Adara Petrova
Me levanto desconcertada al sentir algo húmedo en mi cara.
Mis ojos se abren poco a poco para encontrar a Odín lamiéndome con desesperación.
— Tranquilo, pequeño. Buenos días — murmuro somnolienta y lo acaricio, él se calma de inmediato, reposando su cabecita en mi pecho.
Veo el espacio a mi lado vacío, pero escucho la ducha.
Mis piernas no me responden aún y no me sorprendo, dudo que pueda caminar en un buen rato.
Ese hombre es descomunal.
Estoy por intentar volver a dormir cuando la puerta del baño se abre y de ella sale Cael. Con solo una toalla alrededor de las caderas.
Lo observo sin pestañear mientras el rebusca en su armario ropa.
— Disimula un poco, acosadora — murmura sin voltear a verme.
Ruedo los ojos y me concentro en acariciar a Odín quien ahora está inquieto por bajarse de la cama.
— ¿De verdad? — pregunto con indignación, el cachorro salta de la cama y cae muy mal, pero poco parece importarle mientras corre hacía Cael, lo rodea y lame el agua impregnada de sus piernas, pero Cael no lo recoge, — Eres un traidor, Odín.
— Apártate — Espeta el gruñón, pero Odín lo ignora y se pone ahora a morder la toalla, — joder, sale de aquí — gruñe, pero el perro también y jala la toalla con los dientes haciendo que se resbale de la cadera de Cael y Odín salga disparado hacia atrás.
Suelto una risa escandalosa, Cael parece querer tirarse encima del pobre animal.
Mi risa se corta cuando mis ojos viajan hacía su miembro el cual no se molesta en tapar. Está duro.
Me relamo los labios y él lo nota, ¿En que momento dejó de asesinar a Odín visualmente?
Creo que va a hacer un comentario sarcástico, pero simplemente se da la vuelta y sigue buscando ropa.
Pues bueno.
Trato de movilizar mis piernas, pero no puedo, por favor piernas, no me hagan esto.
Escucho una risita contenida y volteo a ver a Cael quien ya tiene puesto un simple pantalón de chándal y trata de ahogar su risa mientras me mira.
— Imbecil — mascullo irritada.
— ah no, nena. Te recuerdo que tú eras la que gritabas como una ninfómana que te follara más duro, ahí no pensabas en que era un imbécil — se encoge de hombros y mira mis piernas con sugerencia.
— Pues te equivocas, pensaba que eras un imbecil que folla bien, ahora simplemente quedas en imbecil — bufa y se encamina a la puerta, — ¡oye! ¿No me piensas ayudar?
Se voltea a verme y niega, — Este imbecil terminó sus servicios en la madrugada, nena — y se va.
Suspiro frustrada y miro a Odín quien está durmiendo encima de la toalla que le quitó a Cael.
Después de unos 20 minutos pude levantarme y bañarme, ahora estaba en dirección a la cocina, las piernas me temblaban aún y me dolian, pero ya era poco comparado a antes.
Cael estaba en la cocina de espaldas a mí, concentrado en sacar ingredientes del refrigerador. El sol entraba por la ventana y dibujaba reflejos en la encimera. Respiré profundo, tratando de ignorar las molestias en mis piernas, y me acerqué con paso vacilante.
—¿Vas a hacer algo? —pregunté, intentando sonar casual.
— Vaya, ya no estas inválida — murmuró aún de espaldas a mi y suspiré con fastidio.
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PASION PROHIBIDA
ActionRusia, Italia, España. Los países que lo gobiernan todo, no por presidentes o reyes, sino por mafias. Estas tres mafias mueven los hilos del mundo entero. La sociedad vive con una falsa ilusión de protección, si hay agentes policiales, entonces hay...
