Epílogo

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—¿Seguro que estarán bien?

—Si, papá gruñón. Tengo los audífonos de Naya, agua, su comida y...

—No estoy seguro que sea una buena idea traerla a la pelea.

—El palco privado que nos conseguiste es muy seguro, además, ni siquiera entenderá nada, pasará durmiendo o jugando la mitad del tiempo.

Bakugo asiente ansioso, pero sin quitar su mirada de la pequeña de dos años que juega con un peluche medio desecho en los brazos de su padrino, Kirishima. Con Izuku, había acordado no sacar a su hija en público, pero a unos meses de retirarse de su carrera, Bakugo quería tener a su familia consigo, su pequeña niña y su hermoso esposo que merecían ser presumidos, eran las personas que lo hacían levantarse después de caer, eran su razón para vivir.

—¡Dada!—Naya balbucea, levantado sus brazos y revolviéndose buscando los brazos de su padre.

Katsuki había sido advertido de no dejar que su hija se acostumbrara demasiado a sus brazos, pero joder, era el único lugar en que quería tenerla, escuchando su corazón palpitar junto al suyo, cargar a su hija era su recompensa después de un día cansado, solo con escuchar esas respiraciones calmadas cuando se dormía en sus brazos, era como la cura divina para cualquier enfermedad.

—Deja de preocuparte por eso y trae otro trofeo a casa, campeón—murmura su esposo, envolviendo en el cuerpo de Bakugo dando un piquito en sus labios.

Mierda, ama tanto a Izuku.

—¿Y me darás un beso como se debe cuando salga?

—Si nuestra pequeña mounstrito duerme toda la noche, talvez hasta recibas algo más.

—Esa niña caerá dormida al tocar le colchón, eso te lo aseguro.

La decisión de Katsuki de retirarse había sido algo complicada, las personas en su equipo le habían dicho que aún tenía años de peleas, pero la sola idea de viajar y estar lejos de su familia era un martirio para él, quería estar en cada primera cosa de su hija. Ahora amaba algo más que un simple deporte, tenía una familia por la que llegar a casa, y eso valía más que cualquier oro en el mundo.

Tambien, había fundando una organización para adolescente y jóvenes que recién les diagnosticaban trastorno explosivo intermitente, les ayudaba a regular sus emociones con ayuda de distintos deportes, todo apuntaba a que sería un éxito, y Katsuki seguirá haciendo una cosa que amaba, sin tener que estar separado de su familia.

—Bueno, ya debo de despedirme de esta princesa. Tenemos que irnos a preparar, Katsuki.—dice Kirishima, tendiéndole la bebé al pecoso que la recibe con los brazos abiertos.

—Dile buena suerte a papá, Naya.

—Deku, te juro que si acercas más a mi hija no podré salir de aquí.—logra murmurar batallando con todo su corazón para no derretirse ante los grandes ojos de su hija y su risita juguetona.

Izuku suelta un risita, ajustando mas a la bebe a sus brazos. 

Katsuki al salir por esa puerta, ve no solo a su esposo y a su hija, vea a su mejor amigo, a su primer amor, a su primer beso y al fruto de todos esos años de sacrifico, que solo hizo que se convirtieran en mejores personas.

Cuando cruza esa puerta, cuando se preparara, cuando sube a ese ring, solo sabe que tiene a sus personas especiales talladas en su corazón, literal y figurativamente. Hace solo unos meses, llegó a casa de un entrenamiento con un tatuaje, dos luciérnagas con la fecha de nacimiento de Naya,  tatuadas justo en medio de su pecho, representaba la luz que lo había guiado a casa, a su hogar. 

Izuku había estado furioso y avergonzando, sus mejillas regordetas se había puesto rojas y había balbuceado sobre el dolor y sobre qué era algo permanente, pero a Katsuki le gustaba mostrar su tatuaje orgulloso.

Esa fue la última pelea que Katsuki ganó, en el primer round. Hubo una pequeña parrillada en su casa, donde hasta su madre asistió y preparó su platillo picante favorito, Katsuki aún se desconfiaba de ella, el lazo estaba roto para siempre, pero para Naya, su abuela era como el sol, saltaba y gritaba cuando veía a sus abuelos llegar con cajas y cajas de juguetes para ella, y el pelicenizo haría lo que sea para ver brillar los ojos de su hija, de su hogar.

Al final de ese día, Katsuki le hizo el amor a su esposo lentamente, se embriagaron del cuerpo del otro y de la calidez del amor.

Los accidentes pueden llevarte a casa, solo debes dejarte guiar.

Mistake (Katsudeku)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora