con superioridad o indiferencia. Era otra cosa.
En ese momento, cuando me detuve a observarlo con más detalle después de años de no hacerlo, me di cuenta que algunas cosas nunca cambian. Él estaba igual que antes, como si los años no le pasarán. Tenía de vuelta su corte rollinga que había amado durante tantos años. Incluso su voz grave seguía igual. Algo en esa extraña familiaridad llevó mi mente a oscuros recuerdos.
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Junio 26, 2011
Las frías madrugadas de La Plata me encontraban con una facilidad de la cual no podía esconderme. Como si de eso se tratara todo.
Llevaba dos meses intentando sobrevivir al vacío emocional que alguien me había dejado. Es como si algo dentro de mí se hubiera muerto, como si yo estuviera muerta.
Las noches se volvían interminables. A veces lograba dormirme, pero el insomnio siempre encontraba la forma de arrastrarme de vuelta. Me quedaba en la cama, mirando el techo, sintiendo el peso del silencio en el pecho. Y cuando el sueño llegaba, lo hacía con pesadillas de cosas que no quería recordar.
El frío me calaba los huesos, pero no me molestaba. Salía a caminar con la campera mal cerrada, sin rumbo, dejando que el viento me mordiera la cara. No sabía si buscaba algo o solo quería perderme un poco más.
Pasé por lugares que antes me hacían sonreír y ahora me dejaban un nudo en la garganta. Me encontré con caras conocidas que me miraban con una mezcla de lástima y cautela. Me preguntaban cómo estaba, y yo respondía con un bien que no convencía a nadie.
No tenía hambre. No tenía sueño. No tenía nada. Solo un vacío inmenso, imposible de llenar.
Me detuve frente a un bar, con los ojos clavados en la puerta. No sabía por qué había terminado ahí. O tal vez sí. Tal vez me gustaba torturarme. Tal vez esperaba algo que ya no iba a pasar.
Tragué saliva y di un paso atrás. No quería estar ahí. No quería sentir esto. Pero era como si no pudiera evitarlo. Como si algo, o alguien, me hubiera dejado atrapada en un tiempo que no avanzaba.
Me di la vuelta y seguí caminando, perdiéndome en la noche, en el frío, en lo que quedaba de mí.
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—¡Bueno, muchachos, nos vemos el viernes para el ensayo con el line up! —anunció el productor, dando por finalizada la jornada.
Pato y Gastón se acercaron a saludar a Leo y los demás, mientras Fabiana y Juanse se quedaban charlando animadamente con Nito Mestre. Yo aproveché el momento para guardar mi guitarra, intentando escabullirme sin que nadie me frenara. Aun sintiendo la pesadez de mis recuerdos.
Pero, por supuesto, no tuve tanta suerte.
—Cantás bien —soltó Guido de repente, justo detrás de mí.
Me tensé.
No porque me importara su opinión, sino porque escuchar su voz a tan poca distancia todavía tenía el poder de hacerme algo, de ponerme la piel de punta. Y eso me molestaba.
—Ya lo sé —respondí con indiferencia, cerrando el estuche de mi guitarra sin siquiera mirarlo.
—¿Siempre tan humilde?
—No necesito que vos me lo digas para saberlo.
Me di vuelta con intención de irme, pero él dio un paso, cortándome el paso con su mera presencia.
—¿Por qué tanto enojo, Manu? ¿Te molesta que te halague?
Lo miré con frialdad.
—Me molesta que finjas que te importa, me molesta que me hables, que estés cerca, me molestas vos. Salí de mi vista, de mi vida.
Guido no respondió de inmediato. Me sostuvo la mirada con esa intensidad suya que solía desarmarme, pero esta vez no dejé que me afectara.
—No finjo.
Me reí sin humor.
—Siempre lo hiciste. No sé por qué ahora sería distinto.
—Quizás porque ahora lo es. Quizás porque pasaron los años, y las personas cambian.
Hubo un silencio denso. Sabíamos que no hablábamos solo del ensayo ni del presente. Había demasiadas cosas enterradas entre nosotros. Cosas que ni yo misma quería desenterrar.
Finalmente, solté un suspiro, harta.
—No tengo ganas de jugar a esto con vos, Guido.
—¿Y a qué querés jugar, entonces?
—A no cruzarnos más de lo necesario.
Me moví para irme, pero esta vez él no intentó frenarme.
—Nos vemos en el próximo ensayo, Manuela.
No me di vuelta. No quería darle el gusto de verme reaccionar. Pero mientras salía de la sala, sentí que su mirada me seguía, como un eco del pasado que nunca terminaba de desaparecer.
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bueno bueno, acá se va viendo un poco lo que pasó en aquellos años, pero no todo terminó ahí, ojo. pronto se viene pov de Guido 👀
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𝐄𝐋𝐋𝐀 𝐃𝐈𝐉𝐎 | 𝐺𝑈𝐼𝐷𝑂 𝑆𝐴𝑅𝐷𝐸𝐿𝐿𝐼
FanfictionE𝑛 𝑒𝑙 𝑓𝑟𝑒𝑛𝑒𝑡𝑖𝑐𝑜 𝑚𝑢𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑟𝑜𝑐𝑘 𝑛𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙, 𝑀𝑎𝑛𝑢𝑒𝑙𝑎, 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑝𝑒𝑛𝑎𝑠 18 𝑎𝑛̃𝑜𝑠, 𝑒𝑚𝑝𝑖𝑒𝑧𝑎 𝑎 𝑖𝑛𝑣𝑜𝑙𝑢𝑐𝑟𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑛𝑜𝑐ℎ𝑒𝑠 𝑣𝑎𝑐𝑖𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 2010. 𝐴𝑛̃𝑜𝑠 𝑚𝑎𝑠 𝑡𝑎𝑟𝑑𝑒, 𝑦𝑎...
