Capítulo 33: Fantasmas de la madrugada.
La noche había caído hacía rato, pero yo seguía en el sillón de mi departamento, con la guitarra apoyada en las piernas y la cabeza en cualquier lado menos en la música.
Lara, como siempre, estaba tirada en la alfombra, comiendo papas fritas sin ningún tipo de preocupación. Después de ese reencuentro, me di cuenta que seguíamos siendo las mismas amigas de siempre, con la misma confianza de siempre.
—¿Entonces qué? ¿Me vas a decir por qué tenés esa cara de orto o tengo que adivinar?
Rodé los ojos.
—No tengo cara de orto.
—Sí, la tenés. Desde que volviste del ensayo.
Me hundí en el sillón con un suspiro.
—Guido me habló.
Lara dejó de masticar.
—¿Y?
—Nada. Me dijo que canto bien.
—Ajá… —murmuró, mirándome como si esperara que soltara lo importante de verdad.
—Y después trató de hacerse el amable, el simpático, como si de repente nos lleváramos bien. Como si no hubiera pasado nada.
Lara suspiró y se sentó con las piernas cruzadas.
—Manu… hace años que no se ven. ¿No puede ser que haya cambiado?
Le lancé una mirada fulminante.
—La gente como él no cambia.
—¿Y si sí?
—No.
Ella hizo un gesto con las manos, como si se rindiera.
—Bueno, flaca, hacé lo que quieras, pero si el chabón quiere hablarte bien y vos lo único que hacés es ladrarle, en algún momento va a parecer que la jodida sos vos.
—Como amiga te digo que empieces a llevarte bien con él, porque va a parecer que no superas, cuando el sale con una mina distinta cada semana.
Sentí un nudo de bronca en el pecho, porque en el fondo, odiaba que tuviera razón.
No quería ser la jodida. No quería ser la que se quedaba atrapada en el pasado mientras él avanzaba como si nada.
Pero tampoco podía olvidarlo.
Un mensaje iluminó la pantalla de mi celular.
Fede: ¿Llegaste bien?
Fruncí el ceño.
—¿Fede?
Lara arqueó una ceja.
—¿Qué pasa con Fede?
—Me preguntó si llegué bien.
—Qué atento.
—Sí, pero… no sé. No solemos hablar fuera de los ensayos.
—La otra vez salieron a comer.
—Fue entre colegas.
Me quedé mirando la pantalla. Algo en ese mensaje me hizo sentir… extraña.
No era el tipo de cosas que Fede solía hacer. Él siempre fue amable, pero no del tipo que se preocupa por si llego bien a casa. Tal vez en ese almuerzo confundió las cosas.
Apreté los labios y decidí no responder.
No esa noche.
—Me voy a dormir.
—Dale, huí de la conversación. Como siempre.
Le tiré un almohadón en la cara antes de encerrarme en mi habitación.
Pero mientras me acomodaba en la cama, con la luz del celular apagada, sentí una sensación rara en el pecho.
Entre los fantasmas de Guido y los mensajes de Fede, algo me decía que esta historia recién estaba empezando.
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𝐄𝐋𝐋𝐀 𝐃𝐈𝐉𝐎 | 𝐺𝑈𝐼𝐷𝑂 𝑆𝐴𝑅𝐷𝐸𝐿𝐿𝐼
أدب الهواةE𝑛 𝑒𝑙 𝑓𝑟𝑒𝑛𝑒𝑡𝑖𝑐𝑜 𝑚𝑢𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑟𝑜𝑐𝑘 𝑛𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙, 𝑀𝑎𝑛𝑢𝑒𝑙𝑎, 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑝𝑒𝑛𝑎𝑠 18 𝑎𝑛̃𝑜𝑠, 𝑒𝑚𝑝𝑖𝑒𝑧𝑎 𝑎 𝑖𝑛𝑣𝑜𝑙𝑢𝑐𝑟𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑛𝑜𝑐ℎ𝑒𝑠 𝑣𝑎𝑐𝑖𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 2010. 𝐴𝑛̃𝑜𝑠 𝑚𝑎𝑠 𝑡𝑎𝑟𝑑𝑒, 𝑦𝑎...
