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Las manos se sueltan,
¿Y los corazones?

La brisa helada del amanecer le cortaba la piel, pero él no se movía. Seguía ahí, encogido sobre la vieja banca de madera junto al lago, con los brazos cruzados sobre su pecho como si así pudiera contener el dolor que le partía por dentro. No había dormido bien. Apenas cerraba los ojos, el rumor volvía a atormentarlo: susurros, miradas de lástima, la traición flotando en el aire como un veneno invisible.

El reflejo del agua temblaba bajo la tenue luz del alba, igual que sus pensamientos. ¿Sería cierto? ¿Todo lo que construyeron juntos, reducido a una mentira? Su pecho subía y bajaba con respiraciones temblorosas, luchando contra el nudo en su garganta. Quería convencerse de que era solo un chisme, pero las voces en su cabeza no lo dejaban en paz.

Un ruido entre los árboles lo hizo erguirse de golpe. Sus latidos martillaban su pecho mientras escudriñaba la penumbra. ¿Era el viento... o alguien lo estaba observando?

S- ¿Luzu?- Pregunto con titi en brazos.

Luzu automáticamente se sentó de forma correcta en la banca y dejó de estar acostado.

L- Hola Staxx..

S- Te ves devastado, ¿Ha pasado algo?

Suspiró.

L- No ha pasado nada, solo.. quise dormir aquí.

S- Quackity me ha pregunta...-

El nombre cayó en aquella conversación como una piedra en un estanque tranquilo. Un sonido inofensivo, casi casual, pero en su interior desató una tormenta. Su pecho se contrajo, y por un segundo, el aire pareció escapársele.

El castaño no quería reaccionar. No quería darle poder a ese nombre, a esa voz que una vez le susurró promesas al oído y que ahora solo existía en rumores y silencios incómodos. Pero su cuerpo lo traicionó. Sus manos se crisparon sobre sus rodillas, su mandíbula se tensó y su mirada, perdida en el suelo, se oscureció con un destello de dolor contenido.

Su amigo lo notó y se detuvo a mitad de la frase. Demasiado tarde. El daño ya estaba hecho.

S- Lo siento... —susurró el otro, con cautela.

Él tragó saliva y negó con la cabeza, intentando sonreír.

L- No pasa nada. —murmuró, aunque en su interior todo se estuviera desmoronando otra vez

S- ¿Me quieres contar? Titi puede irse al lago.- Dijo sentándose al lado del afectado y dejando al menor caminar libremente por aquel campo.

El silencio entre ellos se estiraba, pesado, como si el aire mismo supiera que algo estaba a punto de romperse. Luzu bajó la mirada, sus dedos jugando nerviosos con la tela de su manga, y tomó una respiración entrecortada. No quería decirlo. No quería darle voz a algo que todavía le quemaba el pecho. Pero si no lo sacaba ahora, temía que lo consumiría por completo.

L- Me mintieron... —murmuró, con la voz temblorosa.

Su amigo no dijo nada, solo esperó.

L- Auron... —continuó, cerrando los ojos por un momento—. Me dijo que Quackity nunca me quiso. Que todo fue un juego. Un maldito plan...

El nudo en su garganta se hizo más fuerte. Cada palabra era un cuchillo desgarrándole por dentro.

L- Dijo que Quackity solo estaba siguiendo un plan de Rubius... Que todo fue una mentira desde el principio.

Su voz se quebró en la última palabra. No quiso llorar, pero la rabia y la tristeza se mezclaban demasiado fuerte dentro de él. Su amigo lo miró con los ojos muy abiertos, pero no lo interrumpió.

𝒪𝒿𝒶𝓁á || 𝓛𝓾𝓬𝓴𝓲𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora