Capítulo 35: De nuevo a la misma faceta.
En la semana 4 de pre-grabaciones para el festival, las cosas se empezaban a acomodar pieza por pieza. La sintonia de las voces más iconicas del rock nacional daba cada vez más que hablar, trayendo más popularidad a cada banda nombrada del festival.
Cada vez se empezaba a palpitar más las ganas tocar, tanto de la prensa como de los autores.
Manuela y Guido llevaban cada vez mejor la convivencia. Hasta el día de hoy.
La canta autora de los Estelares se había percatado del detalle del fondo de pantalla de Guido, llevaba una foto de ellos juntos en algún recital.
Uno a uno, los músicos fueron saliendo. Un "nos vemos mañana" de Gastón, un asentimiento de Pato, el sonido de estuches de guitarras cerrándose. Y, como si el destino estuviera jugando con ellos, la sala se vació. Manuela y Guido quedaron solos.
Ella se apoyó contra un amplificador y cruzó los brazos. Guido, que estaba guardando su guitarra, fingió no darse cuenta de que lo estaba mirando.
—Tenemos que hablar.
Él levantó la vista, con ese brillo entre desafiante y curioso en los ojos.
—¿Otra vez con el tono de interrogatorio? Me hacés acordar a mi vieja.
—Guido.
—Bueno, dale, ¿qué hice ahora?
Manuela inspiró hondo. No iba a dejar que la desarmara con su actitud de siempre.
—Tu fondo de pantalla.
Un segundo de silencio. Lo suficiente para que ella supiera que no se lo esperaba.
—¿Qué pasa con mi fondo de pantalla?
—¿Por qué tenés una foto nuestra de hace años?
La pregunta quedó suspendida en el aire como una nota que nadie se animaba a cerrar. Guido ladeó la cabeza, chasqueó la lengua y, por primera vez en mucho tiempo, no tuvo una respuesta inmediata.
—No sabía que estabas tan atenta a mi celular.
—No me vengas con esa, Guido.
Ella vio cómo su mandíbula se tensaba apenas. El juego de siempre no estaba funcionando esta vez.
—Es una foto.
—Sí, y podrías tener miles, pero tenés esa. ¿Por qué?
Él se apoyó contra la mesa de mezclas, cruzando los brazos. Por primera vez, no estaba sonriendo.
—No sé. Capaz porque me recuerda algo bueno.
Manuela sintió que el corazón le daba un vuelco inesperado.
—¿ A vos te parece bueno?
—Sí.
Se miraron en silencio, con una tensión que nada tenía que ver con las peleas de siempre. Algo se había abierto, algo que ninguno de los dos parecía saber cómo cerrar.
Guido desvió la mirada y se rascó la nuca, incómodo.
—Si tanto te molesta, la cambio.
Pero Manuela no dijo nada. Porque, por primera vez, no estaba segura de querer que lo hiciera.
— Dejá, no me molesta.
Manuela redirigió su mirada al frente, mostrando vulnerabilidad después de años.
Cuando parecía que esa charla incómoda se iba a terminar, Manuela detuvo a Guido antes de que pudiera dar otro paso.
—¿Vos sos el que me esta mandando notitas? - Soltó en seco.
Guido, confundido, se limitó a responderle un simple "No."
Manuela frunció el ceño, evaluando su expresión. No era difícil saber cuándo Guido mentía—se le notaba en la mirada, en la forma en que se pasaba la lengua por los dientes o evitaba sostenerle la vista—, pero esta vez no vio ninguna de esas señales.
—¿Seguro? —insistió, con los brazos cruzados.
Guido soltó una risa seca.
—¿Por qué carajo te mentiría con eso?
—No sé, capaz te divierte hacerme perder la cabeza.
—Nah, hay cosas más entretenidas que hacer en los ensayos. No encuentro nesecidad de hacerte perder la cabeza, de nuevo.
—¿Como poner fotos viejas de fondo de pantalla?
Guido la miró entrecerrando los ojos, sabiendo que le estaba devolviendo el golpe.
—Pará, ¿qué notitas?
Manuela suspiró. No quería que él pensara que la tenía intranquila, pero, después de ver su foto en su celular, era inevitable que se le cruzara por la cabeza la idea de que Guido estuviera detrás de eso.
—Desde hace un par de días, alguien deja notas en mi camerino. Cosas sueltas, frases de canciones, dibujos…
—¿Dibujos? —Guido se apoyó de nuevo en la mesa de mezclas, ahora con interés genuino.
—Sí. Uno era de un cassette con una estrella. Otro decía “ella dijo”. Y el último.. tenía mi mail, nuestro mail.
La expresión de Guido cambió sutilmente, pero suficiente para que Manuela lo notara. La voz ella titubeó antes de decir la ultima frase. No era sorpresa, pero tampoco indiferencia.
—No fui yo.
—Bien.
—Pero capaz sé quién pudo haber sido.
Manuela levantó una ceja.
—¿Y?
Guido se encogió de hombros con una media sonrisa.
—Si te lo digo así nomás, pierde la gracia.
Ella puso los ojos en blanco, frustrada.
—Guido…
—Si querés respuestas, me vas a tener que acompañar a casa.
—¿Qué? ¿Para qué queres que vaya a tu casa?
—Lo que escuchaste. Podemos tomarnos una birra, lo que quieras. Pero si querés que te cuente, te venís conmigo.
Manuela lo fulminó con la mirada.
—Sos un imbécil.
Guido solo sonrió, levantando las manos en señal de inocencia.
—Bueno, avisame. Mientras tanto, capaz sigo encontrando fotos viejas para el fondo de pantalla.
Dicho eso, agarró su guitarra y salió del estudio como si no hubiera dejado la conversación cargada de preguntas sin responder.
Manuela se quedó en su lugar, mordiéndose el labio.
Odiaba cuando él tenía el control de la situación.
Y lo peor es que ahora tenía más ganas de descubrir quién le dejaba esas notas. Y más ganas de ir a su casa de las que estaba dispuesta a admitir.
—¿Y? ¿No vas a venir?
ESTÁS LEYENDO
𝐄𝐋𝐋𝐀 𝐃𝐈𝐉𝐎 | 𝐺𝑈𝐼𝐷𝑂 𝑆𝐴𝑅𝐷𝐸𝐿𝐿𝐼
ФанфикшнE𝑛 𝑒𝑙 𝑓𝑟𝑒𝑛𝑒𝑡𝑖𝑐𝑜 𝑚𝑢𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑟𝑜𝑐𝑘 𝑛𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙, 𝑀𝑎𝑛𝑢𝑒𝑙𝑎, 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑝𝑒𝑛𝑎𝑠 18 𝑎𝑛̃𝑜𝑠, 𝑒𝑚𝑝𝑖𝑒𝑧𝑎 𝑎 𝑖𝑛𝑣𝑜𝑙𝑢𝑐𝑟𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑛𝑜𝑐ℎ𝑒𝑠 𝑣𝑎𝑐𝑖𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 2010. 𝐴𝑛̃𝑜𝑠 𝑚𝑎𝑠 𝑡𝑎𝑟𝑑𝑒, 𝑦𝑎...
