Soledad

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—¿¡Cómo que no puedo viajar!?—el grito de Izuku inundó toda la sala del departamento.

Uraraka miraba la escena frente a ella algo preocupada, después de ver la pelea en la TV, se había quedado horrizada y ella y su esposo habían conducido hasta el departamento del rubio cenizo para comprobar cómo estaba Izuku, quien, estaba apunto de sufrir un colapso de los puros nervios.

—Izuku, debes calmarte...—empezó a decir Lida desde la puerta de la entrada, no queriendo intervenir en el espacio vulnerable de su amigo.

—¡No, no! 

—Izuku, lo siento mucho, pero estoy seguro que Katsuki te diría lo mismo, estas casi de treinta semanas, es muy riesgoso que te subas a un avión en tu condición, y enfrentarte a un viaje tan largo, sin mencionar la preeclampsia...—dice Kirishima desde el teléfono.

En el momento que la pelea terminó, llevaron a Katsuki al hospital más cercano, la afiliación de boxeadores prometió pagar todo lo relacionado a la salud, e imponerle una multa al contrincante quien había dado un golpe ilegal a Katsuki, pudo haber lo matado, si no fuera porque el equipo médico se apresuró a la escena.

—¡No te atrevas a decidir que es lo mejor para mi! ¡Tengo que verlo, Kirishima!

—Las heridas son algo normal del boxeo, es un deporte violento. No es el primer accidente de Katsuki, es muy fuerte y siempre ha conocido los riesgos.

—Pero había tanta sangre...—tartamudeó Izuku, con lágrimas en los ojos, tratando de mantenerse consciente por el dolor en su pecho.

Acariciaba de arriba a abajo su vientre esperando sentir algo, pero parecía que la pequeña sentía su tristeza y estaba quieta, demasiado tranquila, pero no quería preocuparse por una cosa más cuando su novio estaba en un hospital al otro lado de mundo al borde de la muerte.

—El hospital va a trasladarlo a Japón en cuanto esté estable para recibir la atención que necesita allí. Llegará mañana, tú no te preocupes, yo me encargaré de todo y te llamaré cuando estemos en el hospital ¿Está bien? Y cuídate, cuando Katsuki despierte no querrá verte mal.

Kirishima corto la llamada e Izuku sintió el peso de todo lo qué pasó en esas horas nuevamente en sus hombros, la incertidumbre y la ansiedad provocaban que su pecho se estrechara y que su respiración fuera más pausada, apenas había comido en todo el día, pero cuando las nauseas lo invadieron, se obligó a levantarse del sillón con apenas la energía necesaria y correr hasta el baño del departamento y vomitar.

Vomitar, como cuando era más joven.

Se aferró en la tasa del baño viendo como su estómago se retorcía forzando a expulsar todo lo que había ingerido, las arcadas eran tan familiares que hasta podía sentirse como ese adolescente bulímico otra vez.

Katsuki no estaba, y el se sentía totalmente errático.

Toda la vida que había construido se había desamorado en solo unos minutos, Katsuki tenía que estar bien, su Kacchan tenía que ver a su pequeña nacer, tenía que sostenerla cuando llorara, y cuando tuviera pesadillas, tenía que hacer todas esas cosas que habían imaginado estos meses. Cuando tenía dieciocho su vida se había desecho cuando perdió al bebé, pero eso solo lo hizo más fuerte, más dedicado a su trabajo, más resistente.

Ahora, perder a Katsuki sería algo que no podría resistir.

No solo perdería al amor de su vida, si no a la familia que siempre había soñado con él.

—¿Zuzu?—dice su mejor amiga, del otro lado de la puerta.

—Estoy bien—logro susurrar la mentira, pero sabía que cualquiera que lo miraría se daría cuenta de la verdad.

—Katsuki estará bien, es un hombre fuerte. Me prometio que nunca te volvería a abandonarte, y si lo hacía, se lo vería conmigo, además aún tiene que...—se callo al instante cuando se dio cuenta de lo que estaba apunto de decir.

—¿Qué?

—¡Dios! Me va a matar si sabe que te dije esto...

—Dilo ahora Uraraka Ochako o te juro que te echaré a patadas de este departamento.

—Íbamos a hacerte un baby shower cuando el volviera, iba a ser en el parque donde iban todos los días después de la escuela cuando éramos adolescentes.

Izuku se quedó helado y no supo cuándo las calientes lágrimas empezaron a deslizarse por sus mejillas regordetas, y sin pensarlo, se abrazos la castaña, la idea de solo imaginar a su Kacchan organizando un evento como ese era como un abrazo cálido a su corazón inquieto. Su novio tenía un hogar al que regresar, sin importar que, este bebé les había dado una nueva oportunidad después de años.

—Lo siento, no debí mencionarlo...

—Esta bien...

No, no lo estaba.

—¿Estarás bien solo unas cuantas horas? 

—Si, esta bien, pueden irse—murmuro Izuku tratando de fingir una sonrisa.

—Cuando lo traigan, llámanos y te llevaremos al hospital, no deberías manejar en tu condición.

Uraraka sonrió nerviosa y se alejó a la sala donde intercambió unas cuantas palabras con su esposo y juntos salieron del departamento.

Izuku antes estaba acostumbrado a la soledad, después de la muerte de su madre, había aprendido a vivir solo, y se había conformado. Pero ahora, cuando conocía la felicidad de un hogar, la de otra persona que amas compartiendo tu espacio, extrañaba incluso aún más el calor de Katsuki, la horrible música que escuchaba al entrenar, su voz cuando le preguntaba cada cierto minutos si estaba bien, la manera en que acariciaba su vientre cuando se abrazaban...

Pensó en su bebé un momento, tenía que ir al hospital, pero no podía mencionarlo, no cuando estaba tan preocupado por Katsuki y no tenía la valentía de enfrentarse a otra mala noticia sin su pareja, porque sabía que algo estaba mal, lo sabía.

No sangraba, pero algo estaba mal.


Mistake (Katsudeku)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora