42

6.3K 436 36
                                        

Adara Petrova - 3 días después.

Tomo varias respiraciones y finalmente me decido en tocar la puerta de la oficina del ministro. Han pasado tres días desde que salí de Rusia.

Todo ha sido demasiado agotador; nunca me ha importado la opinión de los demás, pero se está volviendo demasiado irritante estar en la FCE y escuchar un murmuro sobre mi cada que paso. Me digo mentalmente que no debo matar a nadie y por ahora me conviene mantener un perfil bajo como siempre, aunque eso es teóricamente imposible.

Actualmente mi vida está tan clara como el barro.

Antes tenía todo planeado, ahora solo espero que pasará. Estoy en un puto lío, odio no tener el control.

Desde que todas las mafias saben de mi existencia, el mundo criminal se ha vuelto un lío y aún más con lo que la mafia rusa anunció ayer.

La voz del ministro me indica que pase varios segundos después y eso hago.

Su oficina es la más grande de todas en el centro, si tuviera que describir la oficina del ministro en un palabra sería: estanterias. Su oficina está repleta de estanterias de todo tamaño donde sin esfuerzo podría asegurar hay más de mil archivos.

El ministro está recostado en su asiento con una postura relajada que engañaría a cualquiera, pero no a mi.

Tomo asiento en la silla en frente de él, solo nos separa su escritorio con varios archivos dispersos.

Sus ojos grises me observan con intensidad y no puedo evitar pensar en que hace unos meses él era mi padre.

No fue un padre bueno, pero tampoco fue malo, definitivamente si no se hubiera dejado engatusar por una mujer como Isabel o como en verdad se llama, Emily, sería una mejor persona.

Pero definitivamente yo no soy muy adecuada para hablar de buenas personas.

— Querías hablar conmigo, pues aquí me tienes — cruzo los brazos con indiferencia y recuesto mi cuerpo en la silla amoblada.

El ministro me observa por un largo tiempo hasta que se endereza y su postura relajada se vuelve rígida.

— Seré claro, Agatha..

— Adara, mi nombre es Adara — lo corto con indiferencia.

Sus ojos me estudian hasta que niega con la cabeza con resignación.

— Yo no sabía quien eras. Un día Isabel llegó con una bebé en brazos y me dijo que una mujer importante para ella se la había dado para que la cuidara, aunque tenía dudas sobre tús origenes...te vi y fue algo instantáneo, eras la bebé más hermosa que mis ojos habían visto, tus ojos..— se queda viendo mis ojos antes de seguir — supe que no iba a poder dejarte ir, te acepté como mi hija, pero luego Isabel comenzó a comportarse diferente, no dejaba que nadie te viera y me decía que te obligara a ponerte pelucas y lentes de contacto, al principio no le entendía, pero supuse que era por protegerte debido a mi trabajo, pero eso no tenía sentido porque tú apariencia no quitaba el peligro o eso pensé hasta ahora. Dejé de cuestionarme eso, pero luego cumpliste 4 años e Isabel se iba contigo por horas y cuando llegaban tú eras distinta, más distante; le pregunté a Isabel en varias ocasiones a donde iban, pero ella solo me decía que te estaba enseñando a ser fuerte. Los días pasaron y ya no se iban por horas, ahora eran días e incluso semanas, ya no solo eras distante...llegabas con marcas en todo el cuerpo, quemaduras, azotes, cortes — sus ojos se pusieron vidriosos y reflejaban culpa total — vi todo lo que te estaba haciendo pero nunca hice nada por detenerlo, no pude. Lo lamento, solo eras una niña y yo dejé que te dañara. No sabía porque ella hacía todo eso hasta que tú te enteraste y yo también me enteré. Cuando me dijo quienes eran tus padres y como llegaste hasta ella, yo no lo quise aceptar, fue completamente inseperado, pero no te culpo por eso, no tienes la culpa de absolutamente nada.

PASION PROHIBIDA Donde viven las historias. Descúbrelo ahora