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La tarde estaba cayendo suavemente sobre la casa de ___, las sombras largas de los árboles se alargaban sobre el suelo mientras el cielo comenzaba a adoptar un tono cálido de naranja y violeta,  ___ estaba sentada en el escalón de la entrada, sus pies descalzos tocando el suelo frío, mirando distraída a Luna, que saltaba con energía por el patio delantero, la cual se encontraba feliz corríendo tras su juguete, lanzándolo al aire y atrapándolo una y otra vez
___ la observaba, pero su mente estaba lejos, perdida en un torbellino de pensamientos y recuerdos que no podía deshacer, cada risa y ladrido de la perra parecían no hacerle eco, como si su corazón estuviera demasiado pesado para permitirle disfrutar del momento

Luna, al ver a su dueña sumida en sus pensamientos, se acercó dando saltitos, sus orejas moviéndose en todas direcciones mientras corría hacia ella, sin embargo, en lugar de saltar sobre ___ como lo hacía siempre, la perra se quedó frente a ella, mirándola con ojos brillantes y expectantes,  ___ no pudo evitar sonreír, aunque de manera débil, y acarició la cabeza de Luna, sentir su pelaje suave bajo sus dedos le recordó un momento fugaz de paz, pero no fue suficiente para despejar la tormenta emocional que se desataba en su pecho

Fue entonces cuando escuchó el sonido familiar de un motor acercándose, la camioneta de Sam apareció a lo lejos, y ___, casi como un reflejo, levantó la vista hacia el vehículo, viendo cómo se estacionaba frente a su casa, Luna ladró de alegría al reconocer la camioneta, corriendo hacia ella con entusiasmo, ___ observó en silencio cómo Sam bajaba, deteniéndose un momento para saludar a luna antes de avanzar hacia la puerta de la casa

—¡Hola, ___! —saludó con su tono característico, cálido y amigable, pero con una suave preocupación en su voz. —¿Cómo estás?

___ levantó la mirada lentamente, sus ojos algo perdidos, como si tuviera que procesar realmente la pregunta, no podía decir que estaba bien, tampoco podía mentirle a Sam

—Sobreviviendo —dijo con un tono apagado, no añadió nada más, dejando que el silencio ocupara el espacio entre ellos

Sam se sentó al lado de ___ sin decir nada más, reconociendo que no era momento de hacer preguntas difíciles, a veces las palabras no eran suficientes, y la compañía silenciosa era lo único que podía ofrecer, Luna, al ver que Sam se sentaba, rápidamente se acercó a él, saltando sobre sus piernas, pidiendo atención, Sam la acarició con una sonrisa suave, permitiendo que la perra lo distrajera un poco mientras miraba a ___ de reojo.

—Te traje la cena —dijo Sam, con voz suave, mirando a ___ con una leve sonrisa— Y cenare contigo, no quiero que cenen solas

-¿Esta bien Emily? - pregunto __ mientras miraba la caja de comida con una mezcla de indiferencia  – Es raro que no venga ella

-Tenia algunas cosas que hacer - __ miraba el traste lleno de comida pero no tenía hambre, pero no podía rechazar el gesto - Mañana vendrá  su sobrina, así  que tenia que arreglar un poco la casa - asintió levemente, sin muchas palabras

Finalmente, después de unos minutos en silencio, Sam habló nuevamente, intentando romper la quietud del momento

—___, no tienes que cargar con todo esto sola —dijo en voz baja—. Todos estamos aquí para ti, para ayudarte a superar esto y ya se que has escuchado  lo mismo de toda la manada, pero es la verdad

___ no respondió de inmediato, su mirada seguía fija en el horizonte, perdida en sus propios pensamientos, sabía que Sam tenía razón y al menos, en ese momento, Sam estaba allí, compartiendo el silencio con ella.

El silencio continuó envolviendo la pequeña escena frente a la casa, donde Sam y ella compartían el espacio sin necesidad de palabras, ___ apenas tocó la comida que Sam le había traído, pero el simple acto de estar allí, comiendo a su lado, le dio un pequeño respiro, era una sensación extraña, porque aunque el dolor seguía allí, se sentía algo más ligera, solo por la presencia de su hermano

My Moon Alice Cullen y tuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora