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Era una tarde templada, de esas raras en Forks donde el cielo no amenazaba lluvia, el viento apenas movía las ramas y el olor a tierra mojada se había quedado dormido sobre el pasto, __ había ido a visitar a su tío, aprovechando que Alice estaba cazando y Luna dormía como tronco después de una larga caminata

El hombre la recibió  con su habitual sonrisa y su gorra de béisbol que ya no ocultaba del todo las canas, llevaba una camiseta vieja del equipo local, una taza de café en mano y un par de lentes que sólo usaba para leer pero que insistía en ponerse para parecer más sabio

—¡Mira nada más quién viene! —exclamó con una sonrisa, dejándola pasar— ¿Vienes a ver cómo se descompone la juventud con los años?

—Tío, estás viejo - __ se echó a reír mientras le daba un beso en la mejilla - Ya pareces parte del mobiliario de la casa —dijo con tono burlón

—Y tú deberías estar igual si no fuera por ese truco de los lobos —refunfuñó, aunque con una sonrisa— Si no te transformaras, ya tendrías arruguitas, como Dios manda

__ se dejó caer en el sillón de siempre, donde aún olía a leña, periódico y loción, le llevó una taza de chocolate caliente y se quedo frente a ella, con esa mirada que solo los familiares que han visto todo pueden darte

—¿Y? —preguntó de pronto, con tono más juguetón— ¿Me vas a dar nietos o qué?

__ casi escupe la bebida, y se quedó un momento en shock, antes de reírse

—¿¡Qué!?

—Lo que oíste, ya tengo la edad, las canas, la paciencia y las ganas, solo me faltan nietos —dijo mientras levantaba su taza— Y tú eres mi única sobrina, así que te toca

—Tío, es imposible —respondió __, todavía entre risas

—¿Imposible por qué? —preguntó con un gesto dramático

—Porque soy loba, Alice es vampiro, y eso biológicamente no... ya sabes —dijo haciendo un gesto vago con la mano

—¡Bah! Adopten entonces, hay muchas criaturas allá afuera que necesitan familia —replicó él, como si la solución fuera tan fácil como cambiar de canal en la tele

—No nos dejarían, somos jóvenes, técnicamente no tenemos ni estabilidad normal, y Alice tiene algo así como... ciento diez años —dijo __ mientras contaba con los dedos  -

—Y tú veinte y tantos ¿y ?, parecen una pareja de abuelita y nieta rara, pero con más estilo —añadió con picardía.

—¡Tío! - __ lo miró horrorizada - ¡Qué horror!

—Lo digo con cariño —rió él— Pero hablando en serio... no lo descarten, un día, cuando estén listas, cuando el mundo deje de temblar a su alrededor... tal vez.

Hubo un momento de silencio cómodo entre los dos, el la miró con cariño, había criado a __ como si fuera suya, había estado ahí en sus primeros cambios, en sus noches de llanto, en su crecimiento forzado y en su madurez repentina y ahora... verla feliz, enamorada, estable, le hacía sentir que algo se había hecho bien.

—De todos modos —añadió él con un bufido—si no quieres tener hijos, al menos convence a Jacob

__ rió tan fuerte que el chocolate casi se le va por la nariz.

—¿¡Que se lo pida a Jacob!?

__ se llevó una mano a la cara, negando con la cabeza

—Dios, lo voy a contar, el merece saber que ya esta en  lista de espera para darte nietos, por si yo fallo.

—Solo dame algo que pueda llamar familia antes de que me vuelva parte del bosque —suspiró dramáticamente mientras miraba por la ventana, __ lo miró con ternura, y en su interior se prometió no olvidar esas palabras

Aún no era el momento, tal vez pasaría mucho antes de que lo fuera pero una cosa era segura: esa conversación, entre risas y tazas de café, se guardaría en su memoria como una promesa tranquila, de esas que no se olvidan aunque pasen los años

My Moon Alice Cullen y tuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora