Naya Bakugo

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Cuando Izuku lo despierta en medio de la noche, sabe que algo está mal.

El peli verde ya está de 33 semanas, pero Katsuki sigue sintiendo que es muy pronto. Cuando ve a su bebé en las ecografías en su billetera, lo ve tan pequeño e indefenso que no entiende como puede estar listo para conocer el mundo. Pero cuando la fuente de Izuku se rompe, y las contracciones empiezan, sabe que no hay vuelta atrás y debe hacerse le fuerte por su prometido, quien está aterrado y muy adolorido.

—¡Donde está el puto personal! —exclama Katsuki al  ver como la cara del pecoso de contrae por una contracción.

—Calma, estoy bien. Dijeron que la bebé tardaría horas.—murmura Izuku.

—¿Estas bien? ¡Te estás doblando del dolor!—dice Katsuki nervioso mientras acaricia el vientre de Izuku, rodeado de una banda para monitorear al bebé.

—Son solo las contracciones, es normal.

—Es que...mierda. Odio verte así.

Katsuki le reparte besos en el pelo de Izuku, quien intenta relajar su cuerpo, para que unos minutos después vuelva a tensarse de dolor, los lloriqueos se convierten en llanto, mientras los enfermeros recorren la habitación, algo ansioso por el temor de hacer algo mal bajo la atenta mirada del boxeador, quien se asegura que su pareja esté bien, segura, y que su dolor termine lo más pronto posible.

—¡Veo que su pequeña está impaciente! ¿Han pensando en algún nombre?—dice el doctor al entrar a la habitación y ponerse los guantes de látex.

Izuku y Katsuki se miran, en busca de respuesta, pero ninguno lo había pensando a fondo, había tantos nombres tan hermosos, pero no pensaban que ninguno sería suficiente para su pequeña.

—¿Katsuki?

—Cuando la veamos, lo sabremos.

El doctor asiente, mientras se acerca a revisar a Izuku.

—Ok, creo que es hora de pujar.

—¡¿Tan pronto!?—exclama Katsuki, mientras sostiene la mano de su pareja, ofreciéndole un consuelo a través del dolor.

—No creo poder hacerlo...—murmur Izuku, cerrando un poco sus ojos, alarmando a Katsuki quien mira al doctor en busca de respuestas.

—Solo tienes que pujar, la bebé está en posición.

Izuku respira profundo, acatando todas las indicaciones de su doctor, su cuerpo temblaba y sentía como su cuerpo perdía fuerza mientras pujaba, aún nada, no había bebé, ni el llanto que esperó durante estos meses.

—Amor, tú puedes hacerlo, eres increíble—lo anima Katsuki, siempre a su lado, dejándole apretar su mano cuando el dolor es insoportable.

Pujo una última vez.

Y un llanto inundó la habitación.

Katsuki supo que su corazón ya no latía por él, si no por la bebé que estaba siendo sacada por las enfermeras.

Creía que no podría amar a nadie como amaba a Izuku, pero ahora con su hija, mierda, era diferente, pero no menos intenso. Era un calor que inunda su pecho y lo hacía sentir feliz, un sentimiento indescriptible lo lleno al ver a la pequeña bebé llorar, quería admirarla para siempre.

—Es preciosa, nuestra pequeña Naya...—Murmura Izuku, a pesar del cansancio, seguían manteniendo sus ojos abiertos para ver a su hijita.

—¿Naya?—logra decir Katsuki entre las lágrimas que se deslizan por sus mejillas con una sonrisa tonta en la cara.

—Le queda muy bien ¿No crees?

—Si, amor—murmura Katsuki antes de besar a Izuku en la coronilla mientras murmura gracias entre los besos.

Hasta que un pitido inunda la habitación, rompiendo la burbuja de felicidad de la pareja, Katsuki vuelve a mirar a su pareja, quien ahora tiene los ojos cerrados. Las máquinas a su alrededor no dejan de hacer un sonido raro mientras su corazón empieza a latir más rápido, sabe que algo está mal.

—¿Zuku? ¡Deku!—exclama Katsuki, el llanto de la bebé se vuelve más fuerte, y dos enfermeras se la llevan para rodear el cuerpo de su prometido.

—¡Hay demasiada sangre!

—¡Paró respiratorio!

—¿Qué está pasando?—gruñe Katsuki cuando lo apartan de la camilla.

—¡Alguien saque al señor Bakugo!—antes de que pudiera reaccionar unos brazos fuertes lo estaban sacando de la sala de partos.

Lo único que podía hacer era pelear, no dejaba de insultar a los enfermeros que lo arrastraron a la sala de esperar, mientras las lágrimas inundaba su cara.

Izuku le había dando el mejor regalo del mundo.

Pero no podía perderlo a él.

No cuando su risa estaba en cada rincón de su alma, y sus besos estaba tatuados en cada parte de su cuerpo, cuando el estaba metido hasta el fondo en cada parte de su memoria y de su ser. Había sido un idiota por dejarlo hacía años, pero el destino los había reencontrado, les habia dado a Naya, su hermosa bebé arcoíris, pero sobre todo, les había dado otra oportunidad

¿Podría el destino ser tan cruel para quitársela?

Se dejó caer en el frío piso de el hospital mientras sentía como le arrancaban una parte de su corazón.


Mistake (Katsudeku)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora