149

372 25 0
                                        


La mañana avanzaba lentamente en la casa escondida entre árboles al borde de Forks, las ramas mecidas por el viento golpeaban suavemente las ventanas, y el sonido rítmico se entremezclaba con la música tenue que sonaba desde el tocadiscos viejo que Alice había restaurado con devoción, era un domingo sin prisa de esos en los que el tiempo se estira como un bostezo largo y feliz

Alice estaba sentada en el sofá, con las piernas cruzadas, hojeando un libro de moda de los años 20 como si fuera una biblia, vestía una bata ligera de seda color perla, el cabello recogido en un moño perfectamente desordenado, y una sonrisa traviesa en los labios, desde el comedor, __ terminaba su desayuno, con la melena aún algo revuelta por el sueño y una taza de café entre las manos

—¿Sabes algo curioso? —dijo Alice de pronto, cerrando el libro de golpe

—¿Qué? —preguntó __ sin mirar, ocupada con una tostada y mermelada

—He estado pensando que técnicamente... estamos viviendo en pecado

__ se atragantó tan fuerte que casi se cae de la silla, tosió, se cubrió la boca, levantó la mano como pidiendo tiempo y trató de recuperar la compostura

—¿¡Q-qué!? —balbuceó, con los ojos llorosos de la tos

Alice se encogió de hombros con dramatismo, como si hablara de algo completamente obvio y escandaloso.

—Sí, digo, dormimos juntas, vivimos juntas, hacemos cosas —remarcó con una ceja levantada— Y ni siquiera estamos casadas,  ¡Qué diría mi abuela! Yo, que soy una dama de los años veinte...

__ la miró con la boca abierta, todavía recuperándose —¿Me estás proponiendo matrimonio después de que casi me muero con una tostada?

—¡No! - Alice rió, musical, dulce, divertida  -  Solo lo menciono pero claro, si eso te hizo sudar frío, entonces ya sé mi respuesta —bromeó, dándose la vuelta con teatralidad ofendida

__ se levantó y la siguió, aún riendo con incredulidad

—¿Qué te hizo pensar en eso?

Alice giró sobre sí misma y la miró con esa mirada suya que parecía ver más de lo que decía como si detrás de cada broma, cada frase ligera, se escondiera algo más

—Porque... todo se siente bien ahora, ya no hay esa tensión, ni miedos, solo tú, yo... y Luna, roncando en la alfombra —Señaló con la cabeza al perro dormido patas arriba, en el centro de la sala

__ se quedó un momento en silencio, mirando a Alice, a Luna, a la casa, pensó en el caos que habían pasado, en el dolor, los gritos, las noches en silencio y las decisiones difíciles y luego pensó en eso: en lo que ahora era fácil, despertar junto a Alice, que le acompañara a desayunar , discutir por cosas tontas, reconciliarse, caminar por el bosque, hablar sin decir palabras

—Es pronto —dijo por fin—Pero no es un no, solo... quiero que el momento sea tan especial como todo lo que vino antes

Alice no respondió enseguida, caminó hacia ella y le tomó la mano, entrelazando los dedos con suavidad

—Me gusta esa respuesta —susurró - Porque si me vas a decir que sí algún día, quiero que también sea con café, pero sin atragantarte

__ rió y se dejó caer en el sofá, arrastrando a Alice con ella, ambas quedaron tumbadas enredadas como dos lazos sueltos, con Luna gruñendo perezosa y moviéndose para que no las aplastaran

—¿Pero si hacemos el pecado... todavía cuenta? —preguntó __ con una sonrisilla

Alice la empujó suavemente, indignada en broma

—¡Malvada!

—¡Vieja!

—¡Enamorada!

—¡Ingenua!

My Moon Alice Cullen y tuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora