10 años después.
El departamento de Mónaco había cambiado tanto en diez años. El calor de hogar, la seguridad que se sentía al cruzar por esas puertas, nada lo podía igualar. Seguía siendo lujoso y había sido renovado y equipado con todo lo nuevo en tecnología para hacer de él un hogar inteligente. Era casa de millonarios, claro, sin embargo, lo que lo hacía especial era el hecho de que ahora era un espacio compartido, un refugio en el que encontraba amor, comprensión, apoyo y sobre todo una inmensa felicidad. Sergio se había mudado ahí con él casi al día siguiente de su boda. Juntos, habían redecorado, pintando las paredes con colores más cálidos, acondicionando habitaciones para los videojuegos de Max y una oficina para Checo, así como espacios para sus mascotas, porque si, los perros de Checo y los gatos de Max ahora también formaban una parte muy importante de esa familia; colocaron en las paredes fotografías de cuando habían sido compañeros de equipo, de su boda, de sus viajes, con sus amigos, con sus familias, dejaban registro de toda una vida compartida y eso era algo de lo que Max más amaba al llegar a su casa.
Regresaba después de haber salido a comprar la cena, Checo volvería esa noche para alistarse para el gran premio de Mónaco y él quería recibirle con comida rica y su vino favorito. Hacía ya algunos años que Max se había retirado de la F1. Después de ganar su 5to campeonato consecutivo decidió que había tenido suficiente, competir sin tener a Checo de compañero ya no le parecía tan divertido y el ambiente dentro de la escudería se había vuelto tan insufrible a causa de las malas decisiones de la mesa directiva, que había preferido retirarse como el campeón que era, cubierto en gloria y con el amor del público. Ahora se dedicaba a su casa, a viajar, a leer, incluso hasta ya le había tomado cariño al golf y lo practicaba junto con Checo. También continuaba jugando videojuegos, de hecho, se había creado un canal en el que daba exhibiciones y masters para otros jugadores. En alguna ocasión le habían preguntado si volvería, pero para dirigir algún equipo y su respuesta había sido contundente: "Yo soy un piloto y siempre seré piloto. Dejemos que gente con más visión sea la que dirija". Ahora, vivía sin preocupaciones, apoyando a Checo quien no había podido mantenerse alejado de las carreras por mucho tiempo.
Después de su salida de Red Bull, Sergio tuvo tiempo de replantearse su futuro, su carrera, la disolución de su contrato había sido devastadora tanto para él como para sus fans, pero bueno, logró comprender que más que un equipo deportivo, una escudería es una empresa y, que como en cualquier trabajo, cuando no das resultados, pues simplemente te dejan fuera. Fue un duro golpe, para ambos, Max se había emberrinchado y había peleado con todo mundo dentro de Red Bull, incluso hubo un vergonzoso episodio en el que había terminado a golpes con Liam Lawson, quien había sustituido a su esposo. Pero bueno, ahora eso era cosa del pasado. Sergio había regresado como piloto de Cadillac y lo hizo maravillosamente bien durante 4 fantásticos campeonatos. Fue en su segundo año con la escudería americana que al fin logró ganar el Gran Premio de México, el de casa y, fue en el 4to donde, en compañía de su compatriota Patricio Oward, ganó el campeonato de constructores para Cadillac, cerrando así una maravillosa era y una carrera que lo afianzaría como el mejor piloto de F1 que México hubiese podido dar.
Ahora ya no pilotaba, sin embargo, Cadillac le había ofrecido una nueva oportunidad, estar ahora del otro lado y codirigir la escudería en la búsqueda de ganar un nuevo campeonato. Checo ni siquiera lo pensó, aceptó la responsabilidad y ya llevaba en ello 3 años. Max no podría sentirse más orgulloso de él, siempre se lo había dicho, siempre había reconocido su talento y su potencial, siempre estuvo seguro de que Sergio algún día lo lograría.
Estaba sacando la lasagna que había metido a calentar al horno cuando escuchó que la puerta principal era abierta. De inmediato los ladridos de los perros resonaron por el penthouse y Sergio era arrollado por una avalancha de amor perruno. El mexicano reía mientras saludaba y acariciaba a cada uno de los caninos, Max salió de la cocina y atravesó casi todo el departamento para llegar hasta la entrada y ver a su esposo enterrado bajo una montaña viviente de pelo.
-Ya, ya...dejen que papá se levante- decía entre risas, tratando de quitar a los perros.
Sergio reía y desde el piso miraba a Max -Cariño, estoy en casa- decía con tono juguetón, haciendo el esfuerzo por levantarse. Cuando pudo estar de pie, fue hasta su esposo, quien le miraba con una enorme sonrisa, le sujetó por el rostro y luego lo besó, con toda la calma y la paz que le daba el estar de regreso en su hogar -Hola bonito- lo saludó de nuevo, sonriéndole de esa manera pícara y coqueta que derretía el corazón de Max.
-Hola, amor de mi vida- le respondió -¿Qué tal el viaje?- le preguntó antes de que ambos encaminaran sus pasos hacia la profundidad de su departamento.
-uff...cansado. La escala en París fue larguísima y había demasiada gente en el aeropuerto- decía mientras se retiraba el abrigo.
-Pero insistes en no querer usar el jet privado- ironizó el neerlandés.
-Me gusta viajar con todo el equipo, lo sabes-
-...Tú y esa odiosa amabilidad...- dijo tratando de parecer serio, pero para ninguno era secreto que, de las cosas que más amaba Max de Sergio, era su amabilidad, su compromiso y su solidaridad hacia con los suyos.
Después de que Sergio se refrescara, fue momento de sentarse a cenar. Max había llevado la comida de un restaurante italiano que ambos amaban, también había conseguido un vino igualmente italiano, uno que había descubierto provenía de aquel viñedo en el que se habían hospedado en 2023 y que bueno...era un sitio donde tenían historia. Era una cena bastante planeada, especial y Checo pudo notarlo. Sin decir nada, solo sonriendo, tomó asiento en su lugar en la mesa y luego esperó a que Max hiciera lo mismo.
-¡Vaya! Pero qué bien luce todo- halagó.
-Fui a la Tratoria y a parte de la comida, mira...- decía mientras tomaba la botella -Me consiguieron una botella del viñedo de Emilia Romagna- se le veía tan emocionado que Sergio sintió a su corazón brincar de alegría.
-Ya veo ¿Es una ocasión especial?- dijo con disimulo, tratando de fingir demencia y sintiéndose victorioso al notar el cambio tan drástico en la expresión del rostro de Max.
-Checo...- le dijo casi como advertencia, comenzando a apretar los labios en un adorable puchero.
Sergio rio y al instante sujetó su mano -Solo juego bonito...- con su mano libre, del bolsillo de su pantalón sacó una cajita -Feliz aniversario, bonito-
El rostro de Max se iluminó como el mismo sol. Tomó la cajita y luego se lanzó a los brazos de Checo, estrechándolo con una fuerza que amenazaba con asfixiarlo -Feliz aniversario, amor- dijo feliz, dándole un corto beso antes de volver a su asiento -¿Qué es?- Preguntó mientras se deshacía de la envoltura.
-Ábrelo- respondió con misterio, mientras servía el vino en las copas.
Max abrió la caja y en el interior encontró un reloj, muy bonito y elegante, con un grabado en el reverso que decía:
"Te amo, bonito, como hace diez años, hoy y siempre."
Max lo miró enternecido y al instante lo colocó en su muñeca -Es precioso, gracias- le dijo con una sonrisa.
-Hay más- dijo el mexicano, haciendo que una vez más mirara al interior de la caja.
Ahí adentro había un papel, una hoja doblada en dos partes, ya un tanto gastado e incluso percudido. El neerlandés la sacó, la desdobló y finalmente pudo leer el contenido que iniciaba con las palabras: Cosas que admiro de Max Verstappen. La conmoción fue demasiada, Max leyó la hoja y en ese instante de transportó a aquel día, a aquella sesión en el consultorio de Neil, aquella vez que por primera vez había escuchado a Sergio decir todas esas cosas que amaba de él. Sus ojos se rosaron, pero no lloró, se sentía feliz, demasiado, en momentos como ese y casi todos los días, agradecía al cielo por haber encontrado a Sergio, por haber unido su vida la de él, por haber saltado la barrera del miedo y haber aceptado aquel amor.
-Aún admiro todas esas cosas de ti, bonito y muchas tantas más. Te amo, te amo y eso nunca va a cambiar- dijo Sergio al tiempo que buscaba acercarse hasta sus labios.
-Yo también te amo, Checo, hoy y siempre- le respondió antes de dejarse fundir en aquel beso, en aquella reafirmación de sus afectos, en el mutuo compromiso de seguir amándose, de seguir juntos, de seguir siendo Sergio y Max.
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¡Feliz Navidad, querido lector!
✨️🎄✨️
Con cariño
Mekare Stormblade
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Terapia de Pareja
Dragoste|Después de lo sucedido durante la carrera en São Paulo durante la temporada 2022, la relación laboral entre Max Verstappen y Sergio Pérez se ve seriamente afectada, tanto así, que las constantes riñas y recriminaciones, comienzan a afectar al equip...
