27 de enero de 2021, Maranello
No era la primera vez que se veían, ni siquiera la primera vez que hablaban, sin embargo, así se sentía. Carlos había llegado a la sede de Ferrari, tan nervioso y tan lleno de ilusiones, un joven que aún conservaba sus rasgos infantiles, con el vigor y la imprudencia de la juventud y, también, con la seriedad y la convicción de alguien que quiere devorarse al mundo. Era su primer día de trabajo con la escudería italiana, su primer día vistiendo el uniforme rojo y su primera vez a bordo de un monoplaza de Ferrari, como piloto titular, claro. El hombre había entrado a las instalaciones con una enorme sonrisa en los labios, con los enormes ojos café brillando con intensidad, con la barbilla en alto y el pecho tan inflado de orgullo como un gallo. Charles le había visto llegar, desde el instante en que había cruzado el portal y había saludado a todos con una sonrisa, había sido impresionante, deslumbrante, como si el mismo sol hubiese decidido entrar ese día al garaje. No tuvo oportunidad de esquivarlo, solo recibió el impacto y casi al instante quedó cautivado por él, por Carlos y su encanto hispano.
Hacerse amigos no había sido difícil, el español tenía un carácter muy ligero y bromista, igual que el mismo Charles. Solían jugar y bromear, como dos críos con completa inocencia. No le habían tomado ni un par de horas enamorarse, vamos, que Carlos no solo era atractivo físicamente, sino que era alguien con quien podía platicar, con quien podía compartir el mismo espacio y el tiempo sin aburrirse, solo le bastó ese día de prácticas para darse cuenta de que sería un gran compañero, probablemente un gran amigo e, inevitablemente, alguien a quien le gustaría llamar amor.
-Hola, soy Carlos, tu nuevo compañero- le había dicho alegre.
-Yo soy Charles, bienvenido- le había respondido con una tímida sonrisa.
-¿Sabías que Charles es el modo francés de decir Carlos?- cuestionó el español, decidido a romper el hielo.
-¿Qué? No, no lo sabía…eso quiere decir…
-Eso quiere decir que ambos nos llamamos Carlos- dijo con una enorme sonrisa, una que le había desarmado y que había quedado grabada a fuego en la memoria de Charles.
26 de noviembre de 2024, Abu Dabi
La temporada 2024 había sido una completa locura, tanto para el campeonato de constructores como para el de pilotos. Red Bull había sufrido una caída abismal, si se comparaban sus resultados con la temporada anterior. McLaren había sorprendido al presentar al monoplaza más veloz, tan así, que, después de 21 carreras, Lando Norris había estado cerca de arrebatarle el título a Max Verstappen. Por equipos, Ferrari y McLaren dejaron atrás a Mercedes y a Red Bull, todo se decidiría en la última carrera, en el final de temporada, en el último circuito para Carlos y Charles corriendo juntos en un mismo equipo. Desde el inicio había sido todo un desconcierto, con choques entre Verstappen y Piastri, Pérez y Bottas, todos los pilotos parecían querer cerrar con energía. A tan solo dos vueltas del inicio, Checo se vio obligado a abandonar, siendo seguido vueltas más tarde por el joven Colapinto, Bottas y Lawson.
Charles hizo una carrera brillante, una remontada desde el lugar 19 para llegar al tercer puesto. Los de Ferrari no se rendían, sabían que si o si debían superar, ambos, a Norris si querían quedarse con el título de constructores. Vuelta tras vuelta, Sainz perseguía a Norris, Leclerc perseguía a Sainz, los minutos avanzaban y no lograban reducir la distancia con el británico. Al llegar a la última vuelta, con una ventaja de 7 segundos, Lando Norris ganó el gran premio de Abu Dabi y dio el título de constructores a McLaren. Los fans de la escudería británica celebraban en las gradas, las banderas de Ferrari ondeaban con el viento, los tres pilotos llegaron a la meta y el contraste de emociones era visible y palpable aún para el público a la distancia. Lando estaba eufórico, celebrando su victoria con inmensa alegría, riendo y llorando al mismo tiempo, dejándose felicitar y abrazar por todo el mundo, Andrea Stella le recibió casi tan conmocionado como él, esa noche el autódromo del país árabe se vestía de naranja, esa noche retumbaba a coro el mote “papaya”, McLaren era campeón.
Detrás de ellos habían llegado Carlos y Charles. Carlos se mostraba feliz, inmensamente sonriente, nostálgico, saludando al público, abrazando a sus compañeros, despidiéndose y agradeciendo a los ingenieros y mecánicos de Ferrari. Esa era su última carrera, su último baile usando el traje rojo, este era el fin de una era. Alejado de toda esa emoción, de toda esa alegría, se encontraba Charles. Para él este era un final con un sabor agridulce. Hacia meses se había preparado para ello, él sabía que tarde o temprano sucedería, que el fin llegaría y que un día Carlos dejaría de ser su compañero de equipo, y aún así, no estaba listo. La frustración, la tristeza, el enojo, todo se veía reflejado en su rostro, en sus ojos llorosos y en sus hombros caídos, con dificultad respondía a las felicitaciones, es más casi pasaba de largo ignorándolos a todos. Los comentaristas deportivos no lo comprendían del todo, el monegasco había ofertado una carrera de película, remontando casi desde el último puesto hasta el tercer lugar en el podio, él y Carlos serían premiados, habían luchado hasta el final, debería sentirse orgulloso ¿No?
Todas las dudas se vieron resueltas cuando se vio liberado un audio entre Charles y su ingeniero, conversación en la que Charlie expresaba su frustración, la tristeza que le daba que esa fuese su última carrera con Carlos, el fuerte deseo que había sentido por despedirle con el campeonato de constructores y que simplemente no había sido posible. Aquella noche solo sería el final.
Carlos le observó desde que bajó de su auto, de inmediato notó el sentimiento en sus ojos, pudo casi sentir junto con él, el dolorcito que apachurraba su corazón. Tratando de calmar sus propias emociones, respiró profundo y luego fue hasta él, atrapándolo en sus brazos y envolviéndole de manera protectora, dejándolo refugiarse en su pecho, esconder sus lágrimas y desahogar toda aquella tristeza que le había invadido. En medio de la gente, del ruido, rodeados de cámaras y micrófonos, lograron aislarse y concentrar su atención solo en ellos. Carlos le estrechaba en aquel abrazo, Charles se aferraba a él negándose a dejarlo ir, ambos deseando alargar ese instante tanto como les fuese posible.
-Charlie, ojitos…vamos a estar bien- le susurraba, tratando de amainar su llanto.
Charles sollozaba, ocultando sus lágrimas del resto del mundo -…yo quería ganar el campeonato para ti…quería que te fueras de Ferrari siendo un campeón, Calos- su voz se escuchaba ahogada contra la ropa del español.
-Charlie…- le llamó con una risita, acariciando sus cabellos, consolándole como si se tratara de un niño y, a decir verdad, si que lo sentía pequeño entre sus brazos. Cariñoso, besó su cabeza y luego se separó solo un poquito, obligándolo a levantar el rostro y enfrentarlo -¿Aún me amas?- le preguntó.
Charles abrió enormemente sus ojos y casi con indignación respondió -¡Pero claro que si! Eso no ha cambiado- aseguró.
-¿Y me seguirás amando aún cuando no estemos en el mismo equipo?- volvió a preguntar, sonriendo al ver que había logrado captar la entera atención de su chico.
-Si, siempre- dijo contundente, sintiendo como de nuevo las lágrimas se amontonaban en sus ojos.
-Entonces no necesito más. Me voy de Ferrari ganando y mucho…los trofeos son bonitos, pero ninguno logrará hacerme tan feliz así como tú lo haces Charlie- con ternura acarició su mejilla, limpiando con su pulgar las lágrimas que se le habían escurrido. Miraba a los ojos de Charles y confirmaba una vez más que lo que había dicho era completamente verdad, ver en ellos el reflejo de todo ese amor, de toda esa devoción, le hacía saber que eso era lo único que necesitaba. Sin más nada que decir, acabó con la distancia y se entregó en un beso a aquellos labios que tanto lo enloquecían, le besó con calma, con paciencia, importándole poco estar debajo del reflector y a la vista del planeta entero. Lo besó como siempre y como nunca, decidido a dejar bien claro que le pertenecía, qué para él no habría más nadie en esta vida. Amaba a Charles, lo amaba más que a nada y ya no deseaba ocultarlo, estaba listo para gritarlo al mundo, estaba listo para ser de ahora y siempre Charles y Carlos.
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Terapia de Pareja
Romance|Después de lo sucedido durante la carrera en São Paulo durante la temporada 2022, la relación laboral entre Max Verstappen y Sergio Pérez se ve seriamente afectada, tanto así, que las constantes riñas y recriminaciones, comienzan a afectar al equip...
