Una semana. Una semana en la que no hace más que pensar en su omega. Aquel de cabello rojo como los atardeceres, pecas que le recuerdan a las estrellas, ojos azules como el cielo despejado. Una semana en la que no hace más que torturarse. "Si hubiera" se dice miles y miles de veces, se culpa... Sí, todo es su culpa.
El quejido de la mujer lo saca de sus pensamientos, la mira desde la silla en la que está sentado. Ella está atada a la mesa, la ató él mismo tan fuerte que no le importa si le ha hecho daño.
—Por favor. —ruega.
Se levanta de su silla y camina a ella como si fuera dueño del tiempo, exhala el humo de su cigarrillo para después apagarlo en el brazo de la mujer, ella se queja del dolor, llora y suplica que la deje marchar.
Cedrit no lo hará. No después de enterarse de su traición, la de ella y la de su hermano.
—¡Dejala! ¡Bastardo ruso!
Vuelve su cuerpo al hombre. El hermano de la perra que tiene atada a la mesa.
Kadir y Yasemin. Que terrible destino.
—Por fin despiertas. Estaba comenzando a aburrirme.
—Kadir díselo.
—Deberías escucharla. Sabes que no soy precisamente misericordioso.
Camina más cerca de ella, observa todos los artefactos que pidió para este trabajo.
—Sueltala.
Cedrit toma un cuchillo y lo clava en el brazo de Yasemin, ella grita mientras su hermano se revuelve en la silla de metal tratando de soltarse.
—Firmaron un contrato pero había algo más en el sobre.
—Fotos del petirrojo... Lo entregué como lo solicitó Vladimir. —declara Yasemin con rapidez.
—De los dos siempre fuiste la más inteligente ¿Lo ves Kadir? No es difícil. ¿A dónde se lo han llevado?
—No-No lo sé. Kadir... Por favor, díselo.
Cedrit retira el cuchillo, se pasea por toda la mesa, decidiendo qué parte de ese bonito cuerpo va a cortar.
—¡Está embarazada! —grita Kadir. —Te diré todo pero dejala ir, ese bebé es un milagro.
El alfa por fin decide que parte cortar.
—Qué pena. No me gustan los niños.
—Primero a una bodega cerca del centro de Moscú, prepararon el lugar, no lo sé, después irían a París.¡A las afueras de París quiero decir! A treinta minutos. Legrand construyó una mansión para traer de vuelta a su esposo. Cedrit aleja ese cuchillo de ahí, maldito perro loco.
El alfa obliga a Yasemin a mirar a su hermano.
—¿Lo ves? No tiene que ser difícil...
—Te lo dije... —solloza Yasemin. —Kadir te lo dije. No era buena idea, jamás lo fue, eres un imbécil.
Cedrit sonríe, le divierte tanto la situación. Hacía mucho que no se había sentido con la necesidad de hacer esto, golpear, cortar, hablar para sacar información. Elliot había captado su atención desde el callejón, desde la primera vez que lo vio dormir estando todo golpeado.
Golpeado. Se recuerda, recuerda el estado en el que lo encontró, no gozaba de golpear inocentes, pero ese bastardo, lo había dejado tan mal y sin embargo, Elliot no había dejado de luchar. Tan valiente, tan condenadamente resiliente.
Lo admiraba, su cabeza jamás fue la misma desde que su padre comenzó con su "entrenamiento". Pero Elliot, seguía de pie, luchando, ofreciéndole caricias y palabras de amor.
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Punto Ciego.
General FictionAl comienzo todo fue perfecto. Su alfa, su relación y finalmente su matrimonio. Todo era concebido como una vida perfecta. Hasta que se dio cuenta que su amado esposo era un lobo con piel de oveja. Aquello que era color de rosa, se oscureció. Con e...
