031

222 22 3
                                        

Capítulo 31: Expectativa y Cautela.

Tomé mi guitarra con fuerza, como si pudiera descargar la bronca a través de los acordes. No pensaba darle el gusto a Guido de verme nerviosa o, peor aún, afectada.

Los Estelares se acomodaron en sus posiciones, y al otro lado de la sala, Airbag hacía lo mismo. Pato y Gastón nos miraban con una mezcla de expectativa y cautela, claramente conscientes de la tensión que flotaba en el aire.

—Bueno, chicos —dijo el productor, intentando disipar el ambiente cortante—. Vamos a empezar con Bajan.
Necesito que todos estén bien sincronizados, esto es un homenaje al rock nacional, así que quiero que salga impecable. Tenemos ensayos para mínimo dos semanas.

Conté los tiempos en mi cabeza y, apenas dieron la señal, empecé a tocar.

Al principio, todo fluyó. Mi mente se perdió en la música, en los acordes de la canción que conocía de memoria. Pero a los pocos segundos, sentí su mirada.

Guido estaba parado justo frente a mí, tocando su guitarra con una facilidad irritante, pero con la vista fija en mí. Sabía lo que estaba haciendo: provocándome, metiéndose en mi cabeza.

Intenté ignorarlo.

Intenté no pensar en la última vez que habíamos compartido un escenario.

Intenté no recordar las palabras que me dijo aquella noche en 2010, cuando me destrozó con una sonrisa.

Pero el problema de intentar no pensar en algo es que terminas pensándolo el doble.

Y se hace más imposible cuando ese algo está enfrente tuyo.

Mis dedos resbalaron en la cuerda equivocada, emitiendo un sonido desafinado que interrumpió la armonía del ensayo.

El silencio fue inmediato.

Maldije internamente, soltandouna mueca.

—¿Estás bien, Manu? —preguntó Manuel, con preocupación.

—Sí —respondí rápido, mordiéndome la lengua.

Pero Guido ya había aprovechado el momento.

—No te pongas nerviosa. —susurró para nosotros, con tono empatico —. No es un concurso.

Lo miré con odio.

—Te juro que me das ganas de romperte la guitarra en la cabeza.

—Si lo hacés, asegurate de que suene en tono —respondió él, sin perder la calma.

La tensión era insoportable, y para empeorar las cosas, en ese momento entró un grupo de músicos invitados.

—¿Acá es donde se está armando la guerra? —bromeó Fabiana Cantilo, con una sonrisa divertida mientras se acercaba.

A su lado, Juanse y Nito Mestre intercambiaban miradas cómplices, claramente disfrutando del drama.

—No guerra, solo ensayo —dijo Pato, intentando calmar las aguas.

—Menos mal —soltó Fabiana—, porque con la energía que hay acá, parece que van a tocar en una final de boxeo en vez de un festival.

Algunos rieron, pero sorpresivamente yo no. Mi pecho subía y bajaba con fuerza, mientras sentía la mirada de Guido aún sobre mí.

Respiré hondo.

Si quería sobrevivir a esto, tenía que aprender a jugar su juego.

𝐄𝐋𝐋𝐀 𝐃𝐈𝐉𝐎  | 𝐺𝑈𝐼𝐷𝑂 𝑆𝐴𝑅𝐷𝐸𝐿𝐿𝐼Donde viven las historias. Descúbrelo ahora