Finales felices

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Ocho meses después...

 El pastel estaba quemado.

Eran las 11:49pm y los invitados admiraban el desastre que el pastel de bodas de había vuelto después de un pequeño contratiempo con uno de los camareros, en lo que en el inicio había sido un contratiempo de lo más molesto para abrir su recepción, se había vuelto una de esas anécdotas que les contarían a sus hijos cuando fueran mayores, cuando los rayos del atardecer iluminarán su cabello con canas, y solo se escucharán risas infantiles que tatuarían las paredes de cada hogar en que habitarán por el resto de sus vidas.

Varios invitados ya se habían dirigido a sus casas, y los platos empezaban a ser recogidos por los  empleados, la risa de Naya aún hacía eco por el jardín en que se había realizado la ceremonia a pesar de que se había ido con su madrina, Uraraka hace tan solo una hora. 

La pareja de recién casados, bailaba al son de ya no saben que canción, con la luces siendo apagadas poco a poco, los pies adoloridos de bailar y las mejillas entumecidas de tanto sonreír, de reír, de disfrutar una boda que aún que caótica, había sido el mejor día de sus vidas.

—¿Cansado, señor Bakugo?—murmura Katsuki, abrazando más el cuerpo del pecoso al suyo.

—¿De bailar contigo? Nunca, pero creo que es hora de irnos al hotel.

—Solo un poco más, quiere que este momento sea eterno.

Para Katsuki, las bodas siempre habían sido algo ñoño, pero en el momento en que se había presentado en el altar, con un traje negro que seguía sintiendo demasiado apretado igual que su corazón que no dejaba de latir con una emoción descontrolable solo comparada con el nacimiento de su princesa. 

Izuku entró, con un traje de encaje blanco que a pesar de tener una silueta algo femenina seguía conservando la escencia de Izuku como tal, el amor de su vida y su mejor amigo.

Debía admitir que la argolla que ahora portaba en su dedo era una mera formalidad, porque estaba atado a Izuku en alma y espíritu, mucho más de lo que un pequeño anillo de oro podría representar.

—Joder, aún no puedo creer que eres mi esposo.

—Bueno, para mi es más fácil, he firmado todos mis diarios con tu apellido desde los catorce—admite Izuku con un leve rubor en las mejillas.

—Siempre has sido un fan obsesivo, es algo de lo que nunca me voy a a cansar de ti.

—Vamos a estar viejos algún día, y voy a obligarte a hacer las cosas a mi manera, sabes que soy muy terco.

—Pues con gusto me pongo una correa si tú eres el que la sostiene, Deku. Sabes que tú y Naya me tiene enrollado en sus meñiques.

—Mhm, lo se, y estoy listo para aprovecharlo.

Las luces del jardín se apagan por completo. Solo queda la luna, redonda y brillante, reflejándose en los restos del pastel, en los vasos vacíos, en el suelo cubierto de pétalos. Katsuki lo siente, esa paz profunda, esa certeza de que, aunque el mundo cambie, ellos seguirán bailando de vez en cuando, solo porque pueden.

—Recuerdas que de adolescente dijiste que no ibas a tener nunca hijos, decías que iban a ser igual de explosivos que tú.

—Bueno, míranos aquí. Tenemos a una princesa que solo tiene que mirarme con esos ojos y yo iré hasta el fin de la tierra para conseguir cualquier cosa que ella quiera.

—Totalmente una niña de papá—Izuku ríe mientras siguen balanceándose en medio del lugar.

Se puede escuchar como todos los empleados sacan las cosas del lugar, están rodeados de miradas curiosas, pero ellos siguen en su mundo.

—No era parte del plan, ¿recuerdas?

—Nada de lo buenos lo es —responde Katsuki, serio, acariciando su mejilla—. Naya fue... lo que nos obligó a crecer.

Izuku asiente, bajando la mirada.

—Una vez, me pregunte donde estaríamos si no hubiera ido a ese bar esa noche, si mi lesión no hubiera sucedido, pero me hace sentirme mal tan sólo pensar en que no estaba destinados a estar juntos. Talvez tardamos un tiempo en darnos cuenta, pero debíamos estar aquí.—murmura Izuku, mientras levanta su mirada para ver al cenizo a los ojos.

Katsuki le besa la frente, despacio, como si el tiempo les perteneciera.

—Prométeme algo, Deku.

—Lo que quieras.

—Que nunca dejaremos de ser esto, porque conocerte, tener a Naya, ha sido el mejor puto milagro de mi vida, y que a pesar de toda la mierda que tendremos que enfrentar, seguiremos siendo los mejores amigos, antes que nada en este mundo ¿Prometido?

—Prometido. 

—Te amo, Izuku Bakugo.

—Yo te amo más...—susurra contra los labios del contrario, cerrando la noche con un beso eterno.

Y bajo las estrellas, los dos siguen bailando, con los zapatos gastados y el corazón lleno.




Mistake (Katsudeku)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora