Derrotado 😅

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En una habitación iluminada por un tenue resplandor, un joven yacía atado a la cama. Las cuerdas que lo mantenían prisionero eran firmes y implacables, como las cadenas invisibles del destino.

Su cuerpo, vulnerable y expuesto, se encontraba en un estado de alerta, como un pájaro atrapado en una jaula.

Los suaves dedos de su captor se movían con destreza, y cada caricia se convertía en un poderoso ataque de cosquillas que desataba una tormenta de risa en su interior.

La sensación era a la vez deliciosa y tortuosa; un vaivén entre la alegría y la desesperación. Sus pies, desprotegidos y sensibles, se erguían como un blanco perfecto, y cada toque ligero provocaba un estallido de carcajadas que resonaba en la estancia.

El joven luchaba por contenerse, intentando aferrarse a un hilo de dignidad, pero la risa era una corriente incontrolable que lo arrastraba a un abismo de sensaciones.

Su cuerpo se sacudía en convulsiones, cada espasmo una traición a su voluntad. A pesar de sus esfuerzos, la intensidad de las cosquillas se volvía cada vez más abrumadora, un torbellino de placer que desdibujaba los límites entre el sufrimiento y la diversión.

Finalmente, con un suspiro de rendición, se entregó a la experiencia. La risa, esa melodía incesante y encantadora, llenó la habitación, y en ese instante de liberación, el joven descubrió la belleza de la vulnerabilidad.

En su entrega, encontró un extraño consuelo; una conexión profunda con la esencia de la alegría que sólo se revela en los momentos más inesperados.

Así, entre risas y cosquillas, el joven comprendió que, a veces, la verdadera tortura no reside en el dolor, sino en la intensidad de la felicidad que nos desborda.

El hombre mayor, con una sonrisa astuta que bordeaba la malicia, se inclinó sobre el joven, el brillo travieso en sus ojos revelando su intención de ejercer un control absoluto.

Cada rayo de luz que entraba por la ventana parecía acentuar la atmósfera de tensión y juego, mientras el aire se llenaba de risas entrecortadas y súplicas entrecortadas por el placer.

Con movimientos deliberados, comenzó a intensificar su ataque. Sus dedos se convirtieron en un instrumento de tortura, una danza precisa que exploraba cada rincón sensible del cuerpo del joven.

Las cosquillas, que antes eran un juego inocente, ahora se transformaron en una tormenta incesante.

El joven se retorcía, su risa se convertía en gritos de desesperación mezclados con alegría, un eco de confusión que reverberaba en la habitación.

-¿Te rindes ya? -preguntó el hombre, su voz suave y persuasiva, casi un susurro seductor.

El joven, aún luchando por mantener un atisbo de resistencia, apenas pudo formular una respuesta. Las cosquillas eran un torrente imparable, y cada vez que el hombre se detenía, parecía hacerlo solo para aumentar la anticipación, para volver a desatar una nueva oleada de risas que lo dejaba sin aliento.

-¿Vas a someterte a mí? -continuó el hombre, disfrutando del poder que tenía sobre su prisionero.

La risa del joven se tornaba cada vez más frenética, cada rayo de cosquillas parecía despojarlo de su voluntad, desnudando su espíritu ante el dominio del mayor.

A medida que el tiempo avanzaba, la lucha del joven se convertía en un esfuerzo cada vez más desesperado.

Sus ojos brillaban con lágrimas de risa, su cuerpo se estremecía en una mezcla de placer y tortura. En un momento de clara rendición, el joven dejó escapar un grito entre risas:

Boruto Y Shinki ~ BoruShin ~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora