98

307 32 0
                                        


--

—Ven —dijo él, con voz grave pero suave— Es hora

-¿Hora de que? - ___ lo miró, sus manos temblaban ligeramente, no estaba segura si era miedo o la posibilidad de un alivio que sentía tan cercano y tan ajeno a la vez, se puso de pie lentamente, el suelo crujió bajo sus pies descalzos, sintió la temperatura del lugar subir a medida que se acercaba más al fuego -¿Qué vamos a hacer? —preguntó con cautela, su voz apenas un susurro 

—Este lazo que te une a tu impronta es fuerte, más fuerte que cualquier otro amor - El ancestro tomó un puñado de ceniza del borde de la fogata y dejó que se deslizara entre sus dedos antes de responder - Pero no es invencible, lo que haremos hoy no lo romperá, porque romperlo sería un acto que podría destruirte también, lo que haremos será silenciarlo

—¿Silenciarlo? —repitió ella, su ceño fruncido por la confusión 

—No eliminará lo que sientes, pero el lazo dejará de jalarte, de atormentarte, podrás pensar, respirar y caminar sin que su ausencia te quite la vida a cada segundo —su tono adquirió gravedad— Pero recuerda el resto del dolor aún te pertenece, lo enfrentarás por ti misma, pero sin esa atadura que ahora te consume

___ asintió, aunque las dudas la envolvían, por un momento, su mirada fue hacia el fuego, las llamas bailaban con formas extrañas, como si respondieran a lo que ellos estaban a punto de hacer, el ancestro caminó hacia ella, tomando una pequeña bolsa de cuero desgastado que colgaba de su cintura

—Arrodíllate —pidió él con solemnidad, ella obedeció sin preguntar, las rodillas de ___ tocaron la tierra fría, mientras las llamas proyectaban sombras danzantes alrededor de ellos, el ancestro se colocó frente a ella, sosteniendo una mezcla de hierbas secas y ceniza en la palma de su mano —Este ritual no es uno que cualquiera pueda realizar, el vínculo con una impronta es sagrado; desafiarlo es desafiar a la misma naturaleza, pero tú eres fuerte, y el amor de tu manada, el amor propio que aún late en ti, te mantendrá en pie

El ancestro cerró los ojos y comenzó a murmurar palabras en un idioma antiguo, un idioma que ___ no podía comprender pero sentía en su pecho, resonando como un tambor lejano, el viento pareció soplar con más fuerza, y las llamas del fuego rugieron

—___, cierra los ojos y respira —ordenó con firmeza— Escucha mi voz, y piensa en ella

La mención de Alice hizo que su pecho se encogiera, sus ojos ardieron con lágrimas que luchaban por salir, pero ___ obedeció, cerró los ojos y dejó que su mente trajera el recuerdo de su impronta

—Alice... —susurró sin querer, sintiendo cómo su corazón se estremecía

—Ahora, imagina el hilo que las une —continuó el ancestro— No lo cortes, no lo arranques... solo obsérvalo, un hilo dorado firme pero desgastado por tu dolor

En su mente, ___ vio lo que él describía, un hilo brillante pero tembloroso, que nacía de su pecho y se perdía en la oscuridad

—Ahora —dijo él— con cada respiración que tomes, suelta, no el hilo, no a ella suelta la desesperación - Las lágrimas resbalaron por las mejillas de ___, su respiración se volvió más pesada, y en cada exhalación, sintió algo liberarse - Suelta la necesidad de que el hilo te devuelva lo que ya no está

El ancestro extendió las hierbas y cenizas frente a ella, y con un rápido movimiento, las arrojó al fuego, las llamas crepitaron con furia, envolviéndose en un intenso color azul, el aire vibró alrededor de ellos, y por primera vez desde que había comenzado el ritual, ___ sintió que su pecho no pesaba tanto

My Moon Alice Cullen y tuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora