Amarte me cambio la vida,
perderte también.
Los días pasaron como un tormento lento y silencioso. Ni Quackity ni Luzu hablaban entre ellos, pero el peso de la ausencia era algo que ambos sentían con cada minuto que pasaba.
Quackity sentía que el peso de la ausencia de Luzu se hacía más grande con cada amanecer. Su hijo, ajeno a todo lo que ocurría, dormía plácidamente en sus brazos mientras él se balanceaba suavemente en una silla, mirando por la ventana sin realmente ver nada.
Desde que se había marchado, su vida se había convertido en una rutina monótona, sin emoción, sin esa chispa que antes lo mantenía en pie.
Se despertaba temprano, mecía a su hijo entre sus brazos mientras le daba el biberón, y trataba de mantenerse firme, aunque por dentro se estuviera desmoronando. Rubius y Vegetta lo ayudaba cuando podía, pero Quackity sabía que, por más apoyo que tuviera, el vacío en su pecho no iba a desaparecer.
Cuidar de un recién nacido ya era agotador, pero hacerlo mientras lidiaba con el dolor de una separación lo hacía aún más difícil. Noches sin dormir, madrugadas en vela arrullando a su bebé, sintiendo en cada uno de esos momentos la ausencia de Luzu, el padre de su hijo.
Las primeras semanas de vida de un bebé son momentos irrepetibles, momentos en los que ambos padres deberían estar ahí. Pero no lo estaban.
A veces, en la oscuridad de la noche, cuando su hijo se quedaba dormido sobre su pecho, Quackity no podía evitar preguntarse si había hecho lo correcto alejándose. ¿Fue la mejor decisión? ¿O solo fue una reacción impulsiva al dolor?
El orgullo le impedía buscar a Luzu, pero el amor... el amor le gritaba que tal vez aún había una forma de arreglarlo.
Esa tarde, Rubius entró a la habitación con dos tazas de café, dejándolas sobre la mesita de noche.
R- Cómo estás? —preguntó con voz suave, aunque la respuesta ya la conocía.
Quackity soltó un suspiro cansado, sin apartar la mirada del cristal.
Q- No lo sé... —murmuró después de un largo silencio—. No sé qué se supone que deba sentir en este momento.
Su amigo lo observó con lástima. Odiaba verlo así. Quackity siempre había sido fuerte, siempre había sabido mantenerse firme ante cualquier problema... pero ahora parecía un hombre derrotado.
R- Te ves fatal, pato —soltó con cautela—. No has dormido bien, casi no comes... y ese pequeño te necesita bien.
Quackity bajó la mirada hacia su hijo, que dormía ajeno al caos de su mundo.
Q- Lo sé —susurró—. Estoy tratando... pero es difícil.
R- Ya lo se —le dio un leve apretón en el hombro—. Pero, Pato, ¿qué vas a hacer? No puedes seguir así para siempre.
El azabache apretó los labios, sintiendo que su pecho se llenaba de angustia.
Q- No sé —repitió—. No sé si Luzu siquiera quiere escucharme... y tampoco sé si estoy listo para verlo.
R- No te hagas eso a ti mismo —le insistió—. Si todavía lo amas, si todavía hay algo que salvar... ¿no crees que vale la pena intentarlo?
El pato cerró los ojos un momento, sintiendo el peso de esas palabras. Claro que todavía lo amaba. Claro que quería arreglarlo. Pero... ¿cómo dar el primer paso cuando el miedo lo paralizaba?
Q- ¿Y si ya es tarde? —murmuró, más para sí mismo que para Rubius.
R- Solo hay una forma de saberlo.
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𝒪𝒿𝒶𝓁á || 𝓛𝓾𝓬𝓴𝓲𝓽𝔂
FanfictionQuackity es un chico extranjero que por su mejor amigo Rubius fue a vivir en el mismo país que el. Quackity no tenía un buen autoestima y dependía de todo el mundo. Hasta que Luzu un amigo de todo el pueblo volvió de una misión al Pueblo de Karmalan...
