Quackity es un chico extranjero que por su mejor amigo Rubius fue a vivir en el mismo país que el. Quackity no tenía un buen autoestima y dependía de todo el mundo. Hasta que Luzu un amigo de todo el pueblo volvió de una misión al Pueblo de Karmalan...
Ya pasaron unos cuantos días del nacimiento del nacimiento de Roier, Ya le habían dado de alta a Quackity y ya se encontraban todo en casa. Eso si, el parto dejó a el pato un poco débil por lo cual dormía más de lo debido, así que por las mañanas Luzu se hacía cargo de Roier, las tardes Quackity y en las madrugadas se turnaban.
Hoy era un día normal como lo había sido desde siempre, Luzu estaba desayunando mientras veía su telefono. De repente Roier empezo a llorar, el pequeño castaño era bastante tranquilo, por las madrugadas el pato o Luzu no se tenían que despertar varias veces, eran unas 3 o 4 veces.
Cuando Luzu logró escuchar los llantos de su hijo fue a su habitación, lo levanto de su cuna y lo empezó a mecer en sus brazos, el castaño cuando veía a Roier veía a su amado, eran muy parecidos físicamente y eso le encantaba. Últimamente no había podido estar a solas con Quackity debido a su hijo, Quackity se la pasaba o durmiendo o cuidando de Roier.
No se quejaba para nada, Quackity era un padre increíble y Luzu no podría pedir más de él pato. Luego de un tiempo Roier se quedo dormido y el azabache se levantaba, el pato salió de la habitación y camino en dirección a Luzu,
L- Buenos días Quacks..- Dijo acercándose al mencionado para darle un suave beso.
Q- Hola.. como estas?- Dijo con una pequeña sonrisa, Luzu le paso cuidadosamente a Roier y el pato lo sostuvo.
L- Bien.. y tu?
Q- Cansado..- Dijo mientras se sentaba en el sofá, con roier en brazos.- Rubius quiere que vayamos a su casa..
L- Quieres ir?- Dijo repitiendo lo mismo que hizo el pato
Q- La verdad que no..
L- Vale, yo me encargare de eso.
La tarde de ambos fue su casa llena de movimientos constantes. Roier estuvo durmiendo parte del día, y los ellos intentaron aprovechar esos ratos para adelantar tareas: lavar trastes, ordenar juguetes o incluso preparar algo para la cena. Mientras el bebé estuvo despierto, estaba en brazos de mamá o papá, balbuceando y reclamando atención con alguna que otra sonrisa que hace que todo el cansancio parezca valer la pena.
Hubo una salida rápida al parque y una vuelta por el pueblo con el carrito para que Roier disfrute del aire fresco, mientras Quackity y Luzu intentan disfrutar de un momento de calma, aunque atentos a cada movimiento de su pequeño.
Por la noche la rutina se volvió más compleja. Entre el baño relajante para roier, los cambios de pañal y la preparación de la última toma del día, el tiempo parece pasar volando. Algunas veces roier estaba inquieto, Luzu y Quackity intentaron calmarlo con canciones de cuna, paseos por la habitación o arrullos en la mecedora. Cosa que funciono, pero en medio de esto, hubo algún que otro episodio de llanto que siempre hacía su pequeño, pero también hubieron instantes de conexión profunda cuando el bebé, finalmente, se durmió en los brazos de Quackity.
Sin embargo, la paz es relativa. Mientras el bebé duerme, el azabache y Luzu apenas tienen tiempo para cenar algo rápido o simplemente tumbarse juntos en el sofá a pasar tiempo a solas, cansados pero felices, sabiendo que cada día trae consigo nuevos aprendizajes. Y en los despertares nocturnos, ambos se turnan (o negocian, solo quackity negocia) para atenderlo, reforzando ese vínculo de equipo que están construyendo como familia.
Es un vaivén de emociones, donde la rutina no siempre sigue un orden claro, pero el amor por ese pequeño ser que ha llegado a cambiar sus vidas lo equilibra todo.
El amor era como un libro lleno de páginas escritas con pasión y ternura, pero un día alguien derramó tinta negra sobre las palabras, borrando de golpe los recuerdos que lo habían hecho eterno. Solo quedaban manchas, ecos de lo que alguna vez fue, mientras las manos temblaban al pasar cada hoja en blanco, buscando algo que aún pudiera leerse.
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