Extra I

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Primavera de 1994, Nürburg, Alemania.

Aquella semana era una de las más esperadas por todos los amantes del deporte automotor en la ciudad alemana. No solo habría competencia para las categorías de F1, F2 y F3, sino que además durante el fin de semana se llevarían a cabo las 24 horas de Nürburgring, un circuito que exigía a sus competidores no solo habilidad, sino compromiso, entereza y fortaleza, ya que su dificultad era extrema y ciertamente riesgosa, entre caminos escarpados, laderas y zonas fangosas al pasar muy cerca de un lago, era un reto no diseñado para cualquier piloto. Por primera vez en la historia, todas estas categorías convergían en un mismo lugar al mismo tiempo, motivo por el cual un gran número de pilotos se encontraban reunidos ahí, desde campeones de la talla de Alain Prost y Ayton Senna, hasta novatos como el joven británico de 21 años que debutaba en esa temporada con Renault en la categoría de la F3, Christian Horner.

Para Christian era tan emocionante como aterrador el encontrarse ahí. Muchos de los pilotos presentes tenían ya trayectorias bastante impresionantes, con campeonatos mundiales en la máxima categoría ya acumulados en su historia  y otros que comenzaban dar peso a sus nombres, como el caso del alemán Michael Schumacher. El joven británico había tenido el gusto de conocerlo hacía un par de años, cuando él todavía era un aspirante y Schumacher debutaba en la F1. En aquel entonces le había parecido alguien sumamente agradable y amable, así que, cuando le vio en una de las carpas durante el evento de convivencia, no dudó en acercarse para saludarlo.

Schumacher estaba en compañía de Karl Wendlinger, piloto austriaco y excompañero del alemán, y Jos Verstappen, el actual compañero de Schumacher en la escudería Benetton, no sabía mucho sobre él, pero había escuchado que era alguien sumamente competitivo, incluso con su compañero de equipo. Christian se acercó a ellos y se sintió aliviado con el hecho de que Michael le había reconocido y no le había dejado en ridículo frente a los otros dos pilotos.

-¡Horner! Pero qué alegría verte aquí, chico. Supe que debutaste con Renault, muchas felicidades- le decía Michael, al tiempo que le palmeaba la espalda.

-Si, si…llevo solo un par de carreras, pero no me ha ido mal- respondió con una tímida y aniñada sonrisa.

Schumacher le sonrió con más confianza y finalmente lo introdujo con los otros dos pilotos –Karl, Jos, él es Christian Horner, es rookie esta temporada con el equipo de Renault- informó.

-Qué tal, Christian, es un gusto. Felicidades por tu debut- dijo con amabilidad Wendlinger.

-Un gusto, Horner- dijo Jos, demasiado seco y frío, aún para un neerlandés como él.

-Gracias, es un gusto para mi también- respondió tratando ser igual de cortés que Wendlinger.

-Esto es una locura, jamás había visto reunidos a tantos pilotos en un mismo lugar- dijo Michael, mientras recorría con su mirada cada una de las carpas montadas por todo el extenso jardín.

-Lo sé, es increíble cómo lograron acomodar tantos egos dentro de una decena de carpas- bromeaba Wendlinger.

-¿No te mordiste la lengua?- bromeó con él, Michael, haciendo reír a los otros tres.

-Jamás me excluí del grupo, pero tienes que admitirlo, aquí hay más de uno que se cree el sucesor de Stewart y a duras penas compiten con Al Pease- decía esto mientras recorría con la mirada cada una de las carpas.

Christian solo les escuchaba sin hacer comentarios al respecto, después de todo, él solo era uno de los rookies de la temporada, aún no estaba en posición de poder juzgar a nadie, al contrario, estaba muy consciente de que lo más probable es que él mismo fuese uno de los pilotos a juzgar. Todas las temporadas se tenían especiales expectativas sobre los novatos, un solo error o un gran acierto, bastaban para enterrar o consolidar su carrera. Estaba nervioso, claro, pero no quería demostrarlo, no frente a esos pilotos con trayectoria y podios en su historial.

Terapia de ParejaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora