𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 24: 𝐓𝐞𝐥𝐚𝐫𝐚𝐧̃𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐝𝐨.
2024
La ciudad se despierta conmigo. Desde la ventana de mi departamento en el centro de Buenos Aires, puedo ver cómo el ritmo porteño no da tregua. Autos que tocan la bocina sin motivo, murmullos que suben desde las veredas, y algún que otro grito perdido en la distancia. Buenos Aires nunca duerme, pero yo aprendí a amarla así: caótica y eterna.
Han pasado más de catorce años desde aquellos días en los que todavía no tenía claro qué quería hacer con mi vida. Hoy todo es distinto. Vivo sola en este departamento que, aunque no es muy grande, tiene todo lo que necesito. Cada rincón cuenta algo sobre mí: una guitarra acústica desgastada apoyada en la esquina, cuadros de recitales en los que tocamos, libros desparramados y algunas plantas que, contra todo pronóstico, siguen vivas.
Los Estelares somos más que una banda de rock nacional, somos una familia. El sueño que empezó en un bar pequeño hace más de una década hoy nos tiene girando por todo el mundo. Grabar un disco, pisar escenarios grandes y compartir cartel con artistas que antes idolatrábamos, todo eso lo logramos juntos. Y ahora, el próximo desafío estaba a la vuelta de la esquina: Cosquín Rock.
—Manu, ¿nos movemos o qué? —escucho desde el pasillo.
Leo me espera con el auto estacionado en la puerta del edificio. Hoy nos juntamos en lo de Fede, como hacemos siempre antes de cada show importante. Cargar energías, planificar el setlist y hablar pavadas hasta que nos olvidamos de que somos adultos con responsabilidades.
—Voy, voy —respondo, agarrando las llaves y el abrigo.
Al llegar, Fede ya tiene la parrilla encendida y las botellas de vino abiertas. Manuel y Leo discuten sobre cuál debería ser la apertura del show en Cosquín mientras yo dejo mis cosas sobre una silla y me sirvo un vaso.
—¿Ya les avisaron la lista completa de las bandas? —pregunta Fede, con un tono casual mientras da vuelta la carne.
—Sí, vi algo por ahí —dice Javi—. Tocamos el sábado a la noche, pero la sorpresa es que la grilla está que explota. Está Divididos, Ciro y Los Persas… y Airbag, creo.
El vaso de vino que sostenía quedó suspendido en el aire.
—¿Cómo? —pregunto, intentando sonar neutral, aunque el temblor en mi voz me delata un poco.
—Airbag —repite Javier sin darle importancia—. Tocan ese mismo día, antes que nosotros. Están metiendo gira por todo el país.
El nombre resuena en mi cabeza como un golpe seco. Me obligo a asentir y disimular, pero algo se revuelve en el fondo de mi estómago.
—Ah, mirá… —murmuro, llevando el vaso a mis labios para evitar decir algo más.
—Igual vamos a romperla, como siempre. Los Estelares no necesitan presentación, che —bromea Leo, guiñándome un ojo.
Sonrío y asiento, pero mi mente ya no está ahí. El resto de la noche transcurre como cualquier otra: risas, anécdotas y discusiones sobre las canciones. Sin embargo, la conversación de hace unos minutos sigue dando vueltas en mi cabeza. Airbag. Guido.
Durante años, perfeccioné el arte de evitar ese nombre. Esquivé entrevistas, notas, menciones al pasar. Fingí que no importaba. Pero la verdad es que escuchar "Airbag" todavía me golpea de una manera difícil de explicar.
—Che, Manu, ¿todo bien? —me pregunta Fede cuando ve que me quedé en silencio.
—Sí, sí, estaba pensando en el setlist —miento, obligándome a sonreír.
A las doce de la noche, la reunión se disuelve. Me despido de todos con un abrazo rápido y camino de regreso a casa. La ciudad sigue latiendo fuerte, y yo camino con las manos en los bolsillos, el ruido del tránsito mezclándose con mis pensamientos.
Al llegar, me dejo caer en la cama sin cambiarme siquiera. Prendo el parlante y dejo que una lista aleatoria suene para intentar calmarme. Pero como si fuera una ironía del destino, las primeras notas de "Trátame suavemente" empiezan a sonar.
Cierro los ojos y suspiro.
Porque, aunque pasaron los años, hay heridas que nunca terminan de cicatrizar del todo.
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𝐄𝐋𝐋𝐀 𝐃𝐈𝐉𝐎 | 𝐺𝑈𝐼𝐷𝑂 𝑆𝐴𝑅𝐷𝐸𝐿𝐿𝐼
FanfictionE𝑛 𝑒𝑙 𝑓𝑟𝑒𝑛𝑒𝑡𝑖𝑐𝑜 𝑚𝑢𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑟𝑜𝑐𝑘 𝑛𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙, 𝑀𝑎𝑛𝑢𝑒𝑙𝑎, 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑝𝑒𝑛𝑎𝑠 18 𝑎𝑛̃𝑜𝑠, 𝑒𝑚𝑝𝑖𝑒𝑧𝑎 𝑎 𝑖𝑛𝑣𝑜𝑙𝑢𝑐𝑟𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑛𝑜𝑐ℎ𝑒𝑠 𝑣𝑎𝑐𝑖𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 2010. 𝐴𝑛̃𝑜𝑠 𝑚𝑎𝑠 𝑡𝑎𝑟𝑑𝑒, 𝑦𝑎...
